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“(…) no todos los caballos dan coces, ni todos los bueyes dan cornadas: por tanto si un caballo, dando una coz, ó un buey una cornada hiciesen daño, sería contra la naturaleza de su especie, y consiguientemente tendría lugar la acción de menoscabo causado por las bestias, ó de pauperie.”
José Luis Rodríguez García - 22/01/2018

Hoy escribo sin pretender contrapuntear el libro:

“RECITACIONES DEL DERECHO CIVIL.

Señaladas por testo en varias Universidades del Reino.

TRADUCIDAS AL CASTELLANO

Por

D. LUIS COLLANTES Y BUSTAMANTE

TERCERA EDICIÓN

Revista y aumentada con un apéndice de las materias más notables, peculiares del derecho español por un abogado del Colegio de esta Corte

MADRID

IMPRENTA DE D. PEDRO SANZ Y SANZ

1841

SE HALLARA EN SU LIBRERÍA, CALLE DE CARRETAS”

Llegó a mis manos en el otoño de 1.987, anoté en las guardas era obsequio de un amigo.

En este texto se rinde homenaje a los romanos como portadores de saberes en las letras, la navegación, las artes, el comercio y el derecho, sustancia de nuestro derecho civil.

Lo abro al azar y me encuentro con el “TÍTULO IX De los menoscabos causados por las bestias”.

Los urbanitas de hoy solemos hablar de los animales fijando la atención especialmente en los que denominamos “mascotas” y, en ocasiones, lo hacemos con preocupación. Recientemente supimos por la prensa  que un perro había mordido y arrancado las orejas a un niño y, poco después, un hombre resultaba muerto a mordiscos por un grupo de perros. Y también hemos leído que hay personas que tienen caimanes en labañera de las viviendas y hasta serpientes venenosas. Disponer de la compañía de animales está de moda, incluidos los exóticos y peligrosos.

En 1.841, año en que se publicó este libro,  el Derecho seguía regulando el daño que puede provenir de las bestias yde las acciones (forma y fundamento para poder reclamar) de los perjudicados. Lo que demuestra quedesde hace muchos siglos los juristas disponían, para poder remediar el  menoscabo causado por los animalesde  normas eficaces: Si el animal ocasionaba un daño contra la propia especie, se podía reclamar. Pero...  ¿en qué consistía ir contra la propia especie?

El libro nos lo explica:

“(…) no todos los caballos dan coces, ni todos los bueyes dan cornadas: por tanto si un caballo, dando una coz, ó un buey una cornada hiciesen daño, sería contra la naturaleza de su especie, y consiguientemente tendría lugar la acción de menoscabo causado por las bestias, ó de pauperie.”

La deliciosa lectura del texto me trae al recuerdo las mulas que en Cataluña llamamos “guitas” y que se distinguen de las de su especie mular porserdíscolas, coceadoras, potencialmente muy peligrosas.

El libro precisa que para ejercer la referida acción  de pauperieel animal debe proceder voluntariamente y no instigado, pues si el que resultó dañado le provocó no puede después reclamar al dueño del animal.

Ahora con ocasión de la nueva ley de protección animalnos llegan ideas novedosas, como que los animales dejarán de ser considerados cosas y serán conceptuados como seres sensibles,  no sujetos a embargo y dotados de derechos, si bien las obligaciones o deberes, recaerán sobre  sus dueños.

El viejo libro también nos enseña que las bestias pueden producir daños conforme a su naturaleza, y así sucede cuando un buey pasta en el prado del vecino, que es un hecho, nos recuerda el manual, que suelen hacer todos los bueyes.

El remedio era entonces elresarcimiento del daño o entrega del animal al perjudicado. Como se ve no se andaban con chiquitas.

A medida que avanzo en lectura me vienen a la memoria las desaparecidas ferias de ganado en las que concurríanlas cabezas de reses de distintos lugares y establos y dueños y trujamanes  debían de tomarprevenciones para evitar menoscabos y ser demandados.  

La tenencia de los animales ha ocupado en todas las épocas a los legisladores. Los actuales siguen edificando sobre estos libros sillares con una regulación que gana en complejidad al imbricarse ahora, la tenencia, el destino de producción, el disfrute, el empleo en espectáculos...

La sencillez y claridad del derecho antiguo en relación con las bestias ha pasado a la historia. Estamos en pleno debate en el que no hay que descartar concesiones que alientan los animalistas, que tienen establecido su frente contra la Fiesta de los Toros e intentan meter cuña en el Ordenamiento. ¡Ojo avizor!

 

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