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Este aficionado cordobés recalado en la capital del reino, catedrático de instituto, abonado a las plazas de toros de Madrid, Sevilla, Córdoba y El Puerto de Santa María, ejerce desde los primeros días de enero como presidente de la Unión de Abonados Taurinos de Las Ventas. Su primer objetivo: llevar la voz del aficionado a los administradores de la Fiesta.
Manuel Viera - 22/01/2015
Manuel Viera
Manuel Viera

A Jesús Fernández la bulle la cabeza con las infinitas ideas que quiere plasmar en objetivos realizables. Huye de lo utópico. De proyectos inalcanzables. Son muchos los aspectos que la Unión de Abonados de Madrid demanda de la Comunidad y de la empresa que gestiona Las Ventas, aunque sólo dos le urgen en la larga lista.

¿Cuales son esas prioridades, presidente?

Tengo un enorme interés en que se nos escuche. Las empresas taurinas no han tenido evolución en sus planteamientos. No se han dado cuenta de que las recetas que se aplicaban en el siglo pasado ya no tienen validez. Se mantienen rígidas, y por tanto, pocos permeables ante los cambios que se han producido.

Entonces ¿Qué es lo que quieren aportar?

Evitar que sigan echando en el cajón del olvido a su cliente, que no es otro que el público que paga una entrada. Fíjese que únicamente se han preocupado, y es lícito que así sea y yo no se lo discuto, de los ingresos de taquilla. El cortoplacismo, pecado mortal de cualquier empresario que se precie, se ha apoderado de los gestores taurinos desde tiempo inmemorial, y no se han movido ni un milímetro. Y así les va, según sus últimas declaraciones a la prensa.

Así que se sienten marginados

Marginados, olvidados y en muchos casos maltratados, llámele aficionado o, simplemente, espectador. Mire, hoy día cualquier empresario se devana por ofrecer un producto atractivo y, por supuesto, vendible. Se afana por fidelizar a su clientela -aspecto que se debe subrayar- ofreciendo cuantas facilidades y bonificaciones sean posibles, atendiéndola con amabilidad…etc. Si va usted a cualquier tienda a comprar y ve algún artículo que le agrade y solicita que se lo aparten, lo que menos se espera es que al día siguiente se lo vendan con un recargo del 10%. Esto sucedió en la taquilla de la Maestranza la pasada feria. Y es que en muchas plazas parece que las empresas no se han percatado aún de la crisis económica que atraviesa el país. Siguen subiendo precios como en los mejores tiempos, mientras los salarios siguen perdiendo poder adquisitivo.

Por lo cual deduzco que es imprescindible la opinión del cliente

Imprescindible y urgente su necesidad. Estas y otros muchas cuestiones referentes a las empresas demuestran su poca o nula preocupación por el cliente, y éste, lógico, no acude y termina abandonando su escaño. Contar con la opinión del aficionado, de lo que demanda el espectador asiduo, es indispensable en cualquier negocio. Muchas aficionados se preguntan si existen empresarios taurinos preparados para afrontar el futuro de la Fiesta. Si hay empresarios dispuestos a solicitar los puntos de vista de los clientes-aficionados. Yo pienso que sí. Pero evidentemente se tienen que cargar las pilas. Ser empresarios con los "pro" y los "contra" y no simplemente recaudadores y, por supuesto, no contar a priori con las ayudas de las respectivas instituciones públicas, que es lo que se deduce de sus quejas y lamentos. Así que vamos a trabajar a fondo para que no se ignore más al aficionado. Ni al de Madrid ni al de ninguna plaza de España.

Tampoco las administraciones públicas, dueñas de muchas plazas de toros, le echan mucha cuenta

Los “propietarios” de plazas, pertenecientes a instituciones públicas, como sucede en mayoría de casos, parecen olvidarse que dichos establecimientos son propiedad del común de la ciudadanía y que, por tanto, ellos son únicamente administradores de ese bien. Por consiguiente, las decisiones que adopten, en cualquier caso, deben revertir en beneficio de la Fiesta -patrimonio de nuestra nación-, teniendo en cuenta que la tauromaquia es un bien de interés cultural del cual somos usufructuarios. Por tanto, las decisiones sobre las concesiones administrativas, desde nuestra visión y dadas las actuales circunstancias, deberían ser consensuadas con los aficionados en la medida de lo posible, sin menoscabo de la potestad otorgada por las urnas.

De todas formas es algo que deberían contener los pliegos de condiciones. Y ninguno lo contempla.

Así es. Los actuales pliegos son percibidos por los aficionados como una subasta en que priman únicamente contenidos económicos, olvidando cuestiones relativas a la protección de la tauromaquia y sus valores ancestrales. En cualquier pliego de contratación deberían establecerse puntos relativos a la opinión de los aficionados. Como -por ejemplo- la facultad de vetar de forma razonada algunas ganaderías que, por comportamiento anterior, no se han hecho acreedoras de la confianza. Esto ya lo contemplan en Francia. No se puede entender que, en los tiempos que corren, las administraciones públicas democráticas no se hagan eco de las peticiones de los aficionados. Son cuestiones que vamos a trabajar con enorme ilusión.

¿Algún otro aspecto que le urge en su gestión?

Sí, entablar conversaciones con peñas y otras asociaciones taurinas, no sólo de Madrid, para unificar criterios que hagan valorar nuestra Fiesta y, sobre todo, unirnos para contrarestar de alguna manera el protagonismo que está adquiriendo el antitaurinismo. Tenemos derecho a ejercer nuestra libertad sin que nadie nos lo impida.

 

 

 

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