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28/07/2017

Hace mucho calor. Llevamos días rondando los 40 grados a la sombra.

A mí todavía me quedael ardiente recuerdo  de la luz batiendo las gradasa la solana de la plaza de Las Ventas, el día de la corrida de la Beneficencia, en que estuve allí junto a un grupode muchachos que me dijeron que habían pagado menos  para verla porque eran jóvenes,  y entre toro y toro se entretenían descascarillando pipas saladas de girasol invitándome a tomar cerveza. Ellos se sentían alegres bajo aquel prematuro ferragosto que desde atrás venía arreando sin piedad.

Posiblemente por efecto de la elevada temperatura y en medio de aquella animada panda con la que me tocó ver la corrida,  se me ocurrió pensar si alguien habría intentado en alguna ocasión añadirjazza la canónica forma dela tauromaquia. Si algún promotor habría tenido la osadía de cambiarla música española oflamenca por un fondo o cortina rítmica  deun buen conjunto u orquesta,que amenizara el festejo con swing.

Alguna ventaja tenía que tener que se le cueza a uno el cerebro, a pesar de llevar cubierta la testa para la ocasión con un flamantejipijapapara ver uno de los carteles más emblemáticos de la temporada, tanto que  agotó las entradas, y…¡oh dioses táuricos! no resultó lo que se esperaba.

Así que sigo con lo del ritmo.

Una corrida nocturna, con luna, en verano y con un buen grupo de jazz, formadopor músicos de los que improvisan según su personalidad y sintonizan con el ambiente que les rodea,  ¿no creen podría resultar una experiencia novedosa e interesante?

Uno de aquellos chicos me dijo, como quien se quita una mota del ala del sombrero, que el próximo curso se iba a estudiar a la Universidad de Oxford. Le dije que eso estaba muy bien y, como yo iba pensando en lo mío -que ahora ya es de ustedes- le pregunté si le gustaba el jazz y me contestó que le encantaba.

Que nadie se escandalice, porque entre el jazz y la tauromaquia existen puntos de conexión. El toreo de a pie fue una conquista del pueblo llano y aquelde humildes comunidades negras hasta alcanzar el honor de ser reconocido tesoro nacional norteamericano.

¿O no han visto ustedes verónicas desmayadas que son, sin que nadie se atreva a discutirlo,  puro sentimiento deblues?

Si el flamenco se acopla a los toros ¿no es acaso por el duende del “cantaor” ¿Y el de un saxofonista a una gaonera de José Tomás como le sentaría? Hoy es un misterio, Tomás, claro. 

El toreo por su dilatado recorrido temporal ha penetrado en las artes con la pátina de oro de los grandes creadores; el jazz, sin alcanzar dos siglos de ida, pronto dejó de ser “música primitiva” para ser afroamericana, escuchada y aplaudida en todo el mundo.

En la tauromaquia teniéndolo todo tan ritualizado, tan ensayado (toreo de salón), comprobamos que es el  pellizco, el sentimiento del torero lo que nos pinza el alma, lo mismo que sucede cuando el músico improvisa y nos transmite su íntimoswing.

Son infinitas las posibilidades de la música que pueden enriquecer el fondo o acompañamiento del llamado espectáculo taurino, aunque sabemos que es algo más.

Lo raro de mi “insolación” es que vislumbré que el toreo y el jazznacen de abajo, surgen ambos de raíz profunda y sería  impactante atreverse a poner música negra  en la primera plaza del mundo. Hemingway se atrevió a poner su acento, su estilo en la literatura taurina y tuvo éxito.

Sea valiente la empresa, ponga entusiasmo, hay que innovar. Las artes con orígenes populares nunca desentonan entre sí. Se hermanan. Si perduran es porque tienen personalidad,autenticidad y al toreo y  aljazzno les falta.

Parece que ya me llega el sonido de la trompeta de Louis Armstrong en Saint Louis Blues, lo oigo después de una serie ligada del joven diestro Ginés Marín…¿Desvarío?

Al llegar a casa me pusieron una bolsa de agua helada en la cabeza, me dijeron que había sufrido una insolación.

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