ENTREVISTAS
Anselmo de Castro "Limo", la sombra leal de los Manzanares, abre su corazón antes de su jubilación
En el universo taurino, existen figuras que, sin vestirse de luces, son pilares fundamentales en la carrera de un matador. Son hombres de confianza, guardianes de secretos y testigos de excepción de la gloria y la hiel que encierra la Fiesta.
Anselmo De Castro "Limo" es una de esas figuras imprescindibles. Tras una vida dedicada en cuerpo y alma a los más grandes, primero junto al maestro Julio Robles y después como sombra inseparable de la dinastía Manzanares, se despide de los ruedos. A punto de iniciar una nueva etapa, comparte con nosotros sus vivencias, recuerdos y reflexiones en una entrevista cargada de emoción y verdad.
Limo, después de 25 años al lado de José Mari Manzanares hijo y toda una vida ligada al toro, llega el momento de la jubilación. ¿Cómo afronta este cambio?
Pues mire, con sentimientos encontrados. Llevo 25 años con José Mari, si Dios quiere me jubilaré en julio. Ya estoy cansado de tantos kilómetros, de tanto viajar. La edad ya no perdona, no son los kilos, es la edad lo que pesa.
Su trayectoria está íntimamente ligada a dos de las más grandes figuras del toreo. ¿Cómo se forja esa relación de confianza absoluta con la familia Manzanares?
Yo empecé con el maestro Julio Robles. A raíz de la cogida que tuvo en Béziers el 13 de agosto del 90, un año después, entré con él. La relación que tenía el maestro Manzanares padre con Julio Robles era muy buena, muy estrecha. De hecho, los hijos del maestro Manzanares lo llamaban "el tío Julio". Cuando falleció Julio, el maestro Manzanares me llamó para que fuera con él, y estuve un año. Después, cuando José Mari hijo empezó su andadura, me pidió que me fuera con él, y desde entonces hasta hoy.
Ha sido testigo de excepción de la preparación, la tensión y el silencio de los viajes. ¿Cuál diría que es el momento más duro para usted como confidente?
El momento más duro para mí es cuando torea José Mari. Lo paso fatal. Yo creo que en una corrida me fumaré un paquete entero de tabaco. En Madrid, por ejemplo, he entrado a verle contadas veces. El año de la faena del toro "Dalia", yo lo estuve viendo en la televisión de la plaza. El ambiente a veces no deja a los toreros estar con ellos mismos, y prefiero mantenerme al margen.
Vivió un momento histórico: el indulto de "Arrojado" en Sevilla por parte de José Mari Manzanares, algo que su padre, a pesar de su grandiosa carrera, no consiguió. ¿Cómo recuerda aquel día?
Fue un momento de una emoción indescriptible. He vivido muchas cosas: la retirada del maestro Manzanares padre, cuando José Mari hijo le cortó la coleta, el toro "Dalia" en Madrid... pero lo de Sevilla fue especial. Que su hijo indultara un toro en su plaza, la Maestranza, fue algo que, estoy seguro, al maestro le hubiera llenado de un orgullo inmenso. Más incluso que si lo hubiera conseguido él mismo.
Se habla mucho de las similitudes y diferencias entre padre e hijo. Usted que los ha conocido tan de cerca, ¿qué nos puede decir?
Las comparaciones son odiosas y a José Mari hijo no le gusta que lo comparen. Son muy parecidos, pero cada uno tiene su propia personalidad y su forma de torear. El maestro Manzanares, en sus últimos años, daba gusto verlo torear, parecía que bailaba. José Mari hijo escuchaba mucho a su padre, absorbía todos sus consejos. El padre le decía que había que ser buen torero y, sobre todo, mejor persona fuera de la plaza. Y eso es algo que José Mari lleva a rajatabla.
A lo largo de tantos años, habrá acumulado innumerables anécdotas. ¿Recuerda alguna con especial cariño?
Con José Mari hay mil vivencias. Viajes de miles de kilómetros, averías en la furgoneta, situaciones de todo tipo en la carretera... Pero quizás una de las más duras fue en un viaje a México con Julio Robles. Fuimos a ver una corrida de Ponce y a Julio le dio una neumonía. Estuvimos 21 días en un hospital en México, una situación muy complicada.
La lealtad es un pilar en el mundo del toro. Para usted, ¿qué significa esa palabra?
He sido leal hasta el último momento a las personas con las que he trabajado. Tras fallecer Julio Robles, una persona me ofreció mucho dinero por ir a la televisión a hablar de él. Mi respuesta fue rotunda: "En mi hambre, mando yo". Jamás traicionaría a una persona que me dio de comer durante diez años. Se lo dije a José Mari hijo: "Estaré contigo hasta que tú quieras". Y así ha sido.
Para terminar, ¿qué le depara el futuro? ¿Seguirá vinculado al mundo del toro?
Ahora que tendré más tiempo, empezaré a venir más a los toros. Antes era imposible. La plaza de Sevilla, por ejemplo, la pisé por última vez el día de mi despedida, cuando me ofrecieron el honor de abrir el cerrojazo del portón, un gesto que me emocionó profundamente.
El maestro Roca Rey le brindó un toro en su despedida en Alicante, un momento muy emotivo.
Andrés Roca Rey respeta muchísimo a José Mari. El primer sorprendido fui yo. Que me brindara ese toro, con las palabras que me dedicó... fue algo increíble. Me dijo que me brindaba el toro por "cómo tú amas esta profesión". Son cosas que no se pueden contar, quedan para uno. Hizo referencia al maestro Manzanares y se le caían las lágrimas.
Anselmo "Limo" se despide, pero su legado de lealtad, profesionalidad y amor por la fiesta perdurará. Un ejemplo de esos hombres que, desde la discreción de la plata, engrandecen el oro de los ruedos.
Ahora, Anselmo De Castro "Limo" se enfrenta a una nueva vida, lejos del frenesí de las ferias y los silencios de la carretera.
Se jubila un profesional, pero nace la leyenda del fiel escudero, el hombre que supo estar, en las glorias y en las hieles, sin más recompensa que el deber cumplido y el respeto de quienes, como él, entienden que en el toreo, la verdad y la lealtad se escriben con mayúsculas.
El propio José Mari Manzanares se lo dijo en un viaje de vuelta a casa: "Habrá que ir buscando a alguien, aunque va a ser muy difícil, imposible, encontrar a uno como tú". No hay mejor epitafio para una carrera ejemplar.