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José Luis Rodríguez García - 09/12/2016

Con el título FALLAS SIN TOROS, el día 23/11/16, en la página 25, sección Opinión de LA VANGUARDIA, leí el artículo firmado por Oriol Pi Cabanyes en el que recoge, entrecomilladas, alusiones contrarias a los toros, que él zurce dando puntadas con el sutil hilo de su pensamiento, diríase muy conforme con el sentido de los textos que remienda y remeda.

El señor Pi tuvo a bien comentar (entonces al parecer era un rumor), la posible declaración de las Fallas de Valencia como patrimonio inmaterial de la humanidad (hecho que ya se ha producido) y, al propio tiempo dejaba constancia de la existencia de un colectivo de valencianos  que estaba interesado en que se impusiera, por la UNESCO, la previa condición de renuncia a la feria taurina, para el otorgamiento de tan relevante distinción.

En síntesis: Un no a los toros y un único y solícito a la pólvora, el foc  y els ninots. A mi juicio se trataba de una propuesta de imposible aceptación. Un cambalache tan esperpéntico como si hubieran condicionado el no con la paella.

Pretensión a la que parece se unieron los animalistas.

El señor Pi hilvanó el artículo con su personal visión de la tauromaquia  relacionándola con las ejecuciones y los autos de fe, y nos ilustró anotando que: " (...) puede que estén en el origen de las mismas fallas (...) Aunque no de forma explícita, todos estos rituales -los toros como las fallas- domestican la crueldad que subyace en el inconsciente colectivo".

Y ya puesto echó mano a otro retazo, en este caso perteneciente al heterodoxo José Blanco White, y lo intercaló: "Para gozar con el espectáculo (los toros) se necesita tener sentimientos muy pervertidos (...)."

Leyendo el artículo sentí una aguda sensación de culpabilidad y acudí al Código Penal a consultar si entre las circunstancias agravantes figuraba la de aficionado a los toros y... ¡albricias!  aún no la relacionaba.

Al concluir el artículo lo hace sin olvidar al público, las personas  que vamos a los toros  y nos endosa una actitud de  "espíritu de la manada".

Menos mal que no citó, lo que es de agradecer, la España negra, de José Gutiérrez Solana,  glosando algún párrafo de La corrida en Santoña.

La verdad es que el artículo le quedó bastante solanesco. ¿Para qué más?

En cualquier caso la diatriba íntegra la pueden  encontrar los lectores donde dejé indicado.

De lo publicado deduje que las personas que no  asisten a las corridas han superado "la época oscura de nuestro  pasado"no  tienen "los sentimientos muy pervertidos"y,  además, dejaron de estar embotadas por la repulsión a la vista de la sangre.Y a sensu contrario, que los taurinos tenemos malos sentimientos.

A mí me parece que resulta un pelín excesivo situarse públicamente por encima de quienes vamos a los toros, actividad que es tan lícita como la de escribir artículos sin desmerecer al prójimo. No debe olvidarse que el público es el respetable.

La Asamblea de la UNESCO, por lo que se ve, no acogió la condición de renuncia a los toros y las Fallas ya son Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Valencia lo celebra a lo grande y los taurinos lo festejarán con los carteles de toros de las próximas fiestas que habrán de estar a la altura de tan alto galardón. ¡¡FELICIDADES VALENCIA!!        

 

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