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J.C.M. - 19/06/2017

Otra vez, ha vuelto a pasar de nuevo. Iván Fandiño ha muerto a causa de una cornada de un toro de Baltasar Ibán en la plaza de Aire Sur L'Adour, al sur de Francia. Se apagaba la calurosa tarde del 17 de junio cuando llegaban las primeras noticias a través de las redes sociales, después la inquietud nerviosa de una compañera cercana al círculo personal del bilbaíno. Pensábamos que sería una cogida más de pronóstico grave de las muchas que estos chicos de hierro superan con la medicina del amor y la ilusión por un arte hermosísimo donde a veces, se muere. Minutos después la tristeza y el silencio se apoderaron de todos nosotros, Iván Fandiño muere en el hospital de Mont de Marsan. Un año después ha vuelto a suceder.

Más allá del desconcierto inicial, de lo absurdo de lo sucedido, del por qué de una muerte que quizá, solo Dios lo sabe, de haber ocurrido en otras circunstancias se podría haber evitado, del bochorno repetido en los patios sociales de quienes encuentran en el fallecimiento de un joven de treinta y seis años, padre de familia, la satisfacción que sus miserables vidas no les puede ofrecer o del debate gráfico más o menos ético de quienes tenemos el deber de informar e ilustrar, más allá de todo esto queda el dolor y el sentimiento íntimo de querer dejar definitivamente este mundo del toro tan feo e ingrato en ocasiones, las más, y tan bello para los sentidos y el corazón, magia pura, las menos. 

Belleza en una verónica, sentimiento en un muletazo, arrojo en una estocada. Hombría de quienes a veces se van y lo hacen para siempre y de todos, absolutamente todos, aquellos novilleros, toreros, banderilleros, picadores y demás profesionales que cada tarde, conscientemente, se quedan a tan solo un centímetro o una milésima de segundo de perderlo todo a cambio de nada, recibiendo el insulto y desprecio  de dentro y de fuera de la plaza, de los de arriba y de los de abajo.

Un abucheo, un contrato indigno, una crónica interesada o una oportunidad robada. Muchas son las formas del desdén propio de quienes se creen más que aquellos que exponen su vida para disfrute de los demás. Ahora que repentinamente Iván tendrá más amigos y seguidores que nunca vaya el pésame de quienes hacemos Burladero.tv a su familia y a los pocos que siempre estuvieron a su lado, ellos saben quienes son. 

Y al resto, entre los que me incluyo, reflexionemos sobre el abismo azul que se extiende infinitamente más allá de ese centímetro o milésima de segundo y obremos en conciencia.

DEP

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