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Garrido y Ginés Marín sin opciones
Paco Martínez - 14/10/2016
Joël Buravand
Joël Buravand

El soporte de la fiesta es el toro, el leitmotiv de la tradición taurómaca, la esencia de la afición a un arte singular y único; por eso,  cuando éste desaparece, nos quedamos sin argumentos para sostener el espectáculo. Dicho lo anterior, parece obvio que la crónica que sigue a la introducción descrita se va a quejar de la falta del elemento clave de la fiesta, del pilar que sostiene la estructura argumental de la tauromaquia: el toro, ya que eso es precisamente lo que ha ocurrido hoy en Zaragoza con los ejemplares de Daniel Ruiz, de decepcionante juego por mansos y faltos de clase y causa principal de que la tarde de hoy se viniera abajo. Un encierro que se ha completado con dos ejemplares de La Palmosilla, uno manso a rabiar que ha salido como sobrero en segundo lugar y otro que completaba el encierro titular que ha saltado al ruedo como primero y que a la postre ha sido el único que ha servido para torear, por la clase demostrada y por lo bravo que ha sido, pues aún con una mano lesionada ha embestido por abajo y le ha dejado a Perera practicar la tauromaquia que lleva dentro, llena de temple y poderío, motivo por el cual el aficionado ha podido sentir la grandeza del toreo de mano baja y dominio en estado puro. Gracias a esa embestida limpia y noble del de la Palmosilla, el extremeño ha podido desgranar una faena llena de matices con la base de la pureza y por lo cual se ha llevado una merecida oreja.

Con el cuarto la cosa ha cambiado al sortear un astado ilidiable porque no quería embestir y mira que el torero lo ha intentado una y otra vez, pero cuando las cosas son imposibles ni el mismísimo Gallito resucitado.

La tarde se acabó en el primero y Garrido que venía a Zaragoza con la mano herida después de su épica tarde en Madrid poco ha podido hacer ante dos ejemplares que por manso el primero y por renuente a embestir el segundo le han impedido mostrar el toreo que siente. Lo ha intentado siempre y hasta se ha llevado una fea voltereta del cobarde sobrero de la Palmosilla por querer justificarse ante el público de la Misericordia.

Ginés Marín era esperado en Zaragoza, plaza donde tuvo importantes triunfos de novillero, pero al igual que su compañero se ha estrellado ante un muro de falta de fondo y clase. Nos ha puesto la piel de gallina con la arrucina de rodillas para iniciar faena ante el tercero, un animal parado que transmitía poco aunque llevase el morro por el suelo y en el quite por gaoneras al segundo. Ante el sexto, Marín ha podido torear al natural a gusto en una tanda, pues luego el toro ha echado el freno de mano dando al traste con las ilusiones del torero y dejando al aficionado con hambre de toros. 

Ficha del festejo:

Miguel Ángel Perera, oreja y silencio

José Garrido, ovación y silencio

Ginés Marín, ovación y silencio

Así se lo contamos TORO A TORO

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