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José Luis Rodríguez - 08/05/2017

Las pocas veces que estuve en París me llamaron la atención, entre las cosas animadas e inanimadas, los cuervos. Esas misteriosas aves capitalinas que sobrevuelan la urbe y cuando  deciden posarse  lo hacen con porte soberbio, no como las gregarias y humildes  palomas esperando cualquier grano de algo.

A los cuervos los vi en las altas cornisas y desde allí lanzarse al vacío aparentando ser más que cornejas...,queriendo ser águilas imperiales, para ya en el suelo comportarse como vulgares oportunistas que hurtan un trozo de bocadillo al turista despistado, mientras hace cola  para entrar en el Museo del Louvre.

Y también los observé junto al Sena, en aquel rincón de cielo inocente donde se concentra gran parte de la  turbulenta historia de Francia: Los  alrededores de  La Conciergerie, sin poder evitar imaginar que aquellos córvidos eran los descendientes de los que se alimentaron de los despojos de los guillotinados en la Revolución Francesa.

Pájaro tenebroso capaz de hablar. Nadie olvida al que decía "nunca más"e inspiró a Edagard Allan Poe el poema narrativo.

Ahora el cuervo con su plumaje  acharolado, como dispuesto para asistir a cualquier funeral ha devenido en pícaro descuidero. Grazna con voz rota como si imitara a Louis Armstrong y nos mira con ojitos de onix. Ojos que no olvidan lo que ven.

El cuervo sabe sacar provecho del esfuerzo de quienes laboran honradamente a su alrededor. Su "filosofía" (se les puede aplicar este concepto en la medida que dispone de habilidades) consiste en poner en primer lugar su egoísta interés de oportunista.

Se me ocurre que de alguna manera es lo que están haciendo, respecto de la creación artística y sentimental de Walt Disney, los animalistas, agrupados en diversas organizaciones de influyentes siglas.

Entes que no terminamos de conocer en sus verdaderos objetivos y que  han protagonizado gran número de acontecimientos con incidencia en la vida de las gentes, y que se hallan estructuradas para difundir y manipular los sentimientos que generan la peliculera bondad de los animales que actúan,  sienten y hasta piensan como si fueran humanos, e incluso les atribuyen cualidades morales superiores.

La última "hazaña" de los animalistas de la que tengo noticia es reciente. Se han valido, con auxilio de sofisticada técnica publicitaria, de la "corrida de un dinosaurio", logrando un éxito viral que, según veo en Internet y leo, ha creado la agencia de publicidad BETC para la asociación antitaurina francesa FLAC.

Como es sabido los toros en el sur de  Francia se han afianzado y los han protegido legalmente  antes que nosotros. Por lo que ahora "los cuervos" revolotean y afilan sus picos a la espera de la muerte de los toros. Es su gran objetivo.

Las imágenes del dinosaurio han sido vistas ya por varios millones de seres humanos y pretenden puedan hacer mella en el futuro Presidente/a de Francia.

Nótese que los animalistas, respecto de la tauromaquia, actúan como consumados oportunistas. Se aprovechan del ingenio y genio de Walt Disney; de la bobaliconería de los incautos; del trucaje de una corrida y del momento político francés en el que los votos son necesarios para alcanzar el poder. De todo ello ya tenemos algo de experiencia en España

Ya ven porque me acordé de los cuervos.

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