inicio
José Luis Rodríguez García - 05/03/2016

Hace bastantes años en La Vanguardia leí un artículo de Gregorio Morán, en el que daba noticia de quien fue Manuel Chaves Nogales, y si no me falla la memoria lo hacía en tono algo misterioso al tiempo que intentaba reivindicar  al citado periodista y escritor, muy conocido antes de la Guerra Civil y silenciado después. Me parece que no relacionaba a Chaves Nogales con el mundo de los toros. A mí, no sé porqué, se me quedó grabado su nombre y tiempo después leí que era autor de una biografía, quizá la mejor escrita en castellano del siglo XX, y me hice con ella: Juan Belmonte, matador de toros –editada por Alianza Editorial, 1ª edición de bolsillo 1970- La leí con interés y me puse a indagar sobre el autor y encontré textos interesantes, equilibrados y profundos sobre su conocimiento de España y los españoles, pero esta sería otra historia. Vayamos pues al torero Juan Belmonte.

Estamos ante un libro que difícilmente puede ser superado dentro del género biográfico, pues igual que a los toros se los pueden lidiar al alimón, Chaves nos cuenta la vida del hombre y del torero con complicidad y con una prosa limpia y fluida. Se percibe que recoge la verdad del mito sin perder la escala humana que lo sustenta y en muchos momentos nos lo hace entrañable.

No sé si ustedes han imaginado alguna vez los libros como los árboles. Yo sí. Creo que también les llega el otoño cuando concluimos su lectura y  rolan sus hojas hacia el acervo de la memoria.

Pero el libro que escribió Manuel Chaves Nogales está escrito en  hojas perennes  y por eso me agradaría dar noticia de su plenitud para quienes aún no lo hayan leído. 

Esta biografía la he releído dos veces; tengo pasajes subrayados, otros glosados en los márgenes, apuntes intercalados… todo ello es fruto del interés y el entusiasmo lector. Lo he prestado a mis amigos y ¡oh milagro! me lo han devuelto, algunos confesándome que lo ha hecho por las anotaciones personales.

Nos acerca al chico que fue Belmonte y vemos que las claves de los toreros están en la niñez y en la adolescencia, y que lo que viene después es la  plasmación de la vocación deseada hasta el sacrificio de la propia vida.

Los inicios taurinos de  Belmonte no fueron fáciles. Nada grande se hace sin sufrimiento y perseverancia. Son intensos los momentos de forja, de precariedad, de necesidad, de hambre (pan con aceite de caridad), y camino con sus encrucijadas ¿a dónde llevan?

Los primeros años  de vida del que sería conocido como El Pasmo de Triana quedan literariamente recogidos con el contrapunto en el tiempo de la muerte de Espartero y la de su madre, hechos que el protagonista recuerda por l impacto social, el boato del coche mortuorio del famoso espada con cuatro caballos y el otro por no poder acabar de comprenderlo, por su corta edad. Belmonte se quedó sin madre como un gorrión con plumón caído del nido a la calle, y de la calle guarda el primer rasgo de su valor de manera imborrable. El biografiado le cuenta a Nogales que venció su primer miedo en una calle estrecha, mal iluminada y con un signo escrito con almagra en la pared. Se adentró solo en ella y la transitó sin buscar ayuda. La calle estaba oscura. Esa negra calle fue su primer toro. Ante el toro se está solo, y cuando se llega a mito la soledad ante las astas es de noche polar… y con los tendidos repletos de gente.

En las páginas 199 y siguientes Juan explica sobre el azar y la consciencia que el vivió en un dos de mayo en Madrid en el que el público era una llama de pasión, que Joselito avivó aún más con una faena portentosa en el quinto toro (no hay quinto malo). El delirio como nunca se había visto.

Cuesta poco imaginar el coso.

Y aquel gorrión del que hablábamos, que había agitado sus alas en la oscuridad y cruzado huérfano de madre la calle, cuenta que esa tarde estaba sentado en el estribo de la talanquera aguardando saliera su toro,  el sexto, y los dice que sólo estaba preocupado porque un vello de su pierna había salido entre la malla de su media y le pareció una señal de mal augurio. Aquel rebelde pelillo sobresalía con un mensaje atroz… mientras Joselito daba vueltas como un cangilón de noria al redondel recogiendo un diluvio universal aplausos.

El torero, nos dice, es humano, se achica y se halla metido en un trance descomunal. Gran lección la de poder llegar olvidar el trance del pelillo y sobreponerse a su nefasto augurio en el peor momento y se terminara diciendo de Belmonte que como aquel día jamás había toreado nadie.

El mito pesa.   

Cuando terminé de leer el primer epígrafe: "Un niño en una calle de Sevilla", creí hallar un parangón en estos versos de Martín Fierro:

"Yo nunca tuve otra escuela que una vida desgraciada."

De aquel duro período infantil, quienes han leído el libro seguro que no habrán olvidado la fuga y hazaña de ir a cazar leones y el fracaso de tan desproporcionada aventura.

Y menos aún el profético episodio que vivió Belmonte cuando jugando al toro en la plazoleta del Altozano un viandante al verle metió la mano en el bolsillo del chaleco y le dio un duro y le dijo:

-Toma. ¡Tu serás torero!

Les sugiero, si tienen ocasión, dedicar un tiempo a la lectura de esta biografía.

  Votar:  
Resultado: 4,2 puntos4,2 puntos4,2 puntos4,2 puntos4,2 puntos   12 Votos

Próximos eventosmás eventos
Desde Hasta
© Gestor de contenidos Gestor de contenidos HagaClic

Email: redaccion@burladero.tv Tel. Redacción: 911 412 917 ext. 1
Email: administracion@burladero.tv Tel. Administración: 911 412 917 ext.2 Fax: 91 141 21 33
Publicidad: publicidad@burladero.tv


Prohibida la reproducción y utilización, total o parcial, de los contenidos en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización,
incluyendo su mera reproducción y/o puesta a disposición con fines comerciales, directa o indirectamente lucrativos.