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Enrique Ponce firmó otra faena de ensueño y volvió a salir a hombros de Valencia. Le acompañó por la puerta grande López Simón tras dos faenas de indudable esfuerzo y seguridad. Perera se marchó de vacío. Se lidió una manejable y justa de fuerzas corrida de Juan Pedro Domecq de la que sobresalió el cuarto ejemplar.
Carlos Bueno - 18/03/2018
Jacobo Silvestre
Jacobo Silvestre

Enrique Ponce volvió a realizar una faena mágica en Valencia. Un día antes con un vestido oscuro, un día después con uno claro, como un signo de que al de Chiva prácticamente le dan lo mismo las circunstancias. Tanto es así que muchas veces, pero muchas veces, le sirven toros que no parecen servir. En este caso su éxito llegó con un animal por definir y que acabó pareciendo mejor de lo que se suponía. El de Juan Pedro era noble, boyante, con clase, que no es poco, pero también tenía las fuerzas al límite, lo que condicionaba la transmisión. ¿Y qué? Enrique le aplicó su medicina y todo resuelto: temple exquisito, mando y bella estética.

Sucedió en el cuarto. El valenciano descubrió que el astado se desplazaba por abajo por el pitón izquierdo en un sorprendente cambio de mano en la segunda tanda. Y a partir de ahí la faena la basó al natural. Gusto, empaque, autoridad, seguridad. Todo eso y además imaginación e inspiración hubo en su quehacer. Se enroscó las embestidas a su cuerpo. Toreó con desmayo en redondo, todo con ritmo y con una torería aplastante. Sonó el aviso y Enrique siguió toreando, esta vez de rodillas. La plaza se le entregó, y tras la estocada llegó el premio gordo para un veterano que sigue teniendo la ambición de un joven que empieza.

El que abrió festejo empujó largo y con clase en el caballo, y en su peto pareció dejarse lo bueno que podía llevar dentro. Luego le costó  arrancarse y escarbó mucho antes de hacerlo sin acabar de emplearse. Ponce tuvo que provocarlo con determinación para finalmente firmar un par de series estimables.

Le acompañó por la puerta grande López Simón, que sorteó en primer lugar un astado que tuvo tanta nobleza como escasez de fuerzas, y contra su clase se opuso la falta de ritmo en sus embestidas para que la labor de Alberto no pudiese alcanzar cotas más altas de vibración. Aún así el madrileño lo entendió y lo llevó sin obligarle y dándole los tiempos necesarios, a lo que añadió variedad de repertorio para que no decayese la atención del respetable, que jaleó especialmente los alardes finales y tras una estocada al encuentro le premió con una oreja.

Una primera tanda en redondo de rodillas en el centro del ruedo fue preámbulo de una excelsa serie de naturales que auguraban una faena grande. Pero López Simón se echó la muleta a la derecha y la intensidad decreció, y además a partir de ahí el toro hizo varios amagos de rajarse, con lo que la labor del de Barajas quedó estancada. Aún así el torero hizo un indudable esfuerzo por mantener al toro en su muleta, y tras la estocada fue premiado con el apéndice que le otorgaba el derecho a salir a hombros.

Resultó manejable y colaborador el sobrero que lidió Perera en segundo lugar, pero al toro le faltó ritmo en la embestida para que la labor del extremeño tuviera eco real en los tendidos, que valoraron con mayor énfasis el arrimón de la última parte de su faena.

Algo similar le ocurrió en el quinto, otro animal obediente que no acabó de transmitir por su falta de fuerzas, lo que condicionó la intensidad de la faena. Perera se mostró muy seguro y asentado de plantas, tanto en los cambiados por la espalda con los que inició su quehacer, como más tarde cuando se metió literalmente entre los pitones. Después del esfuerzo pinchó reiteradamente al entrar a matar.

 

Ficha del festejo:

18 de marzo, Valencia. 9ª de Fallas. Tres cuartos de entrada. Toros desiguales de presentación de Juan Pedro Domecq, el 2º lidiado como sobrero (1º deslucido, 2º, 3º y 5º manejables, 4º bueno) y uno de Parladé lidiado en 6º lugar tras devolverse el 3º y correrse turno (manejable, pero a menos).

Enrique Ponce (que sustituía a Cayetano): silencio tras aviso y dos orejas tras aviso.

Miguel Ángel Perera: saludos tras aviso en ambos.

López Simón: oreja tras aviso y oreja.

Cuadrillas: Se desmonteraron tras clavar banderillas en el segundo Javier Ambel y Guillermo Barbero, y Yelco Álvarez en el sexto.

FOTOGALERÍA

 

 

TORO A TORO

6º (Parladé): Duró poco el sexto, que se desplazó con clase por el pitón izquierdo. LÓPEZ SIMÓN inició su quehacer en redondo de rodillas y después firmó una sensacional tanda de naturales. Luego la intensidad decreció, pero su esfuerzo fue premiado tras la estocada. OREJA 

5º (Juan Pedro Domecq): Otro toro noble con las fuerzas justas. Tras iniciar la faena con tres cambiados por la espalda PERERA tuvo que recortar distancias y extraerle los pases prácticamente de uno en uno. Al final se metió prácticamente entre los pitones. SALUDOS TRAS AVISO

4º (Juan Pedro Domecq): Toro noble con el que PONCE elabora una faena siempre a más que rompió en un sorprendente cambio de mano en la segunda tanda. Labor basada en el toreo al natural con detalles repletos de inspiración. Todo templado y ligado al máximo con el toro prendido a la muleta del valenciano. Labor larga e intensa repleta de torería. Estocada. DOS OREJAS TRAS AVISO 

3º (Juan Pedro Domecq, lidiado tras devolverse el titular y correrse turno): Toro noble y colaborador con las fuerzas muy al límite, lo que condiciona la posibilidad de ligar los muletazos con cadencia. Lo entendió LÓPEZ SIMÓN que lo toreó con suavidad y dándole las pausas necesarias y que supo poner un toque de variedad a su labor para mantener la atención del público, que valoró especialmente su arrimón final. Mató al encuentro. OREJA TRAS AVISO

2º (Juan Pedro Domecq, lidiado como sobrero): Toro colaborador al límite de las fuerzas que embiste con clase pero sin el ritmo necesario para que ​la labor de PERERA ​tenga eco en los tendidos. Faena ceñida y pulcra que fue mejor valorada en su parte final, con el torero pegándose un arrimón. SALUDOS TRAS AVISO 

1º (Juan Pedro Domecq): Le costó mucho arrancarse al primero de la tarde, que escarbó mucho y no acabó de emplearse. ENRIQUE PONCE tuvo que provocarlo con con determinación para extraerle un par de series estimables. SILENCIO TRAS AVISO

 

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