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Carlos Bueno - 10/03/2015

7.866 festejos celebrados el año pasado con un impacto económico de 46'5 millones de euros anuales y la capacidad de generar más de 25.000 empleos en ámbitos como el hostelero, sanitario o ganadero entre otros. Todo ello sólo en la Comunidad Valenciana, mi tierra. Son los datos oficiales de un sector que no vende entradas y que por estos lares cuenta con 650 peñas inscritas: “els bous al carrer”. Quien no vea el potencial económico, de convocatoria y de influencia de esta esfera taurómaca es ciego o un tonto ofuscado.

Ya hace años que ciertos empresarios apostaron por ofrecer en algunas plazas espectáculos típicos de la calle: recortes, concursos de emboladores, de anillas… La feliz idea sirvió, además de para hacer caja, para acercar la tauromaquia más ancestral y popular a un público que se las daba de sibarita desde su abono “de toda la vida”. El juego con el animal peligroso, inherente a la condición humana, practicado desde la prehistoria, que pervivía en el corazón y en las arterias de los pueblos, entraba en los lugares sagrados del toreo. Los hubo y los sigue habiendo de reticentes, pero cuantos se sacudieron estúpidos prejuicios y ocuparon su añeja localidad para curiosear aquello de “la calle”, advirtieron que no era lo que algún desconocedor les había contado, que también allí había verdad y pureza, y más: respeto.

Rodar un astado requiere valor y temple. Detrás de cada recorte hay horas de concienciación y de entrenamiento. Hay seriedad en la preparación y se exige seriedad en el toro, es lo único que no puede fallar. Si el burel no tuviese trapío la historia se desmoronaría. Todo debe tener el máximo mérito. El resultado es espectacular. Los pitones pasan a milímetros de la anatomía humana porque el rodador ha estudiado y conoce las reacciones del animal. Hay emoción en el toreo y también en los festejos populares. Son dos tauromaquias distintas pero perfectamente complementarias unidas por el principal elemento de la Fiesta: el toro.

La ya consolidada iniciativa de organizar festejos populares en cosos taurinos es algo que se debe potenciar, pero ojo, cuidando al máximo todos los detalles y sin abusar, es decir, presentando el toro-toro, ofreciendo premios suculentos a los participantes, programando un número de espectáculos justos y ofertando precios asequibles al público. De lo contrario, el potencial de la gente “del carrer” se quedará en la calle, su hábitat natural, donde la entrada es gratuita, y donde ser peñista te convierte en empresario, que en este caso no es arriesgarse a perder una fortuna sino que conlleva la satisfacción de convivir con el resto de amigos asociados a lo largo de todo el año, viajar a las ganaderías a elegir el toro para la festividad de tu barrio y verlo corretear esplendoroso por la puerta de tu casa.

En “els bous al carrer” quien se lo guisa se lo come, y les va tan ricamente. Habrá que cuidar y aprender de un sector que, sólo en la Comunidad Valenciana, en 2014 incrementó el número de festejos en más de un 28% respecto al año anterior. Por algo será.

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