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Carlos Bueno - 10/05/2016

Imperó el asentamiento. Las zapatillas hundidas y el cuerpo abandonado, casi adormecido. Cante hondo a la quietud, y la verdad más sincera, entregada y desgarradora. Fluyó el temple con la mano baja, despacio, ralentizando las embestidas. José Tomás volvió a ser José Tomás, fiel a su toreo espiritual, por momentos dramático, siempre cargado de liturgia, de sentido, de razón.

Y bajo la aureola de su misticismo sobró un manojo de excelsos naturales para que el éxtasis se adueñara de la plaza de toros. Catarsis colectiva, delirio, levitación. No hace falta parafernalia cuando se torea desnudo de heterodoxia. Que el premio del rabo fuese excesivo es otro cantar, pero es que el toreo majestuoso no se cuantifica. Lo que importó en la enésima reaparición del hierático de Galapagar no fue la cantidad de trofeos que consiguió sino el recuerdo perenne que dejó en quienes tuvieron la dicha de emocionarse con él.

Sucedió el pasado sábado en Jerez. Sí, evidentemente con el toro de Jerez, que no es ni tiene que ser el de Madrid ni el de Bilbao. Fue el mismo toro que torean el resto de toreros en Jerez, el toro de Padilla y Manzanares. Un Cuvillo de agradables hechuras que se unió a la apoteosis tomasista desde el principio, el que permitió el manojo de naturales excelsos que otros coletudos son incapaces de realizar.

Ahora, como siempre, hay quien intenta minimizar el triunfo de J.T. señalando al torito como acusación. No comparto ese argumento. El éxito hay que entenderlo bajo la idiosincrasia de cada lugar, de cada plaza y de cada afición, y restar importancia a la memorable actuación del hierático ni es propio de buenos aficionados ni es conveniente.

Otra cosa es que todos quisiéramos que José Tomás repitiese más veces este tipo de hitos. Todos menos él, que parece acomodado en un estatus que le consiente seguir gozando de una condición cuasi divina sin arriesgar en cosos de mayor repercusión. Se lo puede permitir porque se lo tolera la afición, y ante la voluntad del respetable nada se puede objetar.

J.T. seguirá apareciendo de vez en cuando por la zona tibia del toreo para torear al toro tibio, para llenarse los bolsillos y llenárselos a los empresarios y a los negocios de las ciudades donde se anuncie. Que repita lo de Jerez en Valencia, Sevilla, Madrid, Bilbao y Zaragoza sería tan oportuno como quimérico. Las figuras históricas lo fueron por triunfar en las plazas clave. Lo consiguió el galapagueño hace años y todo indica que ya ha desistido de intentarlo de nuevo. Quizá le falte ambición o facultades físicas. Quizá le sobre el dinero o el reconocimiento. Sea por lo que fuere, me da la impresión de que será muy difícil que José Tomás vuelva a mostrar sobre los alberos de primera su hieratismo jerezano.

PD.: Sería muy conveniente que las televisiones y medios de comunicación, además de cubrir exhaustivamente cada actuación de José Tomás, no ninguneasen al resto de toreros y dedicaran un minuto a informar de cuanto de importancia acontece en el planeta taurino, al menos en las grandes citas de la temporada. Es labor a acometer de inmediato por la Fundación del Toro de Lidia y el resto de asociaciones que velan por la tauromaquia.

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