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Si le preguntan a los novilleros de esta tarde por el balance de la misma, lo más seguro que su respuesta sea: “novillada para el olvido”, menos Emilio Bresó que tuvo la suerte de toparse con un quinto que embistió.
Raquel Montero - 16/09/2017
Raquel Montero
Raquel Montero

Si le preguntan a los novilleros de esta tarde por el balance de la misma, lo más seguro que su respuesta sea: “novillada para el olvido”, menos Emilio Bresó que tuvo la suerte de toparse con un quinto que embistió. Un oasis entre tanto desierto. Siempre dicen que no hay quinto malo, y en esta ocasión así fue. La historia pudo cambiar, porque desde luego podría escribirse historia de un encaste que no se deja engañar.

Dentro de tanto desierto, el aficionado que se congregó para disfrutar de una tarde en la que había mimbres de sobra, para ver un toreo de calidad, se tuvo que ir del coso con un sabor agridulce. Tan sólo tres orejas se cortaron a lo largo de la tarde, y fue en el ecuador de la novillada. Mucho peligro los novillos de Buendía. El “¡uy!” era la voz que se alzaba en el tendido cada dos por tres, en lugar del “¡olé!” que debería corear cada rincón de la plaza. Ya se sabe que el toreo es imprevisible, y cada tarde es diferente.

Verde color de la esperanza, así era el terno de los tres novilleros de esta tarde. Color por el que apostaron para enfrentarse a sus enemigos, esos santa colomas que imprimían respeto, porque tan solo su capa, ya es sinónimo de tener ese aire de picante, pero a estos les faltó esa casta de toro bravo. Aunque se desentendían de la muleta pero ojo, no había que perderles de vista ni descubrirse ya que a la mínima se colaban para enganchar. O sino que se lo digan a Pablo Aguado o a Emilio Bresó que en el primero y segundo han estado a merced de los pitones de sus enemigos.

Si hablamos de avisos la tarde ha estado plagados de ellos puesto que aparte de no poder torear a gusto, ya que en el segundo muletazo salían con la cara en alto, para matar han sido imposible, había que lanzarse al vuelo y pillarlos desprevenidos, que sino no se dejaban.

No todo ha sido negativo, también se han visto las buenas maneras de Pablo Aguado, esa templanza y saber estar ante sus dos enemigos. La calidad de sus muletazos y la personalidad a la hora de torear. Por ello ha cortado una oreja en el cuarto.Por su parte, Ángel Téllez tan sólo se ha podido lucir en el tercero dejando un buen comienzo de faena con temple, ya que con el sexto ha quedado prácticamente inédito.

Emilio Bresó cuajó la mejor faena de la tarde con el que salió en quinto lugar. Asentó las zapatillas y le conjugó tandas por ambos pitones dejando su sello amanoletado impreso en el albero. Manoletinas de cierre como sólo él sabe dar. Estocada que le sirvió el corte de las dos orejas. En su primero nada que destacar puesto que la condición del novillo fue nula.

Ficha del festejo

Pablo Aguado, saludos en el tercio tras aviso y oreja

Emilio Bresó, silencio tras dos avisos y dos orejas

Ángel Téllez, saludos desde el tercio y silencio tras aviso.

Se lidiaron seis novillos de la ganadería de Joaquín Buendía descastados salvo el quinto. 

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