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Vuelta para dos arrastres, cuatro orejas concedidas y Diego Ventura en hombros
Jorge Arturo Díaz.- Vídeo: Camilo Díaz - 09/01/2015
Redacción
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Seis negros Dosgutiérrez, de mediano trapío, con menos dureza de su proverbial, pero también con menos prontitud, codicia y humillación, brindaron sin embargo embestidas repetidas y suficientes, para ligar faenas. El público y el palco se volcaron con ellos. Les gustaron, les ovacionaron, les premiaron, pese a que sosearon unos, otros fueron carialtos, el tercero se rajó, el cuarto se paró, y le dieron la vuelta, y al quinto, normalito, también. Una tarde lisonjera, la cual el ganadero, hombre recio y autocrítico, sabrá juzgar mejor que la masa, los aduladores, y este palco que hoy peló el cobre.

 
Qué decir de Diego Ventura, once puertas grandes de Las Ventas, para no contar las de casi todas las plazas del mundo. Su valía, su talento, su arrobo, su trascendencia ¿Quién los puede discutir? Pero esto de hoy, que fue bueno, cumplidor y celebrado estuvo lejos de sus mejores actuaciones. Y le bastó. Así, a media marcha, cautivó y formó una escandalera. Cigarrera, Oro, Morante (mordelón), Ordóñez y Toronjo, cada uno con su estilo, pero todos maestros, acentuaron las alegrías del jinete. Tres rejones de castigo al pequeñín primero parecieron muchos pues quedó muy mermado. Un pinchazo y un rejonazo barrenado recibieron ovación en el tercio.
 
Con el cuarto que se emplazó, las duplas hicieron todo. Mérito, claro. Desde la portagayola y la cabalgata con garrocha. Los giros, quiebros, cabriolas, banderillas a una y dos manos, cortas y largas, en reguero por lomo y alrededores, hay que decirlo, todo a toro parado, y un pinchazo, y un rejón contrario, caído y atravesado, y las dos orejas. ¡Dos orejas! y la vuelta para el toro y a la puerta en hombros. Increíble, su señoría. 
 
Y El Cid, pues lo mismo, figura, pero en versión de baja gama esta vez. Lanceo insulso al incierto tercero, y una económica gestión muleteril por las dos manos, adobada con desplante de rodillas y sin trastos. Todo muy ligh, muy para el alto graderío (allá queda el palco). Como si fuera poco, la estocada que asomó por el brazuelo recibió de Don Bernardo Gómez una oreja. ¡Una oreja!
 
El sexto embestía como para rejones, con la cara arriba. Viloria no se la pudo bajar. Tampoco se esforzó en hacerlo, y así, una de las muletas más lujosas de la época se explayó en la media altura, en el toro ido y en espantar moscas. La velocidad y la descompostura se coreaban a todo pulmón, y los desplantes histriónicos aun más. Un metisasca de bajonazo abrió una tronera en el costado y otra espada caída y con travesía puso fin a la guachafita. Este Cid no es el Cid. No nos confundamos. No desconozcamos su bizarra carrera.  
Paco Perlaza, vino a matar la que prometió sería la corrida de su retirada (no se cortó la coleta). Había un sentimiento de cariño y pesar. Fue recibido con mucha simpatía. Él estaba circunspecto. Se inclinó sobre la cuna en las verónicas, quitó por chiculeinas, mas la faena no fluyó pues el animal renunció, y dos estocadas, una delantera, y la otra en sitio y avisada firmaron el principio del fin.
 
“Mañico”, 5° bis, N° 174 de 504 kilo, negro cornidelantero, le dio el adiós. Fue bueno, sin ser un dechado. La capa decorosa, en el saludo y en el quite tras la dosificada la vara de Torres. Sacó a Paco padre al tercio, le dijo un par de cosas, le entregó la montera, le abrazó y se trenzó en una lidia de su cosecha, desde el estribo, de corte derechistas, que tuvo momentos lucidos, adornados y desplantados, acompañados por el pasianaje y la música resistente al desarme. Media y descabello para una oreja con vuelta clamorosa, por el significado y quizá también para desagraviar el desaire inferido por Usía con esa rara vuelta al ruedo para el toro, que dejaba su faena final en el aire. ¡Qué horror!          
 
La tarde hubiese podido tener mejor destino, pese a las falencias, el encierro lo permitió. Pero todos a una, señor, la llevaron por el mal camino. La responsabilidad mayor, desde luego es de quien tiene la obligación de hacer respetar los canones, el reglamento y la categoría de la plaza. El presidente.
 
FICHA. Jueves 8, enero 2015. Plaza Monumental. 4ª de feria. Sol y nubes. Casi lleno. Seis toros de Dosgutiérrez (Santa Coloma-Murube), bien presentados, pero bajos de raza. Aplaudidos 1°, 3, y 6°, al 4° y al 5° se les dio la vuelta al ruedo, pitado el 2°.
 
Diego Ventura, saludo y dos orejas.
Paco Perlaza, silencio tras aviso y oreja.
El Cid, oreja y silencio.
Incidencias: Al terminar el festejo Diego Ventura salió a hombros.
 
 
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