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Corta cinco orejas pero lo más importante, hizo vibrar el corazón taurino del Perú
Magaly Zapata - 27/06/2016

La de hoy, segunda de Feria San Juan Bautista en Chota, no fue una tarde más, no fue una tarde cualquiera, marcará un antes y un después en esta ciudad taurina peruana,  porque la sola presencia  en el cartel del figurón peruano y mundial, Andrés Roca Rey,  así lo reclamaba. 

Lo que tras el apoteósico triunfo conseguido hoy en la arena El Vizcaíno,   que para mí va más allá del numérico corte de cinco orejas, dejó patente su capacidad de invención, de valor, de dominio y de poderío,  pero sobre todo de entrega total, despreciando su vida y si cabe morir venciendo.  Cierto es que el oponente, el toro,  no fue el suficiente en condiciones, justo el trapío, justa la fuerza, justa la casta pero estuvo él ahí, Andrés Roca Rey, para conjurar esas desgraciadas justezas y regalar a la afición de Chota, la que estuvo presente en cuerpo y alma, y a través de ella a la de todo el Perú taurino y de otros confines del mundo donde la tecnología nos permitió llegar en transmisión online, regalar decía, su cabeza hecha torería, su alma hecha majeza  y su corazón hecho entrega con dignidad, con pundonor, con  verdad, sin artificios, como sólo él sabe hacer. 

Tres hierros que saltaron a la arena,  uno para rejones protestad por su presentación y poca edad, el primero de Paiján, otros colombianos de El Capiro, que tuvieron algo pero no mucho en esa casta, de esa que contribuye al triunfo cuando el poder es hecho muleta, y el de Roberto Puga que su clase para embestir, hablo del noble y humillado 6º, no bastó para que Roca Rey firmará ‘la obra’ del arte efímero que es el toreo, y acotar que el 5º fue devuelto por blando.  La presentación de los toros para el de a pie, fue correcta pero hasta ahí, de parte de los cafetaleros y muy por bajo de lo que un figurón como este gallo del Perú merece. De todos cumplieron en el caballo los colombianos aunque sin clase, y los nacionales apenas señalados por los varilargueros para dosificar unas fuerzas que apenas sostenían su  noble clase.  

Los de rejones, para el venezolano Francisco Javier Rodríguez y el español Rubén Sánchez, tuvieron complicaciones.  Por delante, Sánchez, tuvo difícil centrar al público perdido en protestas por la presentación de su toro.  No se le valoró el esfuerzo.  Ante el 4º, Rodríguez, encontró muchas complicaciones ante las que su esfuerzo por resolver y lucir, se diluyeron cuando usó el rejón final sin acierto.

El panorama así contado,  parecía de negros nubarrones que ensombrecerían la tarde (como esos que soltaron sus gotas intensas en el segundo toro  completando la cuota de agua que faltaba en el albero y que el polvo no nos incordiara el resto de la tarde). 

Pero sucedió que salió el sol y nos calentó la tarde.  Un sol  hecho carne, que se encendió hecho torero  para calentar los corazones taurinos de esta tierra, Cajamarca,  hasta el clímax, hasta la locura, hasta el delirio, como sucede allá por donde torea, y por calentar fue tanto, como el agradable sol que nos cobija cuando paseamos  entre sus cerros inundados de todas las gamas de verdes que la adornan.   #chabuqueando

Y, por seguir #chabuqueando debo decir, que es este Andrés,  un hijo del sol del Perú mío, que irradió Chota con su torería, con su gallardía  y su guapeza,  aquella de la más fina estampa cantada,  pero que esconde un corazón de león, que busca el triunfo sin más armas que la ambición y el poder de su muleta sujetado por un don dado por Dios. 

Construyó, o acaso sería mejor decir, inventó faenas de altos vuelos, donde quizás sólo cabría la  incertidumbre y el pesar de haber caído en otras manos.  Pero  las suyas sujetaban el percal y la pañosa con tanta solvencia, con tanta firmeza pero a la vez con tanto mimo y sutileza para dosificar y administrar hasta llegar al triunfo.  En larga, media y corta distancia, manejando con destrezas las alturas de los engaños para terminar los muletazos. Despreciando vida y oponente, en abuso de poder, metiéndose entre los pitones con frialdad pasmosa.  Tanto, que hasta pudo vestirse de tragedia de ser mayor el achuchón del toro cuando se cansó de torear de rodillas y pagó el desplante con un arreón que casi le cuesta una cornada.

No es mi afán justificar o criticar, oreja más, oreja menos, la historia lo juzgará.  Sólo trasmitir lo que sentí porque me conmoví.  No fueron faenas de exquisiteces ni florituras, fueron de enjundia y de ganas, de actitud y de querer demostrar de lo que está hecho,  de por qué es quien es hoy Andrés, en la torería mundial. Montarse sobre una tarde, que podría haberse ido al despeñadero, pero que por su ambición y capacidad, fue de apoteosis, emotiva y vibrante.  Y no nos queda más que decir, otra vez #chabuqueando, que este Andrés es un gigante al que arrullan sus anhelos, esos de llegar a la cumbre, sueños que pasito a paso convierte en realidad cuando se engalla como el gallo camarón y los va convirtiendo en realidad, hoy tocó convertirlos en realidad frente al cielo… de Chota, que es el corazón de nuestro Perú taurino.

FICHA.  Plaza de toros El Vizcaíno de Chota, Cajamarca.  Domingo 26 de junio 2016.  2ª de Feria San Juan Bautista.  Se lidiaron tres hierros:  Paiján 1º, protestado por su presentación, para rejones; 2º y 3º lidia a pie, de Capiro del Sonsón, nobles y justo de fuerza y casta.  4º para rejones de Capiro, complicado, recortando.  5º y 6º de Roberto Puga, nobles sin fuerzas, devuelta el 5º y sustituido por un Capiro de Sonsón.  Los rejoneadores Rubén Sánchez, silencio.  Francisco Javier Rodríguez, silencio.  Andrés Roca Rey, dos orejas, dos orejas,  oreja y ovación.  Salió a hombros del matador y ganadero Aníbal Vásquez.

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