RONDA

El presente de Pablo Aguado

El diestro sevillano salió a hombros tras cortar dos orejas al sobrero de regalo; Morante cortó una oreja al segundo de su lote
sábado, 31 de agosto de 2019 18:26
sábado, 31 de agosto de 2019 18:26

Volaban lo sombreros desde los tendidos de sol cuando Pablo Aguado acababa de lancear al que debió cerrar plaza. El sevillano se sintió torero y se gustó como si de un sueño se tratase en los saludos capoteros de los cuatro toros que lidió, el séptimo como sobrero pagado por Morante de la Puebla. Ni una malísima corrida de Juan Pedro fue capaz de arrastrar al ostracismo tantos detalles toreros. Se abrió en cuerpo y alma para enseñar el presente que atraviesa y dejar constancia de un auténtico recital de toreo de capa que valió su peso en oro en el marco más bello para realizar el toreo, la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Hacía mucho tiempo que una plaza no rugía de esa manera con un torero que va camino de convertirse en una de esas figuras que marcan un antes y un después, y que debutaba en la tradicional corrida goyesca. 

Corrida que formaba parte de un abono no exento de polémica debido al cambio de fecha, fuera de la única feria del mundo que lleva el nombre de un matador de toros como lo fue el rondeño Pedro Romero Martínez, figura cumbre del toreo en el siglo XVIII que llegó a ser retratado por Francisco José de Goya y Lucientes. 

El actual empresario, Francisco Rivera Ordóñez, fue el encargado de mover esta corrida y los festejos restantes a finales de agosto con las fiestas de la ciudad aún por comenzar, una decisión que no sentó nada bien entre la población causando más de un desaguisado entre asociaciones y comerciantes, incluida la propia familia del responsable de organizar el festejo. Además, el ambiente previo en el exterior también se vio muy perjudicado donde terrazas de bares y restaurantes no se veían repletos de personal como en otras ocasiones.

A pesar de todo ello, la expectación en el interior fue máxima para presenciar un festejo goyesco que se celebró por primera vez en 1954 gracias al incansable trabajo de Don Antonio Ordóñez Araujo, que con motivo del II Centenario del nacimiento de Pedro Romero instauró esta corrida en un marco incomparable con más de 200 años de historia. El papel de la edición número 63 se agotó días antes de su celebración gracias a un mano a mano de ensueño demandado por buena parte de la afición y que sirvió para que el empresario pudiese sacarle algo de brillo a unos apellidos cargados de historia. Conocida la baja de Andrés Roca Rey, los movimientos entre Ronda y Palencia no se hicieron esperar para que el sevillano Pablo Aguado dejase libre su fecha en tierras castellano leonesas y pasase a ocupar la vacante del insustituible torero peruano. Y así fue, las negociaciones llegaron a buen puerto para que uno de los toreros revelación de la temporada acompañase como segundo de cartel a un Morante de la Puebla vestido de amarillo y grana, y que anda perdido en un mar de dudas desde que comenzó la temporada y donde las precauciones forman la base fundamental de cada tarde. «Qué mala suerte tiene en los sorteos», dicen muchos de sus enfervorecidos seguidores. Mala suerte, o no, el de la Puebla no atraviesa por su mejor momento. 

Como decía, Morante, de cuerpo presente y mente ausente, se las vio en primer lugar con un toro castaño bien hecho y muy parado que llevaba el hierro de Juan Pedro y que andaba cogido con alfileres. “Marchoso” se dejó las ganas de marcha en el campo. Morante lo saludó con una serie de verónicas con gusto y cintura encajada. El paso por el caballo fue un mero trámite que continuó con un tercio de banderillas donde los rehiletes iban a juego con el “traje” del espada. En la muleta, un desierto al igual que con la espada. Por respeto, se hizo el silencio. Cortó la oreja a un tercero, impresentable por delante, que siguió la tónica del resto de sus hermanos a pesar del buen viaje que tuvo en la muleta pero donde no existió la emoción. El torero puso algo más de voluntad dejando algunas tandas por el pitón derecho donde las precauciones se hacían palpables. Por el pitón izquierdo no hubo ni tan siquiera probaturas. Dejó un pinchazo y una estocada desprendida. Carretero fue quien lanceó de primeras al quinto del festejo. El de la Puebla no terminó de verlo. Durante el tercio de banderillas sacó a Raúl Ramirez para que realizase un salto a la garrocha ante la mirada atónita de un presidente que se opuso a la realización de la suerte. Fue lo de menos, pues se hizo. Así está esto. Brindó al público una faena inexistente donde cogió la calle de en medio. Silencio. 

El segundo de la tarde, más toro de presencia que el anterior, fue saludado de manera magistral por Pablo Aguado. La piedra rondeña se rompía mientras el torero lanceaba a la verónica con sumo gusto y templanza. Volvió hacerlo tras el inexistente paso por el caballo dejando tres verónicas y un par de medias enroscadas a la cintura. El animal, que salió herido en la pata izquierda, no tuvo ni una pizca de motor para acometer a la muleta del sevillano llegando incluso a hacer amagos de echarse. Aguado tan solo pudo mostrar voluntad. Dejó dos pinchazos que fueron suficientes para que el toro se echase y fuese apuntillado. Salió a saludar una tímidas palmas. Aguado echó rodillas a tierra para saludar con una larga al cuarto del festejo, otro toro justo de remos. El tiempo volvió a detenerse mientras lanceaba a la verónica a cámara lenta rematando con media antes del picotazo por parte del castoreño y que fue protestado. No fue el mejor toro para que Aguado mostrase sus dotes de toreo ya que su corto viaje y su poca humillación lo hicieron imposible. Aún así fue capaz de componer una faena de pasajes sueltos por ambos pitones. Fue por el derecho por donde dibujó algunos de bella factura con el cuerpo desmayado. Media muy trasera y desprendida bastaron para que el toro se echase. El público pidió la oreja que fue concedida. Sensacionales fueron las once verónicas y la media de cartel de toros con las que recibió al sexto, de locura las tres ultimas. Llevándolo toreado, embebido, con gusto, torería y una templanza digna de las grandes figuras de la historia del toreo; hizo levantar a todas las almas que ocuparon la piedra del coso. En la muleta, la ausencia de casta hizo que el animal doblara manos en tres ocasiones mientras los movimientos en el callejón se hacían visibles para echar a un sobrero de regalo que hizo de séptimo y que funcionó a medias. Aguado volvió a sentirse agusto delante de la cara del de Domingo Hernández dejando muy buenos derechazos a los que le faltaron la continuidad entre pase y pase por la poca acometividad de su oponente. Con la zurda dejó pocos pero muy buenos naturales en los quizás faltase pisar terrenos de manera más segura. Dejó una estocada trasera y un punto desprendida. El público, muy con el torero pidió de manera enfervorizada la dos orejas que fueron concedidas. Válidas para que cruzase el umbral de una puerta grande que, en una fecha o en otra, seguirá siendo testigo de una nueva edición de la corrida goyesca. 

Ficha del festejo:

Plaza de Toros de Ronda (Málaga). Segunda de abono. LXIII edición de la Tradicional Corrida de Toros Goyesca. 

Se lidiaron seis toros de Juan Pedro Domecq, muy desiguales de presentación. Más serio 2o y 4o. Corrida blanda de manos, mansa y muerta en vida. El 2o fue el más potable. Y uno de Domingo Hernández (7o, como sobrero de regalo), noble y falto de poder. 

José Antonio “Morante de la Puebla” (con chaquetilla amarilla adamascada y taleguilla grana, ambas en azabache) silencio, oreja tras aviso y silencio. 

Pablo Aguado, que sustituye a Roca Rey (espuma de mar adamascado y azabache) palmas, oreja, silencio y dos orejas en el sobrero de regalo. 

Lleno de “no hay billetes”. Saludaron Iván García y Pascual Mellinas tras parear al segundo. Morante brindó la muerte del tercero a Santiago Abascal. Aguado hizo lo mismo con su compañero de cartel. 

 

Fotos: Arjona

 

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