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Carlos Alonso - 18/04/2016

¿Cuántos toros vemos salir al ruedo cada año? ¿Y a lo largo de nuestras vidas? Muchos. Creo que sería imposible calcular el número exacto. Da igual. El pasado 13 de abril en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla salió el que todos buscábamos. Un ejemplar que rozó la perfección y que se quedará grabado en nuestro recuerdo. Hablo de "Cobradiezmos". Un sueño cárdeno de la ganadería de Victorino Martín.

"Cobradiezmos" llegaba al mundo en diciembre del 2011 fruto del emparejamiento entre "Jaquetón" y "Cobradiezmas", ambos primerizos.

Su padre tenía un billete para viajar a Huesca y la madre la obligación de cuidar a su retoño hasta que el número 37 quedase marcado a fuego en su dura piel.

Pasaron cuatro años de vida regalada, de mimos y cuidados constantes por parte de sus criadores. "Cobradiezmos" conjugaba en su anatomía trapío y armonía. Victorino no tenía más remedio que inscribirle en la historia. Pero antes, en Sevilla.

La Feria navegaba por los ríos de la tibieza y el descastamiento en líneas generales. También hubo toros con francas posibilidades para un triunfo redondo que no llegaba. Quizá porque faltaba algo: la capacidad de emocionar que solo tienen los elegidos.

Un rectángulo arenoso se había transformado en escaparate para los albaserradas de la "A" coronada. Las miradas de los profesionales se centraban en él, todos le querían en sus lotes. La suerte está echada. Una voz que dice "puerta" daba paso a la oscuridad del chiquero de la tensa espera.

Y a escasos metros de ese lugar se fue un torero de Sevilla para esperarle con acierto "a porta gayola". Digo con acierto porque así fue como trató Manuel Escribano a "Cobradiezmos" de principio a fin. Manuel colocó en suerte al cárdeno para un tercio de varas que recobraba importancia. El bravo empuja con fijeza y comienza a saborear la gloria del albero con embestidas de humillación inaudita.

Con fuerza se arranca en banderillas transmitiendo la sensación de no dejar pasar un descuido. Un toro en la Plaza. Si señores y señoras, un toro bravo.

No voy a analizar una faena de muleta que ya se ha escrito y contado. Solamente me queda la duda de si los areneros habrán podido alisar esos surcos de bravura inacabable. Miles de pañuelos blancos pedían el naranja. Muchos más hicieron falta para secar las lágrimas de la emoción y de la alegría.

El indulto debe ser un hecho excepcional, que ponga de acuerdo a todos y que se celebre como una bendición caída del cielo. Tiene que ser una página escrita con letras de oro en la historia del arte. Una cultura que se cimienta entre la vida y la muerte.

Con la hierba por la barriga y con el aire puro que sana las heridas, "Cobradiezmos" recupera terreno en su reino. Un harem de bellas mozas recibirán su semilla brava.

Solo podemos esperar a la genética y a la suerte. Mientras tanto podemos estar orgullosos de poder contar que vimos un toro bravo. ¡Gracias "Cobradiezmos"! 

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