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Variada de pelo y monótona de comportamiento, así fue la mansa corrida que Alcurrucén envió a Valencia para la quinta del abono fallero y que acabo imposibilitando el éxito de Padilla, Abellán y Urdiales.
Carlos Bueno.- Vídeo: Canal + - 17/03/2015
Jesús Camacho
Jesús Camacho

Uno tras otro fueron saliendo los seis toros de la tarde. Seis mansos en diferente grado. Desde el que se le adivinaba su condición en cuanto aparecía en el ruedo hasta el que hacía albergar esperanzas pero era mentiroso.

Seis decepciones que, paradójicamente, no irritaron a un público generoso y paciente, no sé si incluso pasota. Lo cierto es que la clientela se puso de parte de los toreros queriendo entender que ellos eran los damnificados, y no quienes pagan su entrada.

Poca historia tuvo el abanto que abrió festejo, que ya marcó su condición de salida y Padilla se negó a banderillear. Al de Alcurrucén le costaba tanto embestir que únicamente se dejó pegar un par de series estimables, y sólo porque el de Jerez se mostró muy tesonero provocando su embestida. Lo del cuarto fue una prueba de paciencia. Padilla se eternizó para clavar los tres pares de banderillas y aún pareció malgastar más el tiempo en lo que debería haber sido la faena de muleta, que únicamente estuvo  compuesta por una primera tanda de rodillas. Se paró el toro y el resto fue perder minutos, ir a tablas a por el estoque, quedarse a unos metros esperando a recibirlo, mirar al astado, mirar al tendido y, cuando por fin se decidió a montar la espada, el animal se dejó caer muerto por su propia mansedumbre y quién sabe si ayudado por el aburrimiento

También le costó un mundo arrancarse a embestir al primero del lote de Abellán, pero cada vez que lo hacía tenía dos o tres arrancadas con cierta transmisión. El torero madrileño, decidido y autoritario, insistió en su empeño hasta conseguir que el público valorase su actitud y entrega. Tres series aguantó el quinto de la tarde. Tres en las que, sin acabar de humillar, pareció codicioso. En la cuarta se paró y ahí desapareció cualquier atisbo de codicia. Para matar Abellán pasó un quinario.

 El tercero de la tarde fue otro toro agarrado al piso que regaló escasas embestidas y generalmente sin la continuidad necesaria para que la faena de Diego Urdiales tomase vuelo. Aún así el riojano tuvo la virtud de dejarle la muleta siempre puesta y robarle un par de tandas al natural muy asentado y con cierta profundidad. Tuvo chispa el epílogo de su quehacer pero finalmente marró con los aceros. Más intermitente si cabe surgió la faena al que cerraba festejo, un animal que nunca se empleó y que topaba más que embestía. Urdiales puso mucho empeño pero consiguió poca limpieza.

 

Ficha del festejo

17 de marzo, 5ª de Fallas. Media entrada. Toros de Alcurrucén bien presentados y mansos en distinto grado.

Juan José Padilla: saludos tras aviso y saludos.

Miguel Abellán: vuelta al ruedo tras petición y silencio.

Diego Urdiales: saludos tras aviso y silencio tras aviso.

 

ASÍ SE LO CONTAMOS TORO A TORO

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