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José Luis Rodríguez García - 12/10/2015

Es verdad que los revisteros,cronistas y críticos taurinos en ocasiones no se limitaban al estricto comentario taurino de las faenas y en sus textos intercalaban opiniones políticas, incluso durante las dictaduras, fueran éstas blandas o duras.

El día 11 de Octubre estuve en la Plaza de la Misericordia de Zaragoza, y si hubiera sido crítico taurino hubiera destacado la extrañeza que me produjo ver, unas horas antes de la corrida, El Portillo "tomado" por la Policia Nacional.

Con antelación al festejo los aledaños del coso suelen estar concurridos por forasteros para retirar las entradas reservadas y de aquellos que buscan un velador o una taberna donde poder esperar y charlar de toros. Gente pacífica.

A medida que se acercaba la hora de la corrida El Portillo se fue llenando de aficionados y de un mini grupo de antitaurinos. Los taurinos eran muchísimos más y como la tarde se imaginaba de gloria se formó el rumor de las grandes ocasiones, el de "no hay entradas".

Los antitaurinos se apiñaron con la parafernalia habitual: pancartas, slongans y hasta con un equipo de sonido amenizando el show con canción protesta y, para esta puesta en escena, con un muñeco torero gigantón y esquelético al que no le faltaba la montera, que más parecía bacía quijotesca. A estos taurofóbicos les falla también la estética.

Los vociferantes manifestantes desde la placita elevada nos miraban desafiantes, mientras aquello tomaba un aire roquero paupérrimo que, según anunciaron, extenderían por la Ciudad en pasacalles.

Visto lo visto me pareció no era razonable destinar al lugar tanta fuerza policial cuando la "mani" la podían haber autorizado a un kilómetro de la plaza,evitando con ello la coacción, los insultos tan gratuitos como estúpidos y la dedicación policial.

En fin, si yo fuera crítico taurino, me hubiera preocupado de averiguar que gasto público generan estos descontentos contra un espectaculo reglado y legal que proporciona ingresos para la comunidad y turismo para la Ciudad, y, como los comentaristas de entonces, me hubiera preguntado por la libertad exigida a coro por todo el público del coso, en el que eran numerosos los catalanes errantes, por aquello de que van de plaza en plaza, sin poder sentarse en ninguna de las suyas, ¿no son legales?

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