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Carlos Bueno - 24/05/2016

Los vociferantes han vuelto a ganar la batalla, y a este paso acabarán ganando la guerra. Esa minoría que se mueve como pez en el agua a través de las redes sociales y que gracias a una estrategia magníficamente planeada acaba incidiendo en las decisiones de nuestros gobernantes lo ha conseguido de nuevo. En esta ocasión ha sido el Toro de la Vega; adiós a una manifestación taurina ancestral en la que un hombre con la única defensa de una lanza se enfrenta cuerpo a cuerpo con un torazo y que reúne cada año a más de 40.000 aficionados frente a los 200 activistas que se manifestaron en la última edición.

Quien piense que haber perdido la celebración de Tordesillas es un mal menor está equivocado. La táctica de los antis es ir finiquitando todos y cada uno de los festejos populares, pero no de golpe sino poco a poco, uno a uno. Pretenden debilitar la tauromaquia a base de cargarse la afición para que, en un futuro nada lejano, los toros sean historia. "Ahora, después de romper las lanzas, lucharemos por la prohibición de todos los festejos con animales", escribía el Partido Animalista más significativo en su cuenta de Facebook. Blanco y en botella: poco a poco, uno a uno hasta lograr su objetivo.

Ahora ha sido el PP de Castilla y León el que ha sucumbido a la petición de los antitaurinos porque puede más su constante e inagotable machaqueo que las razones que se puedan esgrimir a favor de los toros. Y es que a los políticos no les importa su impacto económico ni su incidencia en la importantísima creación de puestos de trabajo. No les interesa su valor medioambiental y ecológico. Ni si quiera les preocupa defender los derechos y libertades del pueblo. Lo único que les afecta es el martilleo de quienes pretenden imponer sus ideas bajo la fórmula del agotamiento, de quienes no se cansan de enviar protestas a los Organismos oficiales y al final acaban saliéndose con la suya, máxime cuando la pasividad es la norma habitual de la mayoría de aficionados.

A las ONGs ecologistas, tras las que se escudan gran parte de los activistas antis, se les permitió entrar en las altas esferas de las Instituciones y ahora gozan de financiamiento y de poder. Según datos que publicó en marzo de 2015 la revista Jara y Sedal, en España hay un millón de cazadores con licencia por tan sólo 180.000 ecologistas censados. Sin embargo, en el Consejo Asesor de Medio Ambiente no hay representación de los cazadores y sí cinco puestos ocupados por ecologistas.

A pesar de la crisis y de los recortes, en 2012 el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente entregó 2’1 millones a SEO BirdLife para dar a conocer la Red Natura y 500.000 euros más para estudiar su etiquetado. En 2013 el Gobierno le dio el Control de la Oficina de Anillamiento a SEO BirdLife y le ingresó 2.326.825 euros públicos. ¿Se controlan las subvenciones públicas concedidas a ecologistas? Sonia Castañeda, directora de la Fundación Biodiversidad, no quiso responder a las preguntas formuladas sobre este tema por la revista Jara y Sedal.

En 2014 Ecologistas en Acción se llevó 130.000 euros de la Fundación Biodiversidad para seguimiento de la política medioambiental, y ese mismo año el Gobierno entregó 25.000 € a SEO Birdlife, Ecologistas en Acción y WWF España para fomentar su participación en el Consejo de Parques Nacionales.

En esa misma época la Universidad de Málaga destapó que el informe de SEO BirdLife para acabar con el silvestrismo en España carecía de validez científica, papel mojado por el que el Gobierno pagó a la ONG 60.000 euros del dinero de todos los españoles. A pesar de todo SEO BirdLife sigue siendo uno de los asesores del Gobierno en materia medioambiental.

En ningún sitio pone que estas ONGs sean antitaurinas, pero antis y ecologistas suelen ir de la mano como si ser amante de la naturaleza y los animales fuese una exclusiva suya. Lo dicho, quien opine que perder un festejo popular no es definitivo está equivocado. Frente al poder y la incidencia que han alcanzado los activistas en la opinión pública y en los despachos poco puede hacer el pataleo de un puñado de aficionados. Hay quien opina que es el momento de fundar un nuevo partido político. Yo no lo creo, es más, pienso que la tauromaquia, como tantas otras cosas, debería estar totalmente despolitizada. Otros aluden a una huelga general, y la mayoría apunta a un mayor fortalecimiento del organigrama taurino desde dentro. Esa debería ser la solución que habría que empezar a estudiar desde ahora mismo.

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