inicio
"Mi padre estuvo destinado en Rota. Eso fue cuando los años del hambre. Yo no tenía más allá de unos 5 años..."
José Luis Rodriguez García - 22/10/2017

Mi padre estuvo destinado en Rota. Eso fue cuando los años del hambre. Yo no tenía más allá de unos 5 años. A veces me pregunto cómo siendo tan niño se me pudo grabar tan adentro aquel pueblo marinero, andaluz, al que no he vuelto.

Hace unos poco años, con ocasión de uno de los Congresos de la Abogacía Española, que se celebró en Cádiz, sentí la necesidad de saltarme una sesión y acercarme solo hasta el puerto a contemplar la bahía. Esa ancha y luminosa bahía que alcanza o termina casi en Rota y en la que siempre hay un barquito velero al que aprendí a cantar con mi media lengua y moviendo la mandíbula inferior:

-"En la bahía de Cádiz hay un barquito velero... "

(¿Quién sabe cómo continúa esa canción?).

A mi sólo me queda ese pecio del naufragio de los años. Me agradaría salvarlo.

Allí,  en el puerto, oyendo el blando chapoteo, que es el último murmullo con el que mueren las olas besando el hormigón del muelle, me vino a la  memoria aquel día en el que con mi padre embarcamos en Rota y navegamos hasta Cádiz, hasta este puerto en el que tenía puestos los pies para efectuar  una gran compra: Una máquina de coser marca ALFA y que nos trajimos de regreso en el mismo barco, muy bien embalada.  ¡Menuda alegría la de poder disponer de aquel armatoste!

Al llegar a Rota la desembarcaron con gran cuidado y un mozo de cuerda, en el mismo muelle, la cargó en un carro que fue empujando por las las calles hasta el portal de mi casa y, con la ayuda de mi padre, la subieron por una escalera empinada y angosta hasta la vivienda. Costó lo suyo ascenderla.

La entrada de la máquina fue un acontecimiento.

Pronto me percaté de que aquel artefacto una vez desembalado, con su tapa de madera barnizada tenía un aire de urna. Por un lado nos disminuía el espacio y por otro lo dotaba de un aire productivo.

¡Anda, que no cosieron poco mi madre y mi hermana mayor en aquella máquina!

A mi gustaba verlas sentadas, apoyados los antebrazos, concentradas en la aguja que subía y bajaba a gran velocidad, moviendo los dedos con los que deslizaban la ropa mientras con los pies impulsaban el pedal y giraba la rueda grande, la chiquita y hasta el canutillo.

Sí, la máquina ALFA fue una extraordinaria compra que nos acompañó después en los sucesivos traslados por la península acarreada en aquellos trenes de madera, de carbonilla y botijo colgando por la ventanilla.

En aquel tiempo de tanta necesidad disponer de una máquina de coser era un lujo. Un lujo compartido pues fueron  muchas las vecinas a las que mi madre dejó coser sus telas o ella misma lo hacía.

-Doña Consuelo, que mi hijo Manuel va hacer la comunión y ha pasado hoy por mi calle el de las telas de "Sabadel" y le he comprado este corte a muy buen precio.

-Pasa, hija pasa,  y pon la ropa encima de la mesa del comedor y veremos qué se puede hacer.

Y allí acordaban cómo serían la falda, la blusa, los pantalones, si cortos, largos  o abombachados y la chaqueta si suelta o entallada...

-Cuando salga Manuel del colegio os venís los dos y tomamos  medidas.

Y así comenzaba uno de tantos favores de aquella era solidaria en la que la ayuda hacía el escaso pan más rico que el de hoy, aun siendo el de ahora de mejor harina.

El choop...choop.... del agua contra muelle me advertía que había mucha bahía hasta Rota. Y yo estaba en Cadiz y... con mi pensamiento en Rota.

Una Rota que me han contado que no es como en la que yo viví (sin norteamericanos, sin Base militar),en la década de los años 40, con un pescador que se llamaba Baltasar, que se cubría la cabeza con una boina descolorida, entre alquitrán y oxido; era palangrero y salía a la mar con mi hermano mayor a calar el palangre y volvían remando en una barquita de madera repintada cien veces con un cesto lleno de peces de colores  que aún se movían.

Había días en que la marea retiraba las olas hasta muy adentro y nos regalaba un inmenso arenal lleno de vida, encharcado, sin perder la frontera de las viñas y de los tordos  que se asomaban volando hasta la nueva linde de la tierra con el océano.

Baltasar era hombre de mar, siempre estaba en la barca o en el puerto, como las gaviotas.

Recuerdo también a Espino,  era campesino, vivía en un chozo, cultivaba un huerto y era dueño de un borrico  al  que le ponía unos serones grandes que casi rozaban el suelo. Un día a la semana se acercaba con el animal hasta el pueblo con verduras y frutas. Mis padres se hicieron amigos de Espino y yo pasé unos días en el chozo con su sobrino, un chico mayor que yo que cazaba pájaros con cepos y después una mujer los desplumaba, freía y nos los comíamos.

También había algún personaje peculiar. Un alemán (entonces decir alemán sonaba a importante) del que no se sabía casi nada. Vivía en un barco, hasta que una tempestad le destrozó la nave y en su interior perdió la vida. Al día siguiente del naufragio aparecieron ruedas nuevas de camión en la playa y todo el mundo decía que habían salido del barco del alemán, y mi padre dijo:

El mar lo ha descubierto.

Y yo pensé que como era tan misterioso sólo podía descubrirlo el mar.

Y allí fui a mi primer colegio. Lo regían unas monjitas. Tenían un patio lleno de plantas, con un aljibe en el centro, una tortuga y un camaleón con una cola larga. Me querían mucho, era dulces conmigo. Después en otros colegios y en otros sitios como no me querían tanto como en Rota yo tampoco les quise, y a alguno hasta lo llegue a odiar con la escasa fuerza de alumno.

A la hora de la merienda mi madre algunos días me daba pan con manteca "colora" y un día en la calle un chico me quitó la rebanada untada de las manos y a mi no me importó pues me dejaban jugar al toro.

Tengo que ir a Rota. ¿Después de tantos años y tanta vida vivida será  cómo lo siento ahora?

Me fui separando de la orilla artificial del mar al compás de choop... choop... para volver a las tareas del Congreso.

Han pasado unos pocos años y  sigo sin haber vuelto a Rota. Realmente ¿quiero volver o prefiero seguir en mi patria mágica?.

  Votar:  
Resultado: 5 puntos5 puntos5 puntos5 puntos5 puntos   11 Votos

Próximos eventosmás eventos
Desde Hasta
© Gestor de contenidos Gestor de contenidos HagaClic

Email: redaccion@burladero.tv Tel. Redacción: 911 412 917 ext. 1
Email: administracion@burladero.tv Tel. Administración: 911 412 917 ext.2 Fax: 91 141 21 33
Publicidad: publicidad@burladero.tv


Prohibida la reproducción y utilización, total o parcial, de los contenidos en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización,
incluyendo su mera reproducción y/o puesta a disposición con fines comerciales, directa o indirectamente lucrativos.