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Carlos Bueno - 19/07/2016

El pasado sábado fui a los toros a Benidorm. Y allí estaban de nuevo. Los antitaurinos de siempre con las mismas consignas. Apenas cuarenta vociferantes junto al ruedo alicantino. La legislación francesa impide por ley concentraciones antis a menos de 500 metros de las plazas al considerarlas una provocación y un riesgo de alteración del orden público. Aquí en España nuestros legisladores advirtieron hace un tiempo que se iba a implantar una medida similar. Pero visto lo visto todo ha quedado en agua de borrajas.

Las mismas caras de siempre recorren la geografía taurina insultando gravemente a los aficionados. En ocasiones han llegado a intentar impedir su acceso a los cosos, incluso se han atrevido a lanzar piedras contra ellos. La policía les custodia, parece que les protege no sé de qué. Si un aficionado pretende contestarles los agentes se lo impiden. Sólo pueden gritar ellos. La lógica dictaminaría que fuesen retirados y que se manifestaran en otro lugar, frente a la Delegación del Gobierno, pongamos por caso. Pero no. El amparo policial les confiere total privilegio para seguir ofendiendo a los legales. No es lógico pero es así.

Porque en este país no parece importar demasiado la lógica, ni la legalidad, ni el respeto, ni siquiera cuando una persona acaba de perecer en las astas de un toro. Es más, ha habido quien ha aprovechado la desgracia para vomitar en las redes sociales pensamientos más propios de un sicópata que de alguien en su sano juicio. Quiero pensar que todas estas manifestaciones no quedarán impunes, aunque no acabo de estar convencido de ello después de leer que existe "cierto vacío legal" en la regulación de las redes sociales y, sobre todo, tras escuchar en televisión las declaraciones de un juez opinando que la pena de cárcel podría ser excesiva y debe reservarse para delitos de mayor gravedad.

Este tipo de afirmaciones no ha hecho más que alentar a otros descerebrados a seguir incitando al odio y a la violencia a través de Facebook y Twitter. A los primeros mensajes repugnantes emitidos tras la muerte de Víctor Barrio le han seguido otros todavía más nauseabundos. Alguno de ellos declara textualmente su deseo de violar el cadáver del torero por el agujero de la cornada y después violar a su esposa. Y otro, no sé si calificarlo de todavía peor, pide por favor a un grupo terrorista islámico que si va a atentar en España que lo haga en plazas de toros. ¿Todavía no le parece suficientemente grave al juez? Yo no soy abogado, pero no hace falta ser muy listo para entender que esto comporta un delito de enaltecimiento del terrorismo e incitación al odio que no puede permitirse sin pagar un precio muy alto.

Si todo vuelve a quedar en agua de borrajas se abrirá la veda, la posibilidad de una guerra civil entre antis y protaurinos. Por ejemplo, los 24.000 aficionados que acuden a la plaza de Las Ventas podrían rodear a los 40 activistas de siempre y gritarles al oído que se cagan en sus muertos, quizá hasta tirarles piedras. Eso sería pagarles con su misma moneda, y las fuerzas de orden público deberían permitirlo como a ellos se les ha consentido.

Sí eso sería igualdad, pero no sería conveniente para nadie. Esperemos que la Justicia actúe y sea ecuánime. Por la convivencia en paz, por una sociedad más sana y por el bien de todos sólo deseo que los jueces se definan a favor de la legalidad y no permitan que se abra una veda que nadie desea.

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