inicio
José Luis Rodríguez - 07/10/2016

Uno ha leído algo sobre toros, toreros, plazas, aficionados, críticos... Y hasta ha buceado una chispa en la evolución de la lidia y en la significación que se le ha dado a la fuerza genésica del toro, poderoso animal capaz de llevárselo todo por delante.

La historia del toreo nos ilustra que el juego con este bravo animal, usufructuado publicitaria- mente  en tiempos modernos por Osborne, arranca con el uro en la noche de los tiempos.

Al  cornúpeta, abochornado  o en vacada, lo contemplamos  bien trazado sobre las ásperas paredes  de las cavernas; también esculpido en moles de granito, perfilado delicadamente en vasijas clásicas; tallado en maderas nobles, fundido en bronce... En fin, convertido en icono transversal de todos los tiempos y, por tanto, constituido en símbolo. Y observamos que junto al arrebatado ímpetu de tan bravo animal está el hombre que lo burla, domina y lo vence en un juego arriesgado, tanto, que solo uno del palenque saldrá con vida. Sí, una danza de vida y de muerte, intensa, bella y admirada.

Hemos aprendido en los códices que correr delante del toro nos lleva hasta el goce del toro nupcial medieval, a la demostración del varonil vigor, de la habilidad y del  mérito necesarios para merecer ser novio de alguna moza del lugar en el que se sueltan y corren los toros. Y hasta hemos leído que las suelas de esparto de las alpargatas ameradas en sangre de toro eran más duraderas, sin duda una deformación  del mérito de aproximar las prendas del vestido al animal y poder demostrarlo.

Y hasta puede que sea verdad que cuando los machos reburdean en el silencio de la noche es porque  presienten que algo malo va a suceder. En torno al toro se tejen misterios, supersticiones…

Después  de  tantos siglos llovidos persiste en nuestros días el popular afán de ser alguien con los riñones encunados en las astas. Ese raro desafío de meterse entre dos alfanjes buidos  para librarse, precisamente, de la cornada mortal.

Puede que  estemos ante una antiquísima sin razón de esas que solo entiende la pasión. Un desprecio, quizá, por la vida para ganarla que ya se documenta como arte a finales del s.XVII, en que el  diestro  comenzó a auxiliarse de una pañosa para adornarse y poder dar mulé al toro, y, a la chita callando, ir descabalgando a la nobleza, bien pertrechada de lanzas y ayudada por  espoliques  para poder seguir siendo heroica ante las gentes.

Justas y torneos, entrenamientos esencialmente guerreros tuvieron en el toro la continuidad de "las batallas" y la admiración del pueblo por la parafernalia de los desfiles y despejos de las plazas, a las que llegaban las sacas de animales conducidos hasta el interior de las ciudades. Cervantes nos dejó muy bien descrita aquella  estampa aguardando Don  Quijote  el  paso de la manada de toros hacia la plaza de algún pueblo, en la que resultó arrollado y maltrecho.

Sí, uno ha leído sobre la apasionante relación del hombre con el toro y en museos ha verificado la realidad de ese histórico lazo. Un nudo que se ciñe en las dehesas y que manejan artesanalmente los mayorales, vaqueros, pastores, mozos... Hombres que han heredado saberes de abolengo y hablan del toro, de los pastos, de la tierra y el tiempo con un lenguaje propio, ahormado   a los quehaceres del sudor de la ganadería de casta; allá en la soledad del campo en la que el toro es el rey,  dominio que vemos quiere imponer al salir por la puerta de chiqueros.

Pienso todo esto cuando ya presiento el runrún de las  grandes corridas, ahora,  cuando estamos a un tris de que termine la temporada taurina 2016 y Zaragoza se dispone a ponerle el colofón.

Estoy  ilusionado por ver a Alejandro Talavante el día 15 en La Misericordía, plaza de 1ª, seria, amable y justa en la que se valora el buen toreo y por ello merece reses entipadas que hagan único el rito-espectáculo de la tauromaquia.

Y también espero, deseo,  ver a Talavante como en aquella inolvidable  fecha en que se sintió torero y lo hizo sentir al público. ¡Qué maravilla! Modelando la telúrica fuerza del toro Esparraguero con las telas como si fueran palillos de boj de escultor. No lo olvido y  quedó escrito en el Burladero de 29/12/2015.

Los aficionados somos ricos en la esperanza de contemplar, otra vez, el canon de creatividad, de ensimismamiento, de rosas sin espinas…

.... y es que lo nuestro viene de atrás, de muy atrás y no tiene remedio.

            

  

  Votar:  
Resultado: 4,7 puntos4,7 puntos4,7 puntos4,7 puntos4,7 puntos   6 Votos

Próximos eventosmás eventos
Desde Hasta
© Gestor de contenidos Gestor de contenidos HagaClic

Email: redaccion@burladero.tv Tel. Redacción: 911 412 917 ext. 1
Email: administracion@burladero.tv Tel. Administración: 911 412 917 ext.2 Fax: 91 141 21 33
Publicidad: publicidad@burladero.tv


Prohibida la reproducción y utilización, total o parcial, de los contenidos en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización,
incluyendo su mera reproducción y/o puesta a disposición con fines comerciales, directa o indirectamente lucrativos.