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La faena más emocionante de la “Semana te Toros de Algemesí” llevó la firma de Varea, que cortó un rabo al último novillo para lidia a pie de la feria. Álvaro Lorenzo dejó una magnífica impresión ante un encierro de Cuvillo que lidió dos buenos ejemplares a los que faltó un ápice de fuerzas para ser extraordinarios.
Carlos Bueno.- Vídeo: Jesús Camacho - 26/09/2015

Tuvo que salir el último novillo para lidia a pie de la feria para que llegase la emoción más pura. Y gran mérito de ello fue del castellonense Varea, que se las vio con un ejemplar de Cuvillo de excelente condición pero al que le faltó un ápice de fuerzas para acabar de romper para delante, algo de lo que también padecieron sus hermanos. Poco pareció importarle eso al de Almazora que, después de saludar a su antagonista con extraordinario gusto y ritmo a la verónica primero y después por delantales, salió a revienta calderas a faenar de muleta. Sí, salió con toda la garra imaginable, poniéndolo todo de su parte, con hambre de éxito pero sin aceleraciones, sin salirse de su patrón, siempre intentando hacer el toreo bueno de muleta por abajo y trazo largo.

Había iniciado su quehacer pretendiendo llevar a cabo una primera serie de rodillas en redondo, de la que tuvo que desistir después de que el animal le pisara la muleta en un imposible molinete. Provocó y tiró con autoridad del Cuvillo una vez en pie. Al natural el astado se quedó más corto, pero Varea supo aguantar parones sin que le cambiase el semblante hasta rubricar la tanda con uno de pecho de auténtico libro, muy en redondo, muy toreado. Lo percibió toda la plaza, las 4.000 almas que rebosaban los tendidos pendientes de un hombre que se entregaba sin reservas. Si se paraba el novillo se arrimaba más él, entre los pitones en pie o de rodillas, pero siempre buscando que la emoción no decayese. Y lo consiguió.

Lo suyo fue más que oficio, más que alardes; fue actitud, voluntad y acierto envuelto en torería. No mató bien el de Castellón, pero la plaza a esas alturas era un clamor y la petición de rabo fue atendida por un palco fácil, algo que no resta importancia a lo llevado a cabo por un Varea roto de tanta entrega.

Y es que la generosidad presidencial volvió a ser cualidad sobresaliente en Algemesí. El criterio ha bailado cada día de feria según quien ocupase el balcón de autoridades. “Cuidadito con lo escribes, me increpó el asesor artístico al finalizar el festejo”. Es cierto que hace unos días publiqué que hay asesores que no valen para serlo. Y hoy me ratifico. Según este asesor, no es culpa suya que haya días que la concesión de orejas provoque sorna, puesto que los presidentes no siguen sus consejos. Por lo tanto, un consejero a quien no se atiende no hace falta. Y si, por el contrario, éste instiga a que se regalen trofeos sin el mínimo mérito, tampoco sirve para el cargo. La tauromaquia necesita gente seria, que sepa qué rigor aplicar según el coso que ocupa pero que dé una seriedad mínima al toreo.

Una de esas orejas sin historia detrás se la habían dado al mismo Varea tras pasaportar al primero de su lote, un animal que topaba, no pasaba, protestaba, por supuesto que no humillaba. Ante él sólo cabía intentarlo, justificarse. Y eso fue lo que hizo el torero, que buscó soluciones inexistentes huyendo de efectismos.

Con una oreja en el esportón se marchó Álvaro Lorenzo, que dejó una impresión inmejorable, gracias sobre todo a su actuación frente al que abría plaza. Novillo con calidad pero al límite de las fuerzas que requería de un temple exquisito. Y de esa medicina le dio el toledano. Suavidad máxima, ni una sola brusquedad, provocando que el astado se arrancase sin toques, sin violencias, simplemente con una colocación exacta. En Algemesí Lorenzo se mostró como un torero de ideas claras que tapó su técnica con una torería excelsa.

Sorteó un segundo ejemplar muy descastado al que castigaron demasiado en varas. Quizá por eso pronto se refugió en tablas negándose a embestir.

La tarde tuvo también en la actuación de Raúl Martí uno de sus momentos álgidos. El de Foios bregó con eficacia al segundo y clavó dos magníficos pares de banderillas al cuarto; el primero de ellos sencillamente espectacular, dejándose ver, caminando con torería hasta conseguir que el novillo se arrancase, cuadrando en la cara, entre los pitones, y clavando en todo lo alto. Una delicia de ejecución y de colocación. Lo bien hecho siempre emociona, a pesar de quienes puedan opinar que “todo vale”.


Ficha del festejo:
Algemesí, 26 de septiembre. 8ª de Feria, lleno. Novillos de Núñez del Cuvillo, buenos 1º y 4º, deslucido el 2º y descastado el 3º.

Álvaro Lorenzo: oreja y saludos.

Varea: oreja y dos orejas y rabo.

 

VÍDEO: JONATHAN VAREA, 2º NOVILLO

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