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José Luis Rodríguez García - 16/12/2016

He leído varios artículos que tienen por núcleo romper el silencio de la familia Balañá, en relación a la relevante  significación de la sentencia del Tribunal Constitucional derogando la prohibición de los toros en la Autonomía de Cataluña.

Llama la atención a los periodistas y publicistas que el  dominus  de la plaza más señera de Cataluña y una de las más importantes históricamente de España, no haya levantado una copa de cava con la afición taurina del Principado para festejar la abrogación de una ley anticonstitucional, máxime cuanto despojaba a los catalanes de poder gozar de una actividad que era y es lícita en las otras Autonomías y también en Portugal, Francia y en muchos países de América.

Sí, amigos, a primera vista cuesta comprender la inmutable, la fría reacción del empresario y  promotor de espectáculos en Barcelona, pues al margen del volumen y rendimiento de sus negocios, le tuvo que haber dolido le clausuraran su plaza durante varias temporadas.

El Tribunal sabemos se debe a la recta interpretación y aplicación de la Constitución, y poco más podemos hacer hoy que constatar el fracaso de quienes aseguraban que la Ley del Parlament era epitafio de la tauromaquia en Cataluña.

Ahora lo que preocupa es "el silencio Balañá", un callar que puede que esté asentado en razones que se nos escapen y hasta lo hagan comprensible, pero barrunto se trata de uno de esos non comment que cuando se rompa nos quedaremos perplejos.

Pero...sigamos.

Una primera aproximación, a ese silencio deliberado, nos podría llevar a considerar que el señor Balañá  no afirma ni niega nada de aquello que espera y  desea la afición taurina.

Si es verdad, y no lo pongo en duda, que La Monumental está lista para abrir en cualquier momento el portón de los sustos, estaríamos ante un indicio, quizá irrefutable, de que existe la voluntad interna de correr toros.     

Otra conjetura con la que podemos especular es la de no perder de vista que los actos prohibitivos de ayer puedan seguir produciendo efectos hoy.

¿Quién, cómo, cuándo y cuánto habrá que indemnizar al titular de la plaza por las pérdidas acumuladas por lucro cesante, daño emergente y  pretium doloris?  ¿Y en qué medida se le habrá perjudicado la cartera de "clientes" (entiéndase aficionados) desalentados por un cierre tan prolongado?

Al entrar en juego elementos materiales e inmateriales, posiblemente de compleja valoración económica pericial, no se debiera olvidar que los hombres de negocios ajustan las decisiones a la conjunción de momentos, estrategias y asesoramientos.

Los toros proporcionan emoción en la plaza pero requieren de cálculo en los despachos. Este, por lo que se intuye, lo es de despacho y de puertas adentro.

Los actos que nos han traído hasta aquí tienen inspiradores, instigadores, autores y hasta palmeros.... y está claro que han ocasionado perdidas a mucha gente, no sólo en La Monumental.

Personalmente no dudo que la familia Balañá está bien calzada para terminar de recorrer el tortuoso camino que le trazaron, y no teme ni tiene a esta alturas peligro invencible.

No creo que  los que han dedicado gran parte de su vida a los espectáculos taurinos vayan  a tirar la toalla amedrentados por las amenazas del mantenimiento del cierre taurico (ahora incluso por encima de la sentencia). Sería infantil impresionarse  por lo que son sólo   bravuconadas. En un Estado de derecho nadie está por encima de una sentencia definitiva  y firme.

Las actividades curten a los hombres y mujeres: marinos, mineros, cirujanos,  empresarios taurinos..., quehaceres a los que la brega imprime  la dignidad del esfuerzo en vencer dificultades. Sin embargo prohibir a tontas y a locas cuesta poco. Lo que es arduo es crear y mantener una plaza de toros desde 1914 en perfecto estado de revista.

Una de los documentales que más me ha impresionado es el titulado EL GRAN SILENCIO, de Philip Groning. Este director de cine alemán consiguió autorización para introducir su cámara en el monasterio cartujo de los Alpes y filmar la vida de los monjes que, como ustedes saben, tienen por regla  "ora et labora".

En la "peli" la cámara es nuestra vista y nuestro oído. Y todo lo comprendemos a través de las imágenes. Hay un momento en el que los monjes comparten un recreo extraordinario en el que pueden hablar y ¡oh, sorpresa!, casi no se dicen nada, pero lo poco que hablan está pleno de sentido.

A mí me gustaría ver ahora un reportaje que mostrara el estado en que se encuentra La Monumental, en reposo, con sus huevos dalinianos en lo alto. La Monumental sin clarines, timbales, relinchos de caballos, bramidos de toros... ni  ¡OLÉS!, esas olas que rolan empujadas por la emoción y la belleza.

El señor Balañá es el único dueño de ese gran silencio.

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