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Carlos Alonso - 21/03/2016

Dos novilladas picadas, una sin caballos,un festejo de rejones y ocho corridas de toros componían la Feria de Fallas de Valencia. Un ciclo convertido ya en cenizas de sosería y descastamiento. Palabras duras y corridas blandas. Los palos del sombrajo se caen y con ellos la salud de los espectáculos. 

Un programa de lavado equivocado ha encogido a la riqueza que tiene la lidia. El espectador contempla sin inmutarse el desarrollo de los dos primeros tercios. Me atrevo a decir que muchos ni siquiera se acuerdan del nombre de la ganadería. 

El tercio de varas se está convirtiendo en un mero trámite. No se luce al toro y los puyazos se suelen señalar para no abusar de las reservas energéticas. El peto siempre ha sido el primer examen para la bravura. El toro se tiene que crecer ante el castigo, demostrar su fuerza y su pujanza, tenemos que observar donde coloca la cara, si tira derrotes o no, etc. 

Un análisis minucioso puede determinar como será el futuro comportamiento de la res en la muleta. Dos capotazos dejan al toro cerca del montado y el grito de: "¡vale,vale!" se escucha de inmediato. Cuidar en lugar de castigar. Un café descafeinado en una mañana somnolienta del lunes. 

Sí señores y señoras. La exigencia ha tocado fondo y el interés solo se centra en la faena de muleta. Los trasteos con la franela son un sumatorio de pases y series. Los animales llegan más enterizos y guardan más arrancadas. El "pronto y en la mano" se ha transformado en "despacio y haciéndolo".

Arrancadas que tienen que contar con un motor indispensable llamado raza. Los de Fuente Ymbro, Adolfo Martín, Zalduendo y Juan Pedro Domeq salieron gripados y ninguna de las cuatro divisas ha hecho méritos para volver el año que viene. Los de Capea lucieron una magnífica presentación y buena condición, pero se perdieron por su justo fondo, por sus amagos de mansedumbre y por los planteamientos erróneos de los de luces. 

Con la llegada de las "figuras" bajó el trapío del toro. Los variopintos ejemplares madrileños de Victoriano del Río - Toros de Cortés, mansearon y buscaron las tablas aunque tuvieron movilidad. A la de Garcigrande casi no se le rompió la piel con la puya y ofreció posibilidades para la pañosa destacando el quinto. Sin continente ni contenido, la de Nuñez del Cuvillo supuso un notable fracaso ganadero.

Las novilladas se quedaron en tierra de nadie. Desiguales en todo los de Antonio López Gibaja con un cuarto temperamental y emocionante y la de El Parralejo fue una prueba escasa para novilleros experimentados. Aprobaron con buen fondo los erales de Nazario Ibáñez y decepcionaron los de Fermín Bohórquez para rejones. 

Cincuenta y cuatro toros, doce novillos y seis erales que no pasarán a la historia. El agua de Valencia cortó a todos los hierros con el mismo patrón. Pero no pasa nada ya que la mitad como mínimo volverán en las Fallas de 2017.

Hay que reflexionar mucho sobre el apartado ganadero. Se tienen que abrir los carteles para otros encastes y ganaderías. ¿Por qué no cambiar? Yo sigo con mis sueños y deseos y con la sensación de estar buscando un toro bravo.

 

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