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Carlos Bueno - 18/10/2016

La imagen de Aylan, un niño sirio de tres años ahogado en una playa de Turquía, sacudió al mundo hace poco más de un año. Aylan y su familia intentaban alcanzar las costas europeas huyendo de la guerra que azotaba su país y de una muerte que parecía segura. Nada más humano y natural que el instinto de supervivencia. Ante las adversidades sólo la esperanza nos anima a seguir luchando, aunque en ello empeñemos la misma vida.

Nadie osó a hacer un mal comentario sobre aquel lamentable desenlace. Nadie manifestó su alegría porque la desgracia le hubiera sucedido a gente de otra religión que celebraba la matanza del cordero. Qué monstruoso y vomitivo hubiese sido. Sin embargo en los últimos días hay quien ha exhibido su regodeo ante la amarga enfermedad de un niño de ocho años sólo porque es aficionado a los toros; y esto me parece igual de monstruoso y vomitivo.

Adrián sufre cáncer y se aferra a la ilusión de ganarle la batalla. Su anhelo de ser torero le da fuerzas para seguir luchando, para sobrevivir. No sé si algún día alcanzará su sueño, y estoy convencido de que eso no es lo importante. Lo que resulta primordial es que siga teniendo esperanza, y el toreo se la da anímica y ahora también económicamente.

Hace unas fechas se realizó en Valencia un festival taurino en su nombre cuyos beneficios se destinarán al estudio de esta fatídica enfermedad que padecen todo tipo de personas, ricos y pobres, religiosos y ateos, aficionados y antitaurinos. Del grupo de estos últimos hubo quien no sintió pudor en mostrar sus sentimientos más crueles y desalmados afirmando que prefería la muerte del niño a la de animales herbívoros, refiriéndose a los toros. Otros se atrevieron a amenazar de muerte al chaval si en un futuro le veían torear, incluso alguno aseguró de forma indecente que su tratamiento era un gasto innecesario que estaba realizando la sanidad pública con su dinero.

No hace falta que exprese mi opinión sobre estos malnacidos insensibles que desean la fatalidad del prójimo. Quizá sean ellos quienes merezcan sufrir sus propios anhelos y estoy convencido de que casi la totalidad de la raza humana repudia sus sentimientos. Sin embargo hay comentarios falsos que, a fuerza de ser repetidos, parecen adquirir rango de verdad, y eso tampoco es justo.

Por eso hay que aclarar al sujeto que asevera que el procedimiento de curación de Adrián se sufraga con sus impuestos, que la realidad es que la actividad taurina profesional genera 1.600 millones de euros de impacto en toda España. Que además la tauromaquia popular aporta 1.269 millones de euros a la economía española. Que en conjunto, y sólo en lo referente al IVA, las arcas del Estado reciben más de 450 millones de euros derivados de las actividades que se benefician de la tauromaquia (más de 40 millones de IVA únicamente en concepto de venta de entradas). Que a estas cifras falta añadir los cánones de arrendamiento de la mayoría de cosos taurinos y los pagos a la Seguridad Social. Esta es la realidad. El toro genera mucho dinero y paga sus impuestos en beneficio de todos, de ricos y pobres, religiosos y ateos, aficionados y antitaurinos, sanos y enfermos, para obras en carreteras y para la Seguridad Social.

Cada cual puede pensar lo que crea oportuno, pero nunca debería faltar a la verdad por muy piojoso que uno sea. Estéticamente lo son la mayoría de quienes hacen este tipo de declaraciones, piojosos en las formas y en el fondo. Por supuesto que no todos son igual. También los hay con quienes se puede discutir con argumentos y en un clima de respeto, tolerancia y humanidad, pero, como dijo El Gallo, hay gente "pa tó", y quien da cobijo a estos maltratadores psicológicos corre el riesgo de ser considerado como tal. Si los antis no quieren ser etiquetados como piojosos inmorales que los señalen, que se deshagan de este tipo de delincuentes.

Pero los piojosos no se circunscriben sólo al habitual ámbito antitaurino. También hay gente "pa tó" entre quienes visten de traje y usan corbata, comen langosta y beben champagne, se ponen bata blanca e higienizan sus manos. Los beneficios del festival de Adrián irán a parar a la Fundación de Oncohematología Infantil, la única asociación que ha aceptado recibir una donación económica proveniente del mundo taurino después de mucho buscar. Nadie quería ese dinero ¿Por el qué dirán? Pues yo les digo que se vayan ustedes a la mierda, los que no querían donativos para estudiar una fatídica enfermedad que acaba con ricos y pobres, con aficionados y antitaurinos, con pacientes y con médicos. Luego que no vayan de víctimas, que no se quejen de que hacen falta donaciones, que no se lamenten de que no hay fondos para investigar. Sí, a la mierda los piojosos. Cuánta razón tenía Rafael Gómez ‘El Gallo’ cuando dijo que hay gente "pa tó".

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