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Darío Juárez - 28/05/2016

"Veinte años de mitos mal curados, dibujando Dieguitos y Mafaldas..."

Cuenta la leyenda que existía una plaza, llamada la de Las Ventas, que tenía una gran feria allá por el mes de mayo en honor al patrón de la ciudad: San Isidro. Cuenta también, que en aquellos años existían toreros de toda índole y tauromaquias diversas. Contaba con las conocidas figuras del toreo, las auténticas figuras intachables del toreo. Esas que en cada feria, su afán de superación era lidiar mínimo dos encastes distintos porque lo veían necesario para el beneplácito y el gusto del aficionado. Esas figuras que interiormente y en el terreno personal eran amigas y compartían todo: amigos, contactos, vacaciones, viajes...Que se lo digan a Joselito y a Belmonte, cuando se veían obligados a bajar por distinto vagón de camino a una ciudad, por miedo a que los aficionados creyeran que viéndoles juntos, de compadreo, fuese el detonante para entender, que ahí finalizaba la rivalidad más grande y más destacada de la edad de oro del toreo.

Ahora no. Todo ha cambiado. La mayoría de las figuras sólo llenan plazas por su nombre, y no todas. Revientan carteles de expectación en la taquilla para caer abocados a la auténtica decepción. Una faena no se puede traer hecha del hotel. El toro no va a salir siempre noble, repetidor, haciendo el avión...No señores, estamos muy confundidos. El toro bueno de Albaserrada, de Juan Pedro, de Atanasio, de Nuñez (...) le torea cualquier matador. Con más o menos técnica, con más o menos poder y mando. pero al fin y al cabo cualquier profesional. Ahora bien, el toro malo de cualquier sangre hay que saber dominarlo, hay que saber entenderlo, y no sólo eso, hay que saber torearlo. 

A día de hoy sin contar a Ponce y José Tomás que no hacen guerra con nadie, el único torero del podium superior, capaz de anteponerse a todo esto: al toro malo, a la mansedumbre, a las ventajas etc, es Alejandro Talavante.

Pasamos página y nos encontramos con otro episodio de la leyenda de esta plaza: el ganado.

De 31 festejos que posee la feria, sólo sale una corrida completa. Y no del todo. ¿Cómo puede ser?. Ganaderías punteras, con un historial reciente y envidiable. Llegan a Madrid y se caen los mitos. La deprorable manipulación en los corrales. Las idas y venidas de camiones como Pedro por su casa a gusto de dos o de tres toreros. La falta de presentación de las reses como sueltas de bueyes con 650 kg y con menos cara que un carnero. O a la inversa, un veleto tísico. Basta de destartalados, basta de determinaciones a espaldas del de el tendido ¿Qué estamos vendiendo?

Año tras año y cada día una sorpresa nueva.¿Cuántas faenas como la de David Mora de cerrada y cuántos toros se ven en Madrid como Malagueño?."No seas débil" le dijo la emoción a la fuerza y esta le respondió: "alégrame de una vez".

Aunque en aquellos años donde Madrid también era Madrid, la integridad del toro era vital para todo aquel aficionado que lo defiende, al igual que ahora.

Estamos de acuerdo, a que a un torero se le debe medir por sus capacidades que tiene delante del toro, pero en mayor o menor medida. Situándonos en los años de alternativa, las veces que ha pisado esa plaza y en una balanza, poner el baremo preciso de la edad y la madurez con la que se enfrenta al toro de Madrid. Que no es cualquiera.

Espero que no se hable de que los jóvenes han tenido oportunidades en Madrid y no las aprovecharon. No señores, no se les puede meter el bajo igual a un torero consagrado que a uno que no lo es. No se pueden oir silbidos por hacer lancear o dar un muletazo de una manera o de otra. ¿No es libertad? Déjenlos. Protesten su falta de acople con el toro, el trapío del mismo, su fuerza o bravura pero que un condicionante, no sea el detonante de lo próximo.

Está claro que ninguno de ellos quiere que le toquen la franela y que la condición del toro, haga menos vistosos los trazos y el sitio o no, pero tampoco hay que reventar una faena de un chaval que se pegue un arrimón sin toro. Estamos de acuerdo que no es lo bonito etc etc, pero entiendan en cierto modo, que el torero en su cabeza, piense que quizás por lo que ocurra esa tarde sea el sí o el no, para volver a pisar la arena de esa plaza.

Narro todo esto en base a una leyenda, porque entonces había emoción, entonces había rivalidad sin consensos en el ruedo y a ciegas de lo que saliera por chiqueros. Sin engañar al que pasó por taquilla (y que es lógico que proteste) e hizo cola durante un largo rato, al sol de la calle Alcalá.

 

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