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Carlos Bueno - 04/07/2017

La Feria de Julio de Valencia de 2017, compuesta por cuatro festejos, no anuncia a ningún rejoneador. En el mismo ciclo pero en 2014, con siete funciones en el cartel, se celebró una corrida de rejones y además una mixta con Pablo Hermoso, El Juli y Perera. Los dos años siguientes sólo se organizó la mixta y en esta edición el toreo a caballo ha desaparecido por completo. El número de espectáculos del arte de Marialva ha ido descendiendo alarmantemente en los últimos años. Es tendencia general, no solamente de Valencia. Sevilla ha pasado de dar dos festejos de este tipo a sólo uno. Ecuextre, la feria del caballo y el toro de Badajoz, se ha quedado sin corrida de rejones, lo mismo que ha sucedido en Jerez, la Feria del Caballo por excelencia, qué paradoja.

El año pasado se celebraron en España 172 festejos de rejones (incluyendo lidia de toros y novillos), 12 menos que la temporada anterior y 63 menos que hace sólo cinco años. 58 fue el número de corridas mixtas con rejones en 2016, 19 menos que la campaña precedente. Las estadísticas no engañan por sorprendentes que parezcan, y más teniendo en cuenta que, aparentemente, y quizá por constituir una minoría dentro de las combinaciones de cada feria, los espectáculos de rejoneo suelen concitar el interés general de un público fiel.

La nómina de matadores inscritos en el Registro de Profesionales Taurinos es de 823, aunque la última temporada sólo 171 hicieron al menos un paseíllo. La lista de toreros a caballo es inferior en apenas poco más de la mitad: 405, de los cuales 110 actuaron en alguna ocasión en 2016, una cifra próxima a la de los matadores de a pie. Sin embargo los espectáculos de rejones únicamente representaron el 10’8% del total de los festejos taurinos celebrados el año pasado.

El panorama no es halagüeño para el sector del toreo a caballo. En este momento sólo el 27% de los profesionales del rejoneo consigue algún contrato y a este paso, si sigue creciendo el escalafón y decreciendo las oportunidades, el problema puede ser más grave de lo que parece. Más oferta y menos demanda, lo que significará un aumento de la competencia desleal y una disminución en las cotizaciones, y a ver quién les explica a los equinos que deben comer menos, enfermar menos y lesionarse menos; a los veterinarios, a los mozos de caballerizas y a los transportistas que han de cobrar menos; a las gasolineras que hay menos dinero para combustible, y a Cristóbal Montoro que pagar los impuestos de las fincas comienza a ser más complicado.

Ahora las primeras figuras del escalafón de los jinetes apenas superan la treintena de corridas toreadas por temporada, mientras que hace diez años fácilmente doblaban la cifra. Así que urge buscar soluciones. Les urge a los rejoneadores si quieren seguir ejerciendo. Han de unirse para pactar y cumplir una normativa que ponga en valor la ceremonia de alternativa, que cree diferentes escalafones y que evite intrusismos. Y si de verdad el rejoneo tiene el tirón popular que siempre se ha defendido, han de encontrar las vías de presión para volver a tener cabida en las ferias sin que se especule con su caché. O eso, o el rejonazo será definitivo. 

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