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Por primera vez compartieron el paseíllo como matadores de toros, ha sido en la ciudad de Huamachuco, cortaron tres orejas cada uno y salieron a hombros
Magaly Zapata - 17/08/2017

Fernando y Andrés Roca Rey salieron a hombros en la primera tarde ferial Virgen de la Alta Gracia.  Cortaron tres orejas a su lote del mano a mano sostenido en esta plaza Monumental Huamachuco, tarde en la que se lidiaron astados de El Olivar y La Viña.

Fernando Roca Rey reaparecía en ruedos peruanos tras dos años fuera de contienda y lo hizo con un poso especial de torería, asentamiento y actitud para enfrentar una tarde que sin duda era de gran compromiso e importancia para él, pues era la primera vez que alternaría con el figurón Andrés Roca Rey, su hermano, ya como matadores de toros. 

Muchas veces lo hicieron en los inicios de Andrés, cuando se hacía llamar “El Andi”, por los ruedos del Perú, aquel doctorado y éste como becerrista por eso la de hoy era diferente.  Y por serlo, muchos aficionados se dieron cita de diversas ciudades del país.

Fernando no puso banderillas en toda la tarde, suerte que antes era parte de su expresión torera, pero lució especialmente con el capote en el recibo de su primer toro, lanceando a la verónica con gusto, en la exposición de la larga cambiada al segundo y en el quite realizado del que salió a pedir réplica a su hermano pero infructuosamente.  Sin embargo, torearon al alimón en el cierraplaza, y es que algo fuera de libreto era menester regalar ya que no hubo piques en quites.

Los astados evidenciaron poca fuerza, de ahí que a todos los cuidaron en varas tanto como en muleta, unos con más recorrido que otros pero todos nobles.  Conocedor Fernando de las teclas para levantar al público y redondear una aseada faena a su primero que no terminó de romper por las condiciones del toro, y tras arrimarse en última serie, recetó un espadazo que hizo caer la primera oreja de la tarde.  Si acaso por ello más relajado, construyó su mejor faena al 3º, un astado que duró poco pero al que entendió y con el que se gustó toreando con temple por ambas manos, y con especial hondura y sabor en algunos naturales, de los pocos que se dejó el toro por ese pitón.  Lamentablemente pinchó y dio una aclamada vuelta al ruedo.   El 5º fue el que menos opción le dio pero estuvo muy por encima de él, aprovechando en cercanías, robando los muletazos y con media que bastó con fuerza le pidieron trofeos y así se aupaba a la foto porque, a ese punto, ya Andrés tenía la puerta grande asegurada.

Y digo asegurada porque hasta el 4º, ya había cortado 3 orejas.   Una del segundo, con una faena en la que ofreció su repertorio de quites y con muleta sometió pero sostuvo, de ahí la importancia, para construir una faena importante, con torería y garbo.   Las otras dos cayeron del 4º, una faena de cabeza privilegiada a quien todos los toros le sirven.  Salió incierto, soltando la cara, sin recorrido, por ello echó percal pero sin lucimiento, también porque salía suelto y buscaba tablas.  En muleta lo sujetó, primero a media altura, siempre con mucho temple para conjurar los tornillazos defensivos y molestos del burel, y luego cuando podía, bajar la mano, barrer la arena, y cuando debía, vaciar por arriba para ligar las series en las que los pases de pechos resultaban esculturas vivas de toreo, largos, profundos y pasándoselos de pitón a rabo, hasta la hombrera contraria.  En este toro brindó a su hermanos, porque el que no es torero también estuvo, y al preguntarle por el brindis dice que les dijo que “nunca había brindados a dos grandes”… con la complicidad en el rostro de los tres hermanos Roca Rey Valdez.  El 6º no dio opciones, brindó su labor a los niños ‘marcelinos’, herederos de aquellos que lo vieron torear cuando tenía doce años por primera vez,  lo intentó pero pinchó.

Y es que esta fue la tarde en la que se resumía la historia de una familia entroncada en la tradición taurina y que hoy por hoy ostenta el estandarte de un figurón del toreo.  Recuerdos y vivencias de las muchas tardes compartidas por ambos toreros en este ruedo también asomaron al verbo del padre al preguntarle por sus sensaciones.

Fernando y Andrés recibieron las llaves de la ciudad de Huamachuco, entregadas por el Alcalde Rebaza.   Y Andrés donó sus honorarios a la Casa Hogar Marcelino Pan y Vino, donde los  niños y adolescentes trabajadores sin recursos reciben educación, alimentación y trabajo en su autoestima y a los que él les toreó tantas tardes hasta que cruzó el charco para ser figura.

FICHA.  Huamachuco, La Libertad.  Miércoles 16 de agosto del 2017.  Feria Virgen de la Alta Gracia.  1ª tarde con toros de El Olivar y La Viña para el mano a mano entre los hermanos Roca Rey Valdez.  Fernando Roca Rey, oreja, vuelta al ruedo y dos orejas.  Andrés Roca Rey, oreja, dos orejas y silencio.

 

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