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José Luis Rodríguez García - 19/08/2016

El verano y dentro de él las vacaciones, si se goza de buen estado de salud y de favorables condiciones económicas, ofrece diversas alternativas para olvidar la rutina y la servidumbre de horarios de exigentes  puntualidades, rendimientos eficientes y cumplimiento de cargas, que no son otra cosa que el aceite que engrasa los cojinetes de la sociedad productiva.

Pero la estampida de las vacaciones descompone el meticuloso orden de funcionamiento de talleres,industrias, tiendas, bares, peluquerías…

Les cuento: Interrumpí mis vacaciones a los 15 días de haberlas comenzado y   regresé a la ciudad que alegremente había abandonado y, para  ir a comprar el pan nuestro de cada día, caminé casi hasta la Chimbamba mientras iba  leyendo cartelitos sobre las puertas con el consabido texto:CERRADO POR VACACIONES.

¡Y qué soledad! Las calles sin peatones y los autobuses vacíos recorriendo las paradas sin llevar a nadie a ninguna parte... Algo así como la burra y la noria dando vueltas alrededor de un pozo sin agua.

La ciudad existe en el ferragosto pero en estado preagónico.  Quiere aparentar lo que dejó de ser al terminar el curso escolar.

Cuando yo era niño las vacaciones aún no se habían democratizado y compartíamos con los  gorriones las calles y los solares, porque entonces, aunque algunos no lo crean,  los solares eran como islas que ocupábamos  los chicos para romper las  zapatillas de esparto y los gorriones abundaban, a pesar de que los cazábamos sin piedad con cepos y hasta nos los comíamos fritos ¡Qué horror! exclamarán algunos/as.

Era esa la época en que Camilo José Cela comenzó a destacar con la tremenda novela LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE. Se intuirá con esta referencia literaria que entonces los pajarillos no merecieran la protección que hoy se les tributa. Lo que no comprendo es la escasez de gorriones ante la protección que actualmente se les dispensa. Los ornitólogos tal vez estén en el secreto de algún arma letal que deja en ridículo la liga y la perdigonada en el ala.Pero yo  prefiero pensar que hasta los golfillos gorriones se fueron de vacaciones ¿Volverán?

Ahora, en cuanto pueda,volveré a proseguir los días de vacaciones que me restan y a dar el último empujón a la lectura de la biografía: CELA  RETRATO DE UN NOBEL; escrita por Francisco García Marquina, amigo y colaborador del biografiado que en 541 páginas, sin contar las numerosas  destinadas a Notas e Índice Onomástico, desentraña del personaje a la persona, sin apartarse de las claves que descubre y se contienen en su proteica obra.

Leyendo este libro parece se sabe ya todo sobre  Cela y de quienes estuvieron a su lado por vínculos de  familia, afecto amical o interés. Sin omitir desencuentros, adversarios  y enemigos, pues la viña del Señor da para muchas cepas y calidades de vino y Cela los quiso catar todos y guardó los botellas bebidas con y firmadas por los amigos, entre las que figura una de ANIS MACHAQUITO, firmada por Picasso.

 Vida intensa por lo que el biógrafo  ha tenido que leer, acotar, analizar,recordar y en ocasiones escudriñar los entresijos de un creador tan extraordinariamente contradictorio.

En este apunte que escribo terminaré evocando unos pasajes de sabor taurino.

Casi recién casado se fue con su primera esposa a pasar el verano en Las Navas y el libro nos da la noticia de quién   sería con el tiempo  premio Nobel fue acartelado  en la corrida de toros como:  " Botijero, Camilo José Cela".

Y cuando Cela conoció personalmente a Picasso le retrató en su pensamiento con está acertada descripción:"Pablo Picasso tiene planta de picador de toros retirado.

En fin, Cela, por si algún lector no lo sabe, fue torero con carnet de tercera categoría y una de sus broncas más monumentales la recibió toreando en verano, en 1949,en la plaza de Cebreros, según anota el autor.

 

 

 

 

 

 

 

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