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Hace 60 años se fundó una feria que es mucho más que toros, pero que no puede existir sin ellos...
Santiago García Jaramillo - 13/01/2015
Redacción
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Bajo el cielo de rosa de Manizales, cantó el viento la alegría de 60 años que empezaron cuando un puñado de manizaleños trajeron de Sevilla la primavera, para que la viviéramos en las cordilleras andinas, cuando apenas empieza a florecer el nuevo año. Este año todo estaba dado para una celebración sin par, las nubes se escondieron y el sol iluminó radiante el ruedo del coso de la avenida centenario, la afición se volcó para no dejar nunca la plaza por debajo de los tres cuartos de aforo, y cada “te canto salud” que cierra el himno de Manizales antes del paseíllo se hizo estremecedor.
 
No escribo de lo que no conozco, por ello mi resumen de la feria se limitará a los días que presencié. El jueves, vimos a Dosgutierrez volver a su casa. Luego del miedo y la decepción que hizo pasar a la afición manizaleña hace ya un par de años, volvió con toros de calidad, que fueron aplaudidos por la afición, llegando uno de ellos a merecer la vuelta al ruedo. Vimos a un Ventura, que dejó más detalles que faenas redondas. Paco Perlaza hizo vibrar a la afición Manizaleña, con un toreo maduro, y nos quedó una tanda de derechazos que hubiera hecho vibrar a cualquier plaza española. Lo de El Cid es memorable, se la jugó ante una ganadería que algunos evitan, y no sólo cumplió, sino que emocionó y convenció, Manizales como siempre lo acompañó con alegría. La escases de orejas de la tarde, no hace justicia para todo lo que vimos.
 
El festival taurino, nos hizo creer por momentos que estábamos más allá de la realidad. La entrada de la virgen acompañada por el pasodoble Virgen de la Macarena y el Ave María de Schubert, nos hicieron llenar de emoción, nos llevaron a esos momentos sublimes que sólo Sevilla y Manizales conocen, el misticismo dio paso a la nostalgia que tiene la plegaria donde en manos de la virgen morena de la Esperanza Macarena, se ponen los niños que ven su vida desvanecer en el hospital de Caldas, y que son atendidos gracias a los recursos que la temporada taurina gira año a año. Luego de este idílico momento llegó la lidia, Vargas emocionó pero no pudo rematar la faena, Castella aunque estuvo bien no logró conectarse del todo con la que ha sido su plaza, mientras que el Juli daría un abrebocas de lo que sería su tarde del domingo, Pablo Hermoso no convenció, y a Andrés de los Ríos con toda disposición, pero eso a veces no es suficiente. El Cid alegró los tendidos, pero sería Alejandro Talavante quien emociononara a Manizales, nos hizo recordar el embrujo de Juan Mora y Enrique Ponce en el ruedo manizaleño, se acopló al novillo-toro de Ernesto Gutiérrez, tapándole los defectos y haciéndolo ver de indulto, el cual inevitablemente llegó.
 
El sábado Manizales reafirmaba porque tiene su duende. La plaza engalanada para la corrida goyesca, los tendidos abarrotados. Era una tarde de gran expectación, pero nunca había tenido tanto sentido el viejo aforismo taurino: “corrida de expectación, corrida de desilusión”. La ganadería Las Ventas del Espíritu Santo cumplió en presentación, pero no logramos entender aun qué sucedió en el ruedo. Uno a uno, desde el primero hasta el último en saltar al ruedo, les vimos como sus remos flaqueaban, como se detenían luego de la puya, como la materia prima del toreo quedaba inservible. La tristeza lleva a la cólera y eso sucedió en Manizales, no sólo a la afición, sino al maestro Rincón quien lanzaba comentarios por radio, que con cabeza fría sin duda habría evitado. Bolívar fue el único que trató de lidiar los inválidos toros de las Ventas, tanta disposición del diestro colombiano no pudo encontrar recompensa. Talavante y Castella, contaron con la fortuna de encontrarse con los sobreros de Achury Viejo que aun estaban en la Plaza. Castella, lleno de pasión, rabia, coraje y compromiso con Manizales se entregó a un toro de muy buen juego de Achury. La plaza enardecida aplaudía los pases que daba el diestro francés, luego de brindar esta faena al Maestro Rincón, la que sería la mejor de la tarde. Pinchazo, estocada, oreja al diestro y vuelta al ruedo al toro, era un oasis en medio del desierto de la tarde. Talavante, con el toro mejor presentado de la feria –al menos de lo que sucedió de jueves a domingo- parecía revivir el embrujo del festival, con los lances de capa, sin embargo todo se empezó a venir abajo con la muleta y terminó peor con la espada.
 
El domingo, lleno de esos que sólo Manizales conoce. No vimos al Pablo Hermoso que enamoró a Bogotá y que tuvo a Manizales a sus pies, cuando indultó a Villancico. Es cierto, a los toros les faltaba chispa y emoción, pero nadie como Pablo Hermoso para encontrar emoción cuando hay escases de ella, lastimosamente no fue así, hubo palmas, algunos olés, pero no se llegó al máximo de conexión con el tendido. En cambio, por el lado de Julián López todo fue emoción y conexión con el tendido. En el primero los manizaleños pedían la música, mientras él gesticulaba que aun no, sabía que venía a por toda y así fue, desde el primer toro supimos como iba terminar la tarde, un Julián López con una codicia de novillero, un Julián López que toreaba como si de esta tarde dependiera su contratación para las postreras temporadas taurinas. Con Micolembo, el segundo de su lote, arriesgó, hizo vibrar de emoción, pero sería con Flamenco, el último de la tarde –regalo de la empresa, luego de la lesión del sexto que debió haber sido estoqueado en el ruedo- que el éxtasis de la Plaza llegó a su máximo nivel. Toro y torero lograron una extraña conexión que hacía pensar que ambos pusieron de acuerdo para realizar lo que lograron, ambos dialogaron y acordaron que a Manizales había que llenarlo de alegría. El torito, con chispa, el más grande de la tarde, aunque cómodo de cara, se rajó dos veces, pero el Juli le seguía exigiendo en el centro del ruedo, el indulto era más que discutible, pero las Plazas de Toros son democráticas, y así el clamor de miles de aficionados lograron que Flamenco volviera a la finca de la Esperanza, y el Juli en hombros, mientras sonaba el pasodoble feria de Manizales, abandonara la plaza de Manizales, caminito de la gloria.
 
Manizales reafirma que la afición taurina está más viva que nunca. Reafirma además que la fiesta taurina tiene un gran compromiso con Manizales, hace 60 años se fundó una feria que es mucho más que toros, pero que no puede existir sin ellos, se fundó una temporada taurina que mantiene viva la lucha por la salud de los niños del Hospital de Caldas, institución a la que se destinan las utilidades de la temporada taurina, así pues que ¡salud por Manizales y larga vida a su feria!

 

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