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El coleta sevillano pasea la única oreja de la descafeinada y ventosa tarde de toros, donde la nota discordante la ausencia de público en los tendidos, lo que preocupa de cara al futuro de una feria en declive denostado.
Rubén Darío Villaaraz - 15/11/2015
EFE
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Se palpa en la ciudad capital marabina un aire de desinterés taurino como quien poco o nada sabe de toros. Parece ser que a la poca afición que queda de nada le vale, o escasamente, el llamado de la empresa de turno hizo para ir a la plaza este año, y eso que estamos hablando de una feria que para efectos del taurino en general, presentó carteles con mayor motivo que otrora.

Algo está pasando o se está haciendo mal. Por parte de la empresa, no es menos cierto que su trato con la prensa en general (la zuliana y la poca taurina que existe) ha sido garrafal, lo que ha motivado que los medios taurinos y no especializados hayan sido literalmente vetados por el par de tozudos empresarios que representan la parte organizacional de esta. Así, señores de poco o nada valen esfuerzos baldíos, cuando lo que se hace bien por un lado se destruye por otro…

Abrió plaza Manuel Escribano, torero de repertorio variado, como lo demostró en el recibo por larga cambiada de rodillas en el tercio, para luego, por verónicas lucirse en garboso toreo de capa. El medido puyazo que recetó –al igual que el resto de corrida de Hugo Domingo- cuidó las pocas fuerzas del animal, luciéndolo en solvente tercio de rehiletes, el cual compartió con “El Califa de Aragua”, siendo el que cerró tercio el mejor.

Con la muleta, voluntad y deseos de agradar fueron las claves de Escribano para sacar partido a un ejemplar que poco se prestó al lucimiento, ante su endebles fuerzas, que dosificó en intermitente toreo a media altura, tapándole muchos más defectos de lo que en verdad mostraba. Firmeza de pies y mando, que incluso le costó una fea y espectacular voltereta, lo que hizo que los espectadores entendieran el grado de dificultad que presentaba el toro. El certero volapié que dejo, ligeramente desprendido, desató la pañolada para que a la postre se paseara la única oreja de la larga y por momentos tediosa función.

Su segundo, fue un ejemplar de complicada condición, donde los momentos más brillantes de Manuel vino en sus pares de rehiletes, pues en la muleta, el astado, descompuesto y muy a la defensiva se comportó, lo que hizo de esta una labor de escaso eco en el tendido. La estocada trasera y desprendida, para recibir palmas tras tímida petición.

Esaú Fernández venia sustituyendo a Rivera Ordoñez, y lo hacía reapareciendo de la cornada que en la pierna derecha recibió en Sevilla a finales de septiembre pasado. Pues poco o nada se pareció el espigado sevillano al que vinos en la pasada Feria de Tovar. Su primero fue un galimatías de mansedumbre el cual el torero no pudo ni sabemos si supo verle resquicio para sacarle partido, a tal punto que al despacharle se eternizara con los aceros, hasta escuchar los tres avisos. Su segundo, un descastado con limitadas esfuerzas, tampoco dejo a gusto al sevillano coleta, al que las ráfagas de viento así mismo le condicionaron más entrega, más empeño, más ambición de triunfo, como las demostrada en el ruedo marabino.

“El Califa de Aragua” pechó por la mañana en el sorteo el más anovillado ejemplar del envío, y vaya que fue el más completo en cuanto a su embestida, novillote el cual supo lucir el acelerado espada maracayero en ramillete de verónicas, para luego en banderillas hacerse aplaudir en ceñidos pares, al lado de Escribano. Luego en la muleta el astado fue noble por ambos pitones, en especial por el derecho, donde el espada en mención metió en su muleta las embestidas de un animal que requirió un poco del sosiego que necesita este torero delante de la cara del toro, no ese trallazo que implica el destoreo que muchas veces enseña vicios al animal. Se puso el torero empecinado en obedecer dictámenes neófitos del tendido por solicitar indultar el astado, para dilatar una labor que al final emborronó de tres cuartos de acero, trasero y contrario, de dilatada agonía, para recibir palmas tras un aviso.

Con el que cerró plaza no muchas opciones claras de lucimiento encontró el torero, en ribetes de toreo para la galería que no allanaron el camino del interés de los presentes. Los dos viajes necesarios de ración toricida valieron para nuevamente ser aplaudido tras aviso.

 

FICHA DEL FESTEJO:

Plaza de Toros de Maracaibo. Primera Feria de La Chinita. Sábado 14 de noviembre de 2015. Con poco menos de un cuarto de plaza, en tarde calurosa y ventosa, se han lidiado toros de las ganaderías de Rancho Grande y La Consolación (4º y 5º) en su conjunto terciados de presentación, anovillado el 3º premiado incomprensiblemente con la vuelta al ruedo, de nombre «El Parral» N° 53 de 467 kilos. Pesos: 490, 473, 467, 465, 470 y 458 kilos.

Manuel Escribano (Nazareno y oro con cabos blancos): Oreja y palmas.

Esaú Fernández (Luto y oro con cabos blancos): Silencio tras tres avisos y palmas.

“El Califa de Aragua” (Rosa y oro con cabos blancos): Palmas tras aviso en ambos.

Incidencias: En banderillas destacó Carlos Pizuto. *** Por los altoparlantes se anunció la multa por apuntillar al toro en el ruedo al subalterno Eliecer Paredes.
 

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