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El Juli y Talavante bordan dos faenas de alta estética y personal expresión. Gran juego de los Ernesto Gutiérrez, todos ovacionados, e indultado el sexto.
Jorge Arturo Díaz Reyes - 10/01/2015
Jorge Arturo Díaz Reyes
Jorge Arturo Díaz Reyes

Fueron diferentes, pero todos buenos para el toreo. Al toque, al trapo, el morro abajo, haciendo el avión, regresando, regresando, y regresando por derecho, sin dobleces, leales, dejando estar, dejando hacer. Los tres primeros, pastueños, quisieron tablas, pero en medio de sus grandes bondades pareció apenas un desvarío. Los otros cuatro tuvieron más acentuada raza. La plaza casi llena, se les entregó, premio los arrastres y le salvó la vida a “Cañonero” el sexto, quizá el más codicioso.

Sebastián Vargas, veroniqueó con son, quitó por caleserinas, banderilleó a tres estilos y dos pitones, y luego muleteó con finos modos, controlando las intenciones evasivas. Dos pinchazos, una estocada y un aviso, le privaron del inminente premio.

El Juli, abrió su libro frente al muy capacho segundo. De su capa brotaron las verónicas, las medias, las orticinas, las largas con una calma y naturalidad, con una facilidad y un regusto, con un dibujo y una rima que se extendieron a la muleta, ambidiestra, honda y larga. La faena pasó de redonda a circular, matizada con trincheras, molinetes, arrucinas. A todo embestía el bombón, en medio de un jaleo sin fin que casi ahogaba el pasodoble Feria de Manizales (Para faenas excepcionales). Estoque total, dos orejas y vuelta con prendas.

El Cid, lanceó con primor al tercero, de saludo y quite. Luego sacó la carta fuerte de su tauromaquia, el pase natural y lo prodigó. La faena fue de izquierda, en tandas generosas, de a seis con sus broches, pero el animal buscó tablas y aunque allí continuó atacando, el nivel emocional bajó. El pinchazo, la espada pasada y los tres golpes de verduguillo solo permitieron un saludo unánime.

Sebastián Castella, bregó a dos manos para parar al cuarto. Luego paseó chicuelinas alegres. De una la gente con el. Lo quieren. Genuflexo de tablas a medios inició una faena de predominio derecho que tuvo detalles y música, y que llegó hasta la noria de tres vueltas con paroxismo, pero que al final perdió ilación, temple y se hizo larga, Un pincho arriba, una estocada y la parcial dieron la oreja.

Andrés de los Ríos, con capote decidido reclamó el aval de sus paisanos y cuando al remate de una tanda gaonera lo tenía todo, fue desarmado. No lo perdió, y su laboriosa y meritoria brega quizá con el menos dulce de los novillos fue acompañada pese a una que otra descolocación. Solo se le quedaron callados cuando los pinchazos, el espadazo pasado y contrario, y el aviso alargaron el tiempo.

Alejandro Talavante
, con una barba que bajó su cordobés le daba un aire Far West, tomó la capa y como si nada ligó doce verónicas ganando terreno y rematando con una larga pinturera. El desparpajo, la verticalidad, la quietud, el temple, el son, el abandono, casi el desdén dominaron la obra y la plaza. Como una plomada, su lineal figura era eje de la rotación del toro, solo su brazo y su muleta. Mando total, sin el menor esfuerzo, sin un gesto de más, ni de menos, y la gente y la banda dele que dele, a todo pulmón. Y otra vez en la noche, el “excepcional” Feria de Manizales, y “Cañonero” ligado sin tregua. Un intento de igualada provocó uno de motín, y el palco sacó el pañuelo perdonavidas y los de las orejas.

Pablo Hermoso, cerró el festival, y la noticia es que hoy no salió a hombros, aunque por poco lo hace. Si de la concurrencia hubiese dependido lo habría logrado, pero el presidente atesó. Tal vez por la colocación del rejón letal, trasero y contrario. Con sus egregias monturas, entre las cuales como siempre descolló Pirata, había cumplido con aseo y aclamación los tercios. El encastado novillo también puso lo suyo y la gente se la pasó en grande.

El público masivo, el ganadero, los toreros y la empresa le dieron al hospital infantil, beneficiario del festival, no solo un generoso apoyo económico sino un homenaje de toreo.

 

FICHA DEL FESTEJO
Viernes 9. Casi lleno. Siete reses de Ernesto Gutiérrez (Santa Coloma-Murube), para festival, encastados y nobles, todos aplaudidos, indultado el 6° “Cañonero” N° 358, negro cornicorto de 410 kilos.

Sebastián Vargas, silencio.
El Juli, dos orejas.
El Cid, saludo
Sebastián Castella, oreja.
Alejandro Talavante, dos orejas simbólicas.
Andrés de los Ríos, silencio.
Pablo Hermoso, oreja.

 

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