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Carlos Bueno - 22/12/2015

Tras la celebración el pasado domingo de las Elecciones Generales, en España se abre un panorama político delicado. Con la incertidumbre de quiénes, y sobre todo de cómo, gobernarán este país tras el plebiscito, crece la desconfianza en el sector taurómaco. Nadie se atreve a aventurar el respaldo futuro que los políticos puedan dar o denegar. Quizá porque, en general, los diferentes partidos han escondido estratégicamente sus intenciones al respecto a lo largo de la campaña electoral.

Tampoco nadie les ha pedido cuentas. La esperada y necesaria Fundación del Toro de Lidia, que nace con el ánimo de aglutinar todas las voluntades de los profesionales taurinos, realizó su primer comunicado sólo un par de días antes de las votaciones, sin tiempo para reunirse con los políticos candidatos al poder y exigirles que retrataran su posición sobre la Fiesta. Es sorprendente que se haya dejado para tan tarde su puesta en funcionamiento y que, además, en ella no tengan cabida los aficionados, verdadero sustento del espectáculo. Habrá que tener fe y esperar que esta fundación, de algún modo, acoja a cuantos tuvieron la feliz iniciativa de defender los toros con anterioridad, caso de la Plataforma para la Defensa de la Tauromaquia, la Asociación Internacional, la Unión Taurina de la Comunidad Valenciana, la Plataforma de Acción Ignacio Sánchez Mejías… y un largo listado de peñas y clubs con sobrada afición y ganas de trabajar pero con escasa capacidad de unir fuerzas en un solo grupo.

De cualquier modo, se antoja necesaria una fusión de todos estos colectivos en una sola organización. No parece factible que el nuevo ministro encargado de la materia se tenga que reunir con decenas de asociaciones distintas para tratar un mismo fin. No es serio.

En los últimos tiempos la crispación social ha invadido nuestra sociedad. La situación laboral y económica de muchos ciudadanos les ha puesto en estado de nervios y el ejemplo que han dado demasiados políticos, con actitudes chulescas, prepotentes y hasta groseras, ha hecho el resto para que el insulto, cuando no la violencia, haya sido una constante en nuestro día a día. Para muestra la lamentable agresión sufrida por Rajoy en Pontevedra. Es necesario volver a la normalidad, que no es otra que el diálogo dentro del respeto, la educación, la calma y la legalidad. Y precisamente promocionar y divulgar la tauromaquia y defenderla desde su legitimidad es una de las tareas que debe acometer con celeridad la Fundación.

Entretanto, la más que posible reaparición de David Mora casi dos años después de su aterradora cogida, y la cornada prácticamente mortal sufrida el pasado jueves en la Monumental de Méjico por Mauricio Kingston, nos recuerdan la dureza de esta profesión apasionante en la que todo lo que ocurre sobre la arena y frente al toro es de verdad, la verdad que queremos escuchar y necesitamos que se cumpla, en los despachos de los políticos y en las oficinas de los taurinos.

 

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