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Carlos Bueno - 05/01/2016

2016 abre la puerta a la esperanza. La esperanza de que la tauromaquia se afiance por sí misma, sin necesidad de apoyos y a pesar de los escollos. El entramado taurino sabe que el futuro del sector pasa por fortalecer sus cimientos, y no existe más solidez que un negocio sano que levante expectación y admiración, que atraiga al público en masa y que ofrezca una vibración singular y mayúscula. No vale “más de lo mismo” y, a pesar de que las figuras del toreo se han ganado su estatus con todo merecimiento, la Fiesta precisa abrir el escaparate, anunciar nombres nuevos que den continuidad al espectáculo. La renovación del escalafón es una necesidad imperiosa que aportará variedad y constituirá un estímulo para que aquellos que creen haberlo visto todo y también quienes se resisten a pagar por ver a “los de siempre” vuelvan a sacar su entrada.

Parece que así lo han entendido los empresarios que ya están organizando las primeras ferias del año, para las que suenan nombres como Roca Rey, López Simón, Paco Ureña, José Garrido, Diego Urdiales… alguno de ellos toreros a los que les ha costado demasiado que les dejen un resquicio por el que introducirse a pesar de su indiscutible crédito. El sistema, los vetos, los intereses… sea lo que fuere no era justo para ellos ni para los aficionados que los carteles no les anunciaran.

Tendrá atractivo ver ante la oportunidad que reclamaban y merecían a los jóvenes con hambre de triunfo, a los valores sólidos poco placeados y también a hombres a los que la sensibilidad obligaba a contratar -caso de David Mora o Jiménez Fortes-, que ahora deberán dar la razón a las voces que se alzaban requiriendo su presencia en el circuito. Sin duda, que alternen junto a los matadores consagrados será uno de los grandes alicientes de la temporada 2016, un año clave en el que nada debe fallar para que los tendidos rebosen de público, el mejor argumento para desdeñar apoyos y superar escollos.

Y al atractivo que supone la llegada de savia nueva al registro de matadores, hay que unirle el buen momento que atraviesan varias de las ganaderías de más renombre del campo bravo, alguna de ellas denostadas por ciertos aficionados. Hierros que han demostrado que la casta tiene múltiples manifestaciones y que la variedad de su expresión es fundamental para desterrar la monotonía de las plazas. Garcigrande, Fuente Ymbro, Alcurrucén, Núñez del Cuvillo… son algunas de las divisas que mejores encierros lidiaron la última campaña. Y junto a ellas las de Adolfo Martín y Miura, que aportaron ejemplares excelentes a lo largo del año demostrando que la emoción de la bravura no debe etiquetarse y que acepciones tan simples como ganaderías “comerciales” o “toristas” están trasnochadas.

Sin duda los ingredientes para que 2016 sea una temporada atrayente e ilusionante son óptimos. De momento se ha abierto la puerta a la esperanza. Ahora sólo cabe esperar que toros y toreros estén a la altura de la expectación. El afianzamiento de la tauromaquia depende en gran medida de ello.

 

 

 

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