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Curro Díaz deja lo mejor de la tarde al natural, en un deslucido encierro de Montalvo.
Lucía Fuente León - 15/05/2017

La RAE define la exigencia como la “acción y efecto de exigir”; y exigir, a su vez, como “pedir imperiosamente algo a lo que se tiene derecho”. También se puede hablar de exigencia como una necesidad. Necesidad de toros, en este caso. Derecho y necesidad (sirven cualquiera de las dos) que manifestaron los aficionados que llenaron los tendidos de Las Ventas en el quinto festejo de la Feria de San Isidro.

Se presentaba para el día del patrón un cartel con tres toreros muy del gusto de la afición. Pero Madrid no regala nada (por eso es la primera plaza del mundo) y hasta los más pretendidos tienen que pasar un escrutinio.

Exigió el público madrileño a Curro Díaz en el cuarto de la tarde; justo donde se vio lo mejor del festejo. Empujó el animal en el tercio de varas y tuvo repetición y movilidad en la muleta. Sin terminar de entregarse por completo, el de Montalvo hizo que el diestro jienense se encajase para firmar una torera faena, ejecutada al completo por el pitón izquierdo, en la que destacaron los largos y templados naturales que Curro fue exprimiendo, uno a uno y con los vuelos de la muleta, hasta que el toro se fue desluciendo. A la hora de la verdad la espada cayó defectuosa y el público, muy exigente en la tarde de hoy, recriminó al de Linares con algún que otro pito. El toro, por su parte, fue despedido con una ovación. Ancho de sienes fue el abreplaza al que el andaluz recibió con un gustoso saludo a la verónica y una templada media como remate. Embistió con las manos por delante el de Montalvo y salió suelto del caballo, yéndose sin picar al tercio de banderillas donde Lebrija fue cogido en el suelo tras desequilibrarse a la salida de un par. Después de brindar al Rey Emérito, Juan Carlos I, Curro Díaz se fue directo a los medios y comenzó allí a torear en redondo sobre la mano derecha, dejando pinceladas con buenos muletazos. Faena breve del torero jienense ante un toro noble y justo de fuerzas que terminó saliendo con la cara arriba. Mató de una estocada muy atravesada y otra entera tras la que tuvo que hacer uso del descabello. Fue silenciado.

Existe una exigencia exterior y otra, no menos importante, interior. Esa es la que hace a los toreros jugársela y dar el pecho sin importar las consecuencias. Una responsabilidad personal con la que Paco Ureña afrontó la lidia del quinto después de que el de Montalvo lo arrollase contra las tablas en el recibo con el capote. Con la pierna lastimada y cojeando, el murciano cogió la muleta para comenzar su actuación con firmes estatuarios. Meritoria actuación del diestro de Lorca que, a pesar de las dificultades físicas, supo estar frente a su noble oponente y sacarle una ligada serie por la derecha. Ureña demostró una vez más que la verdad y la raza son sus máximas. Cayó fea la estocada, que hizo guardia tras el pinchazo, y fue silenciado. En los medios y con los trastos en la mano izquierda se dispuso el torero murciano para torear al segundo de la tarde. En una primera serie se colocó de frente y de verdad, pero el de Montalvo no sacó casta ni fuerza por ese pitón. Por el derecho, sin embargo, la condición del astado mejoró. Se movió y repitió sin doblar las manos durante un par de series en las que el de Lorca consiguió varios muletazos con buen son. Pero duró poco más y cayó tras una estocada que hizo guardia y un golpe de descabello.

También tuvo que pasar un riguroso examen López Simón, con una cuadrilla que destacó durante la lidia del tercero, con Tito Sandoval aplaudido en varas y Jesús Arruga y Domingo Siro desmonterados tras el tercio de banderillas. Fue noble el castaño de Montalvo, que acudió repetidor a cada cite con la muleta pero que acusó una falta de fuerzas durante toda la lidia. Pudo ser eso, y la poca entrega del público, lo que hizo que la faena nunca tomase vuelo a pesar de la disposición del torero. Buena actuación por el pitón izquierdo con largos muletazos de calado. Fue bravo en su muerte ‘Carcelero’, que tardó en caer después de una estocada trasera y desprendida e hizo sonar un aviso. El madrileño fue silenciado. En la última faena exigió hasta el toro que, aunque pronto y repetidor, tuvo una desigual embestida con la que el de Barajas tuvo dificultades de acople. No tardó el diestro en ir a por la espada.

Ficha del festejo:

Plaza de toros de Las Ventas (Madrid). Quinta de la Feria de San Isidro. Casi lleno. Toros de Montalvo, desiguales de hechuras y deslucidos en líneas generales, para Curro Díaz, Paco Ureña y López Simón.

Curro Díaz (de turquesa y oro), silencio y leves pitos

Paco Ureña (de azul pavo y oro), silencio y silencio

López Simón (de tabaco y oro), silencio tras aviso y silencio

Así se lo contamos TORO A TORO

FOTOGALERÍA

DETALLES de la 5ª de San Isidro

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