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Puerta Grande para Enrique Ponce, que pudo haber conseguido cuatro orejas de no haber fallado con el estoque. Paco Ureña cortó una después de protagonizar dos faenas heroicas. Se fue de vacío Talavante. Deslucida corrida de Garcigrande en general.
Carlos Bueno - 17/03/2018
Jacobo Silvestre
Jacobo Silvestre

Es muy probable que a estas alturas de su carrera a Enrique Ponce no le haga demasiada falta cortar las orejas, por mucho que, conociendo su condición inconformista, le hagan ilusión. No, a Ponce no le hacen falta las orejas para seguir siendo contratado. Otra cosa es que le saqueen las que se ha ganado de verdad sobre el albero, y que encima quien se la escatime sea alguien que se salta a la (anti)torera el carácter democrático que siempre imperó en la tauromaquia. Jesús Merenciano, presidente de la corrida, le guindó una oreja de ley al chivano adquiriendo un protagonismo que nunca debería tener quien ocupa el palco.

Y para arreglarlo, o acabar de hacerlo todo aún más inexplicable, el errático presidente le concedió los dos apéndices del segundo de su lote a pesar de que las circunstancias habían sido las mismas. ¿Fue su manera de pedir perdón? Enigmas por resolver. Sea como fuere, al final Ponce salió a hombros que era lo que merecía.

El cadencioso y sedoso quite por chicuelinas con el que Enrique replicó en el toro que abría festejo a Talavante mostraba bien a las claras la predisposición con la que había hecho el paseíllo el valenciano en su tierra. Se había parado de salida ese toro negándose a embestir al capote y, sin embargo, pareció magnetizado a la muleta de Ponce desde el inicio de faena, de hecho no le dejó brindar arrancándose hacia él cuando se disponía a hacerlo. No descompuso tal circunstancia al torero de Chiva, que le dio una primera tanda larga y sabrosa montera en mano. A esa le siguió otra de siete muletazos y el de pecho, y lo que llegó después fue una faena repleta de inspiración, de detalles toreros, de variedad y de mando. Hubo pases eternos enroscándose las embestidas, en pie y semiflexionado, de frente y por detrás. Pura magia templada que hacía presagiar un doble premio seguro. Tuvo que descabellar tras una estocada desprendida y el presidente se erigió en protagonista al negar una oreja demandada por abrumadora mayoría.

Al cuarto le recetó un sedoso quite por delantales, y con la misma suavidad lo llevó prendido a su muleta evitando que la alcanzara a pesar de su incómodo y violento calamocheo. No era fácil templar las protestas del Garcigrande, y Ponce, no sólo lo hizo, sino que consiguió hacerle desaparecer el defecto y que su quehacer creciese en intensidad y profundidad hasta finalizar con sus típicas poncinas y con una última tanda de rodillas con el animal aparentemente hipnotizado por sus telas. De nuevo la magia se había hecho presente. Y de nuevo el veterano joven matador pinchó antes de la estocada definitiva. Se repetían las circunstancias, pero esta vez el presidente no repitió su actitud.

Paco Ureña volvió a ser el héroe de la pasada feria de Julio en esta misma plaza. De blanco y oro hizo el paseíllo, de blanco y sangre tiñó su vestido mediada la primera faena después de jugársela sin alharacas ante un ejemplar incierto de embestida descompuesta. Le consintió y tragó el murciano, siempre colocado en los terrenos de mayor compromiso, todo ceñido y con la mayor verdad. Su incontestable valor inundó de emoción los tendidos, pero se quedó sin premio después de un pinchazo.

Afortunadamente no falló con el estoque con el que cerraba festejo, un ejemplar más complicado y de embestida más descompuesta si cabe. Ureña volvió a exhibir toda su sinceridad en otra faena de entrega total y verdad máxima. Se la jugó de nuevo en cada embroque hasta que resultó volteado de forma aparatosa. Se levantó visiblemente mermado de facultades para colocarse de nuevo entre los pitones y extraerle otro puñado de muletazos impensables. Lo mató por arriba y la oreja fue de ley, aunque no la pudo pasear porque pasó de inmediato a la enfermería.

No se dio coba Talavante con el descastado y soso ejemplar que sorteó en primer lugar y lo pasaportó con rapidez. Lo intentó con mayor convencimiento ante el descastado que hizo quinto al principio de faena, pero al extremeño se le vio un tanto desdibujado, con más voluntad que capacidad para solucionar las asperezas de su antagonista. Tampoco se le vio muy decidido a la hora de efectuar la suerte suprema.

Ficha del festejo:

17 de marzo, Valencia. 8ª de Fallas. Lleno. Toros desiguales de presentación de Domingo Hernández (1º bueno, 2º desrazado y 6º incierto), y Garcigrande (3º protestón, 4º manejable y 5º descastado).

Enrique Ponce: vuelta al ruedo tras petición y aviso y dos orejas tras aviso.

Alejandro Talavante: silencio y silencio tras aviso.

Paco Ureña: saludos y oreja (pasó a la enfermería tras matarlo después de una espeluznante voltereta).

FOTOGALERÍA

 

TORO A TORO

6º (DOMINGO HERNÁNDEZ): Toro incierto, con peligro, que le propina una dura voltereta a PACO UREÑA, de nuevo muy sincero y entregado, toreando con la máxima verdad en su colocación. Se la jugó sin trampa ni cartón hasta extraerle un puñado de muletazos impensables y matarlo de estocada por arriba. OREJA

5º (GARCIGRANDE): Toro descastado y protestón. TALAVANTE puso voluntad pero no acertó a limarle asperezas en una faena en la que se le vio un tanto desdibujado. SILENCIO TRAS AVISO

4º (GARCIGRANDE): Toro protestón que embistió calamocheando en principio y que ENRIQUE PONCE pareció hipnotizar con su muleta hasta limarle el defecto y obligarle a seguir la franela en una faena que siempre creció en intensidad. Todo con el máximo temple, ligazón y mando. Otra faena mágica de dos orejas que de nuevo pinchó con el estoque y, si embargo, el presidente esta vez no lo tuvo en cuenta. DOS OREJAS

3º (GARCIGRANDE): Toro de embestida descompuesta y probón que puso en apuros a PACO UREÑA en varias ocasiones sin que el murciano se arredrase. Se la jugó de verdad, siempre en los terrenos de mayor compromiso, todo con la máxima entrega y verdad, hasta robarle media docena de muletazos que parecían increíbles, y todo a base de consentir y tragar. Mató al segundo intento y se quedó sin premio. SALUDOS

2º (DOMINGO HERNÁNDEZ): Toro descastado y soso. TALAVANTE lo pasaporta con rapidez sin darse coba. SILENCIO 

1º (DOMINGO HERNÁNDEZ): Se paró de salida el toro y sin embargo luego embistió con prontitud a la muleta de un inspiradísimo ENRIQUE PONCE, que firmó una faena repleta de dominio llevando al toro largo en tandas muy ligadas repletas de torería. Labor sublime en la que se enroscó las embestidas del animal en muletazos eternos y sabrosos. Tuvo que descabellar tras una estocada desprendida y el premio pareció que quedaría en una sola oreja, pero el presidente se convirtió en protagonista y desatendió loa petición mayoritaria ante una sonora bronca. VUELTA AL RUEDO

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