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Carlos Bueno - 09/05/2017

La finca “Les Ermites” está en zona abrupta, en el término municipal de la población castellonense de Borriol. Allí instaló Daniel Ramos su ganadería porque allí tuvo su padre la primera vacada familiar, una punta de ganado dedicado a los festejos populares de la zona. Seguir con la tradición paterna era la ilusión de Dani, algo que consiguió gracias a su desmesurara afición y al necesario golpe de suerte en los negocios. Dice que es su único capricho, su adicción exclusiva, y en ello invierte tiempo y dinero con el beneplácito de su familia que junto a él padece y disfruta de la pasión por el toro.

No es fácil manejar el ganado en la sierra borriolense, pero nada se le resiste a la inquebrantable voluntad de Daniel Ramos que paulatinamente ha ido adquiriendo terrenos colindantes y adecuando mangas y correderos para mover a los toros y a las vacas con la mínima comodidad necesaria. En la finca siempre hay algo que hacer, que mejorar, que emprender. Eso significa un importantísimo desembolso económico, un pozo sin fondo que nunca colma. Pero todo lo da por bien empleado cuando sus ejemplares embisten hasta el final, como a él le gusta soñar.

La suya es la única ganadería de la Comunidad Valenciana perteneciente a la Unión de Criadores de Toros de Lidia, pero eso no da ninguna garantía. Así que va poco a poco con su finca y con sus anhelos. Sabe que el negocio taurino está montado de tal forma que no se puede resbalar ni una sola vez si quiere seguir en pie, que tiene que asegurar al máximo el buen juego de sus erales para que le compren novilladas, y que los utreros han de tener calidad si quiere vender toros. Y ojo, que éstos sean buenos para que el año siguiente pueda volver a anunciarlos. Ser figura del toreo es prácticamente imposible, pero ser ganadero de ferias no lo es menos.

Daniel Ramos tomó antigüedad en Madrid hace dos años, convirtiéndose en el primer ganadero valenciano que lidiaba en Las Ventas. Le aprobaron todos los ejemplares enviados, ese fue el primer logro, y dos fueron aplaudidos en el arrastre, ese fue el segundo. Venía de triunfar en novilladas sin caballos y picadas, y la apuesta no falló. El año pasado lidió una corrida de toros en Teruel y este año tenía astados para dos festejos mayores. Pero varios toros se pelearon en el campo y algunos acabaron lastimándose, así que el número de ejemplares ya no es el suficiente y tendrá que conformarse con lidiar en Iniesta el próximo agosto. Paquirri, Jiménez Fortes y Rubén Pinar en el cartel, y en la mente la esperanza de éxito para alimentar la ilusión que da motivos y fuerzas para continuar trabajando, para seguir invirtiendo en el pozo sin fondo y encomendándose a la suerte confiando en que no haya bajas en el campo y con el anhelo de ver embestir a uno hasta el final. Sí, ser ganadero de postín es prácticamente un milagro, y en Castellón más.

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