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Carlos Bueno - 27/01/2015

Acertó Ortega y Gasset al aseverar que las plazas de toros reflejaban el estado de la sociedad española. El espectáculo más culto y democrático de cuantos existen ofrece acomodo a los del sol y a los de la sombra, a los de arriba y a los de abajo, a ricos y pobres, a empresarios de éxito y asalariados en paro. Cada cual, con independencia de su posición fuera y dentro la plaza, expresa libremente su opinión y juicio de lo ocurrido en el ruedo con aplausos o pitos. Pero, gustos y valoraciones personales aparte, en los tendidos de un coso taurino se respira la situación general por la que atraviesa la sociedad de cada época. La crisis, la bonanza, la tranquilidad o la crispación en las calles se traslucen en una afición que, sin pretenderlo, endurece su exigencia o suaviza su rigor dependiendo de cómo le vaya la vida.

¿Y cómo va la vida en estos momentos? Pues no todo lo bien que cabría esperar. Quizá por ello la gente, que ya tiene suficientes quebraderos de cabeza con su situación laboral, busque evadirse de problemas y pasarlo bien en cuanto tiene un resquicio. En lo referente a la Fiesta de los toros, y dejando de lado a los verdaderos aficionados que siempre valorarán la calidad del toreo profundo, los espectadores se quedan más en las formas que en el fondo, en lo bonito más que en la belleza, en lo anecdótico más que en lo valioso.

Viene esto a cuento de las dos últimas noticias taurinas de las que se ha hecho eco el telediario de Televisión Española. El pasado fin de semana se le dedicó un reportaje al viaje en avión de los toros de Victorino desde España a Venezuela, y el anterior se hizo lo propio con un encierro de erales propiedad de Morante por las calles de La Puebla del Río. No está mal que se hable de toros, y es para estar contentos, pero sigue siendo insuficiente. Ni la mínima noticia sobre las dos orejas de Ponce en la Monumental de Méjico, ni un solo segundo sobre la presentación de La Magdalena, la primera feria importante de la temporada; nada sobre un natural eterno, una media sentida o un trincherazo que cruje el alma.

Es muy probable que los espectadores demanden ese tipo de noticias anecdóticas y que nada se pueda hacer por divulgar la didáctica de la tauromaquia y su verdadero sentido; será que la situación general por la que atraviesa la sociedad de esta época está provocando que nos quedemos más en la superficialidad que profundidad, no lo sé. Habrá que seguir trabajando por mejorar la vida que nos rodea y por dar sentido a los valores por los que deberíamos regirnos… y que los cosos taurinos lo reflejen. De momento tendremos que conformarnos con que se hable de toros y que no sea mal.
 

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