FERIA ÁNGEL 2025
Un novillero con temple y ambición: Pedro de la Hermosa se presenta en Teruel
El mundo del toreo está lleno de etapas, de rituales iniciáticos, de plazas que marcan un antes y un después. En esa senda exigente, uno de los pasos más significativos es la novillada sin caballos, donde los aspirantes a matadores de toros miden su valor, su técnica y, sobre todo, su alma torera. En el caso de Pedro de la Hermosa, joven novillero perteneciente a la Escuela Taurina de Guadalajara, ese momento ha llegado. El próximo mes de julio, debutará con luz propia en la Feria del Ángel de Teruel 2025, uno de los ciclos más emblemáticos del verano taurino aragonés. Su cita será frente a novillos de la ganadería turolense La Lucica, hierro de la tierra, con encaste Núñez, y carácter exigente.
En conversación con él, se advierte esa mezcla de responsabilidad, hambre y pureza que sólo los toreros que aún no han pisado la cima pueden transmitir.
"Debutar en una feria como la del Ángel, en una plaza con tanta historia como la de Teruel, es una oportunidad enorme. Cuando me lo comunicaron, sentí un nudo en el estómago. Es el momento que uno espera desde que empieza a soñar con esto, y me lo tomo como una prueba de fuego", afirma Pedro, con esa voz aún joven pero decidida, mientras se ajusta los machos de un capote de brega en el patio de su escuela.
La Feria del Ángel no es un mero festejo de provincias. Es una de las grandes citas taurinas del verano, con una personalidad bien definida y un público que exige verdad y entrega. Por su arena han pasado figuras del toreo y grandes promesas, y para un novillero sin caballos como Pedro, significa la primera estación seria hacia la consolidación profesional.
"Las novilladas sin caballos tienen una importancia tremenda. Pero para nosotros son como los cimientos de un edificio. Aquí te formas delante del novillo, te curtes, aprendes a aguantar la mirada, la embestida, el miedo. Es el primer gran compromiso con la profesión” explica Pedro, con la convicción de quien sabe que este tramo de aprendizaje no admite frivolidades.
A sus diecinueve años, este novillero de tez morena y mirada limpia ha demostrado en tentaderos, certámenes y clases públicas que no sólo tiene voluntad, sino también una expresión personal del toreo basada en el temple, la verticalidad y una búsqueda constante del toreo clásico.
"Mi concepto está muy influido por los toreros antiguos, por la pureza. Me gusta pararme, llevar al novillo toreado, sin trucos. Quiero emocionar desde la verdad, con un concepto que esté basado en el valor que haga que el público esté atento de todo lo que pase en el ruedo", comenta mientras describe con las manos una verónica imaginaria.
La preparación para Teruel está siendo intensa. Bajo la tutela de los maestros de la escuela, Pedro ha intensificado su entrenamiento físico y técnico, ha toreado en el campo y ha visualizado, una y otra vez, la plaza, su gente, sus tendidos.
"No He toreado nada de La Lucila, pero si lo he visto en alguna feria. Me han parecido animales con motor, con raza. No te regalan nada. Me gusta eso, que exijan. No me imagino mejor debut que enfrentarme a una ganadería de la tierra, con ese punto de responsabilidad que eso implica", reconoce con humildad, pero también con el brillo del que se sabe preparado para el envite.
Su entorno le describe como un alumno disciplinado, callado, muy observador. De los que aprenden más escuchando que hablando. Y quizás por eso, en su manera de torear hay algo reflexivo, como si cada muletazo estuviera previamente meditado, sentido, pasado por el alma.
"Soy consciente de que todavía me queda muchísimo por aprender. Pero también sé que estoy en el camino. En esta profesión, si no crees en ti, estás perdido. Yo creo. Y en Teruel, quiero demostrarlo", sentencia, como si ya estuviera frente a la cara del novillo.
El próximo mes, cuando Pedro de la Hermosa cruce el albero de la plaza de toros de Teruel, dejará atrás muchas tardes de entrenamiento, de silencios, de caídas y levantadas. Enfrente tendrá a su destino con la embestida de La Lucila, el juicio del público y el peso de la historia. Pero en ese momento, más que un debut, lo que se pondrá en juego es una declaración de intención.