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Carlos Bueno - 25/07/2017

Hace una quincena de años estuve en el callejón del coso de Valencia con María Abradelo, conocida presentadora de televisión que había sido invitada a ver un festejo de la feria de Fallas. Ante la imposibilidad de que la acompañara el empresario de la plaza, éste me pidió el favor de que fuese yo quien permaneciera junto a ella explicándole los avatares de una tarde de toros. Aunque yo jamás he sido partidario de ocupar un puesto de callejón, accedí por tratarse de una compañera a la que conocía. De principio a fin de la corrida nos mantuvimos tapados con la máxima discreción tras un burladero, hablando siempre en voz baja y sin osar a salir de la barrera ni por un segundo.

A pesar de todo, al terminar la función José Luis Benlloch, reputado periodista con quien entonces yo trabajaba en la revista Aplausos y en la televisión y radio valencianas, me llamó la atención para reprender mi estancia en lugar tan especial. “Elige: arriba o abajo”, en el tendido o en el callejón, se refería. “Si quieres dedicarte a la información taurina ese no es tu sitio”, fueron exactamente sus palabras pronunciadas de forma seria y grave. Me hizo sentir muy mal porque no era mi intención haber estado allí y porque, además, yo había intentado por todos los medios pasar totalmente desapercibido. Pero Benlloch tenía razón y yo lo sabía. Así que desde entonces no he vuelto a pisar el anillo de una plaza de toros. No todos opinan como yo, es evidente, y hay quienes gustan de permanecer en tan significado espacio, incluso algunos se hacen notar presumiendo de ello.

En el callejón de la plaza de toros de Valencia hay 34 burladeros interiores en los que se ubican unas 200 personas. 200 individuos en un callejón sin contar matadores, banderilleros, picadores, mozos de espadas, ayudas y alguacilillos, que todos ellos permanecen en pie en el pasillo. ¿Cuántos de los 200 seres deberían estar allí abajo? A mi entender sólo los profesionales, es decir, además de la gente del gremio taurino, el corralero, los areneros, los del arrastre, ciertos profesionales de mantenimiento, informadores gráficos, el delegado gubernativo, algunos políticos, contados invitados señalados y puntuales, y los ganaderos. Pero no, los ganaderos no están.

Tras indagar sobre la razón de su ausencia, averigüé que la Diputación sólo dispone de un burladero. Sí, aunque pueda parecer mentira la propietaria de la plaza únicamente posee una de las 34 barreras existentes. Me contaron que se solicitó un burladero más para ubicar a los ganaderos, pero la propuesta fue denegada. No cabe nadie más. En cambio tarde tras tarde hay compañeros de la prensa que no pintan nada allí. Es más, si de verdad quieren que su supuesta imparcialidad permanezca inmaculada no deberían estar departiendo con políticos, empresarios y toreros, y menos atreverse a dar indicaciones y a repartir abrazos.

No hay sitio para los ganaderos pero los amiguetes de quienes mandan en el callejón siempre tienen un hueco, y algunos políticos que van a dejarse ver también. Solución, que hagan un callejón más amplio donde quepan más invitados o que echen a todos los profesionales de allí. Que nadie piense que esta última sugerencia es tan descabellada. De momento ya han reducido el número de areneros, de empleados de plaza y de fotógrafos. Esos no hacen falta, mejor meter algún amiguete más. Uno de los días de la recién finalizada Feria de Julio un cámara de televisión fue a pedir un pase para grabar y le contestaron con el célebre “vuelva usted mañana”. Ese no era un invitado, sólo iba a trabajar. Tampoco cabía.

En fin, a mi entender todo esto es de vergüenza, tanto por parte de quienes tiran de amistades para conseguir acceder al callejón como por las autoridades que lo permiten. Las altas estancias de la Policía Autonómica y la Dirección General de la Agencia de Seguridad de la Generalitat Valenciana, de quienes depende el tema, tienen que poner orden en este asunto. El callejón es para los profesionales, y si hay periodistas, amiguetes y pelotas que quieren ocuparlo que se pongan a torear. Porque por su culpa, en 34 burladeros con capacidad para 200 personas, no hay sitio para ganaderos, ni para algunos areneros, empleados de plaza e informadores gráficos. ¿Es o no de vergüenza?

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