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Casi hemos dejado el invierno atrás y sentimos deseos de volver a salir a caminar por el campo. El frío, la niebla, el viento... y no faltó la nieve, nos retuvieron en casa los fines de semana.
José Luis Rodríguez - 26/03/2018

Casi hemos dejado el invierno atrás y sentimos deseos de volver a salir a caminar por el campo. El frío, la niebla, el viento... y no faltó la nieve, nos retuvieron en casa los fines de semana. Yo ya rompí, la semana pasada, con el sedentarismo, y me fui andando hasta los humedales de Rufea (Lleida), un paraje con balsas rodeadas de espesa vegetación que es dormitorio de aves, especialmente de las que por aquí llamamos picabous (garcillas bueyeras).

Noté, como era de prever, una cierta falta de entrenamiento. Especialmente a la vuelta, cuando ya llevaba unos 8 km., las “bisagras”, especialmente las rodillas, acusaban la falta de entreno, pero cumplieron y me alegré.

La corta salida me permitió observar el estado de la naturaleza, ampliar la mirada en campo abierto, lo que siempre es un gozo para el urbanita, preso entre paredes, calles, edificios, lugares sin horizonte en los que poder ver cómo la tierra y cielo se besan.

Paso a paso fui observando y oyendo lo que vive a nuestro alrededor. A modo de apunte lo pondré aquí.

Me llamaron la atención los sembrados de trigo, tienen en este momento de su ciclo un verde intenso, crece apretado, sin calvas, como le hubiera gustado, pienso, pintarlos a Vicent Van Gogh. Los asocié a la paleta del artista no solo por el recuerdo de sus lienzos, sino porque la víspera había estado viendo la película LOVING VINCENT, dirigida por Dorotea Kobiela Hug Welchman. Obra que nos demuestra que la pantalla puede ser el caballete de tan  hipersensible artista.

A mi paso, desde las charcas junto al río, levantan enérgicamente el vuelo de los patos azulones. Abundan las ánades por estos parajes solitarios y conviven con ellas las gaviotas que desde el Mediterráneo remontan el río, los cormoranes, las raudas pollitas de agua, garza real... Las cigüeñas son tan numerosas que si se reúnen en alguna haza de tierra, desde lejos  se confunden con un rebaño de ovejas.

Las higueras silvestres, junto a las cañaveras, en esta época tienen más de arbusto que de árbol por su enmarañado ramaje que contrasta con el de las esbeltas cañas, en las que ya se advierte  les asciende la savia por debajo de la camisa pajiza, restos de hojarasca que las abrigó.

Los escasos y desperdigados alisos cuando barrunta la primavera atraen a los verdecillos, y no les falta a estos solitarios árboles su trino, que describió la escritora.......como el sonido del  sofrito. Me detengo en silencio bajo la desnuda copa de uno de ellos intentando ver a los diminutos solistas y, después de un rato de mirar atentamente, adivino a la avecilla de plumaje verdoso-amarillo en un hueco contra el azul.

Una extensa plantación de melocotoneros está principiando a abrir en rosa cristalino sus flores, asidas a los retorcidos palitroques  desnudos y, un poco más allá de estos jornales frutícolas, veo el milagro de un almendro florido al que no le llega el riego por goteo, voy hacia él y me detengo prudencialmente, las abejas están entregadas a la tarea de libar sus níveas flores que se van desprendiendo de los pétalos como si fueran copos.

Dos presumidas y altivas urracas me miran desde un ralo alfalfar donde estaban picoteando posiblemente lombrices...

Y sigo andando advirtiendo que murieron algunos árboles que festoneaban el camino. Lo lamento, en verano los echaremos en falta.

En la margen derecha de la traza que sigo, que es la de los cultivos, quedan maltrechos unos chopos de troncos vetustos. Son árboles alzados en los ribazos que quizá esperen para morir ver llegar a Godot. Me aproximo a uno de esos árboles que los romanos llamaban populos nigra, porque daban cobijo al pueblo, y compruebo son como erosionadas columnas de catedral.

Paso la mano sobre sus abruptas y heridas cortezas y les prometo volveré a verlos para comprobar cómo llenarán de hojas sus cúpulas

Ya de regreso se levanta un airecillo desapacible, todo me hace presentir que el invierno se bate en retirada, que es lo que desean por esta zona los fruticultores.

 

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