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Paco March - 08/09/2015

Su nombre es Francisco Damián Durán Rubio, nació en la sevillana Utrera hace 22 años y se anuncia en los carteles Curro Durán, como su padre.

Curro Durán padre es – porque los toreros lo siguen siendo de por vida- un matador de toros que vivió sus momento de gloria mediada la década de los 80 (se llevó todos los premios de la Feria de San Isidro en 1984).

Deslumbró a todos en su triunfal alternativa en La Maestranza con su toreo de buen compás, empaque y ligazón, virtudes que le acompañaron en su carrera de más de tres lustros, con altibajos marcados por los percances dentro y fuera de los ruedos (el año de su gran triunfo en Las Ventas sufrió un aparatoso accidente de circulación que le afectó especialmente al rostro). Las plazas más importantes del planeta de los toros le vieron triunfar y los aficionados valoraron su concepto clásico y hondo, revestido con gotas de sal de la tierra de María Santísima.

Como tantas veces ha ocurrido en la historia del toreo, en el padre torero se mezclaron el orgullo por el hijo que quiere continuar la saga y el deseo de que desviara la atención hacia otros derroteros. En esas estaban, con el fútbol como acicate, cuando el toreo ganó la partida: un nuevo Curro Durán pisaba los ruedos.

Y es con él con quien, a pocos días ( 9 de septiembre) de la importante cita en Villaseca de la Sagra y su Feria de novilladas del Alfarero de Oro, conversamos telefónicamente al terminar la mañana de entrenamiento, cerca de su Utrera natal: “Ahora en verano la preparación la hago con un banderillero, a veces mi padre y también el matador de toros Michelito Lagravere. En invierno suelo hacerlo con Curro Javier, en Los Palacios”.

En lo que llevamos de temporada, Curro Durán ha sumado tres actuaciones, la última de ellas en La Maestranza donde dio una vuelta al ruedo el pasado junio: “Pinché cuatro veces , ha sido el único novillo que he pinchado este año y tuvo que ser en la plaza donde no debía”. Pero hasta llegar aquí lo cierto es que nada ha sido fácil – no lo es para casi nadie en las actuales circunstancias- para el utrerano, que en 2012 , en un festejo sin caballos en Navas de San Juan, se rompió el ligamento cruzado de la rodilla lo que supuso un año y medio de recuperación. Y eso, en carrera tan incipiente, resultó un frenazo del que se repuso a fuerza de voluntad sostenida en el objetivo de ser torero: “Lo pase muy mal, creí que la rodilla me iba a quedar mal, incluso tuvieron que volver a operarme. Veía que mis compañeros seguían toreando, pero nunca me desanimé”.
Sigue: “Quiero ser torero, me tocó pagar un peaje, lo asumí y p’adelante”.

Por eso, cuando pudo volver a vestirse de luces para debutar con caballos, el 29 de junio de 2014 en la misma plaza de Navas de San Juan donde ocurrió el percance, Curro Durán supo que la primera gran prueba ya estaba superada: “Al hacer el paseíllo ya no miré hacia atrás, sino al futuro”.

Las formas, el estilo, el concepto, de Curro Durán beben del ejemplo de su padre: “Yo concibo el toreo desde clasicismo y procuro la ligazón, enganchando los toros desde adelante hacia lo máximo atrás”.
Por edad no vio a su padre de luces: “Lo vi en un par de festivales hace seis años y luego sí muchas veces en el campo. Pude comprobar que todo lo que me decía la gente tenían razón. Un torero clásico y hondo, al que el capote le vuela muy bien, con una gran mano izquierda y un cañón con la espada”.

Es consciente Curro Durán del escaso bagaje que por las circunstancias explicadas con el que afronta sus inmediatos compromisos (tras Villaseca de la Sagra, el día 11 en Cuerva): “Contando el año y medio que he estado parado, en cuatro años sin caballos el primer año toreé tres festejos. Llegó Juan Miguel Rodríguez, un empresario de Utrera, y me dijo que si quería torear una becerrada que iba a montar. Le dije que sí antes de decírselo a mi padre, que me pegó la bronca, claro, porque consideraba que no estaba preparado. Embistió el becerro, estuve bien con él y le pegué un estoconazo, cortando las dos orejas. Ese fue el inicio y luego sumé más de veinte hasta el debut con picadores en 2014 en Navas. Ahora son siete novilladas picadas, un corto bagaje que intento superar a base de entrega y mis inmensas ganas de ser torero. La actitud nunca me la podrán reprochar”.

Pero, volviendo a la cita del próximo día 9 en Villaseca de la Sagra, a la importancia del evento se suma la dificultad de vérselas con una de Cebada Gago, ahí es nada: “ Sí. Es una ganadería que, especialmente en novilladas suele embestir y además con transmisión. He tentado allí, salen animales importantes y tengo mucha fe en ellos”.

Curro Durán padre acompaña al hijo en los tentaderos: “ Él viene siempre conmigo, me aconseja y me sirve de mucho que esté a mi lado”.

Pero más allá del espejo y el ejemplo, el novillero también tiene algún nombre más como referente: “Para mi, de ahora, Morante y de los anteriores un torero que siempre me ha llamado la atención es El Yiyo, que por lo que he podido ver en internet y en los videos tenía algo especial”.

Así se expresa Curro Durán, un novillero con pedigrí, del que cabe esperar lo mejor. La próxima cita, en Villaseca de la Sagra.

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