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Un bello y bravío encierro de Santa Bárbara, que descompletó el quinto al descordarse en la arena, reforzado con un Achury Viejo no menos buenmozo, propició una seria y torera tarde. El Cid no tocó pelo por atravesar, sí Libardo y Roca Rey que hasta rondaron la Puerta de San Juan.
Jorge Arturo Díaz Reyes - 07/02/2016
Redacción
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Castaños, colorados, capirotes, bien puestos de pitones, musculosos y apretados. Aparentando mucho más de lo que anunciaban las tablillas, recorrieron el ruedo con soberbia y codiciosa personalidad que llegó hasta el hosco temperamento del cuarto. Medellín demostró su predilección por los domecq de Santa Bárbara batiendo palmas a la salida de tres, y ellos volvieron a justificar esa pasión haciéndose aplaudir en otros tantos arrastres, a uno de los cuales, el segundo, se le dio la vuelta.

Estética y verdad, el toro tiene que serlo, parecerlo y portarse como tal. Honrando ese lema el Capitán Barbero ha levantado un prestigio que hizo exclamar al cronista manizaleño Paulo Sánchez, finalizando de la corrida –hoy por hoy, esta es la mejor ganadería de Colombia.

El Cid, como le había sucedido veinte días atrás en Puente Piedra, dio con un lote de doble faz, uno de gran clase y otro de mal talante. A cada uno dio lo suyo. Sedoso, plantado, entonado aunque no muy reunido con aquel, ató en pulcras tandas cortas una faena de extrema derecha renegando de su reconocida vocación izquierdista. Así, con facilidad, desahogo y reposo, acompañados por la grada, iba camino de premio. Pero la espada total asomó la punta bajo el brazuelo, y a saludar. El cuarto, probaba, buscaba, se le quedaba en los embroques y el, pues en lugar de taparse lo enfrentó como tenía que ser, a la antigua, con manos y pies. Los primeros lances y una tanda diestra fueron reposados lo demás de toma y dame. A los del cinco les gustó. Cómo lo plaudían. A otros no tanto. Pero la tizona inclinó la balanza en favor de aquellos. Otro saludo justo.

Manuel Libardo, gusta y disgusta, y siempre por la misma razón; su empeño de buscar la perfección en los detalles. Ese preciosismo que lo impulsa por un sendero intimista, lejos de cualquier zalamería, y a veces lo adentra en páramos de intimista frialdad e incomunicación. Eso lo resienten los adictos a los efectos visuales y el carameleo, tanto como lo agradecen los minuciosos. Aquel natural, esa muleta bajo la pala, el minimalismo de la pequeño verso, el airoso remate... Y entre ellos, generalmente más en los finales, sus itos autistas –De los colombianos es el que más bonito torea—dicen pero también replican –que mezquina mucho y no redondea. Y así fue hoy, cuando volvió a tener suerte con las papeletas llevándose, sin darle todo lo que pedía, el toro de la corrida, al cual cortó una oreja que debieron ser dos, y como hace quince días en Puente Piedra con ese Mondoñedo inolvidable que se le fue. Pero ese es él. Enfrentó también con decoro y estilo al serío Achury, quinto bis y le ovacionaron.

Andrés Roca Rey, navega por la cresta de la ola. No más abrirse da capa le cantaron la parcialidad, y eso que debutaba. Está comprometido con el triunfo. Se siente obligado a él. Se le nota. Se le ve su ansia de hacer lo que tenga que hacer para obtenerlo. Pero también, que no le cuesta trabajo. Es más, que lo disfruta. El tercero embestía y embestía y el tranquilamente desplegó su extenso catálogo de lances, pases, premeditaciones e improvisaciones al ritmo del toro y del público. Alegría, variedad, frescura, desparpajo, valor, quietud, juventud sellos de una tauromaquia expresiva y necesaria en estos días. Cierto, mucho por alto, mucha ina, mucho revuelo, pero todo sincero y veraz, como una bocanada de aire fresco en la calurosa y cerrada plaza. La gente con el, feliz, y encima le tocan “Gallito”, El tendido joven hervía. El toro rueda como bravo y el palco niega la furiosamente pedida segunda oreja (son unos viejitos). Da dos vueltas calmorosas, y cuando sale a enmendar el entuerto el sexto se le viene a menos. Bueno ahí queda eso. Ya se anuncia en los carteles de postín en las ferias españolas.

Fue una corrida de toros, la estádistica peluda es lo de menos. Hubo trapío y casta, nada de tonterías ni enanismos enfermizos, nada de que se dejaron. La importancia de la tarde la impuso Santa Bárbara otra vez.  

FICHA DEL FESTEJO

Tarde. Sábado 6 de febrero 2016. Centro de Espectáculos Macarena de Medellín. 2ª de temporada. Sol. Tres cuartos del segmento habilitado. Seis toros de Santa Bárbara (en Domecq), el 5º lesionado devuelto; bien presentados, bellamente parejos, enrazados, aplaudidos de salida ; 1º, 2º y 4º, también el 5º bis de Achury viejo, vuelta para el 2º, “Cantaclaro”, Nº 700, cinqueño, castaño, cornidelantero, de 455 kilos. Aplaudidos en el arrastre 1º, 2º,  3º y 5º bis,  silenciado el 6º y pitado el 4º.  ,

El Cid, saludo y saludo.

Manuel Libardo, oreja, y saludo.  

Andrés Roca Rey, oreja con petición de otra y dos vueltas al ruedo, y silencio.

Incidencias: Saludaron Emerson Pineda tras parear al 1o, Wilson Chaparro “El Piña” y Héctor Fabio Giraldo al 2º.

 

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