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A pesar de que el lamento por la falta de juventud en los toros es perenne, a pesar de la huida que las televisiones en abierto han hecho de las plazas, a pesar de que los abuelos cada vez encuentran menos colaboración para llevar a sus nietos a las corridas y a pesar de que el entendimiento de un festejo taurino requiere un mínimo esfuerzo, la presencia de gente joven en los cosos parece ir en aumento
Carlos Bueno - 27/03/2018

Fantástica iniciativa la que la Federación de Peñas de Bous al Carrer de Valencia llevó a cabo un año más durante el pasado ciclo fallero. Se trataba del “Palco Infantil”, un espacio por donde cada día de feria pasó un grupo de 16 niños que vieron una tarde de toros acompañados por una monitora, que les fue explicando los pormenores del reglamento taurino, y un par de profesionales que les aclararon los entresijos de la lidia al tiempo que contaban anécdotas propias. Esa es una gran manera de promocionar los toros y de instruir a los más pequeños de la casa. Nada mejor que tener conocimiento de una materia para poder valorarla.

La época que vivimos nada tiene que ver con la de hace poco más de una década, cuando la televisión pública retransmitía corridas habitualmente, a veces, incluso, de forma desmesurada y contraproducente. Sin embargo, la presencia de los toros de forma abierta y periódica en los hogares españoles provocaba que, en mayor o menor medida, la población tuviese una mínima cultura taurina y dispusiera de elementos para valorarla dentro y fuera de los ruedos, artística, económica y medioambientalmente.

La desaparición de los festejos de las parrillas televisivas en abierto ha conllevado un desconocimiento que, a su vez, provoca un creciente movimiento antitaurino. Hoy en día lo que no sale en la tele no existe, incluso es atacado aún sin argumentos, como es el caso de la tauromaquia. Así las cosas, los toros no se ven o están mal vistos, y los abuelos que siempre llevaron a sus nietos a las plazas se topan contra la negativa de muchos padres que, coartados por equívocas consignas antis, son reacios a que sus hijos se acerquen a este mundo.

Sin televisión generalista y sin la influencia de los abuelos parece complicado que la juventud se aficione al toreo. Las corridas no están de moda y, además, presenciarlas conlleva un pequeño esfuerzo mental porque hay que saber lo que se está viendo, entenderlo mínimamente y calibrarlo según las circunstancias, nada que ver con los deportes o el cine, donde todo se da hecho y mascado, donde el espectador simplemente es un receptor pasivo. 

Con todo, y a pesar de que la queja de falta de gente joven en los toros ha sido perenne, uno se asoma a un coso taurino en esta época y comprueba que hay más chavales de los que se pueda pensar. “Más que nunca”, asegura mi compañero y amigo Federico Arnás. No sé si más que nunca, pero es posible. En la pasada feria de Fallas observé con detenimiento los tendidos de la plaza de Valencia y comprobé que había varios palcos de adolescentes, alguno, como Tendido Joven, repleto de estudiantes universitarios. Debe ser verdad que el asunto no está tan mal como aparenta.

Y el Palco Infantil no sólo fue una idea maravillosa sino que acabó resultando un éxito. Los niños salieron de la plaza conociendo el edificio y los intríngulis de la Fiesta, los cómo y los porqué de cada avatar. Algunos pidieron a sus padres que al día siguiente compraran una entrada para ir juntos a los toros y contárselo todo como a ellos se lo habían explicado. Sí, debe ser verdad que el asunto no está tan mal como aparenta, entre otras cosas gracias a iniciativas como la de los aficionados a los Bous al Carrer.

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