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Raquel Montero - 21/08/2015

Soñar, ese sueño que en las noches antes de torear se hace imposible, puesto que los nervios, el compromiso y el anhelo del triunfo, conjugado con los nervios haceimposible el descanso del torero. Cuantas noches en blanco enfrentándose a ese toro silencioso que irrumpe en la noche, que llega antes de que lo citen, antes de que quieran realizarle la faena soñada, pero que muestra la realidad de lo que van a vivir. Esa realidad que puede tornarse en triunfo o en decepción. Esos momentos viviría Emilio Huertas el pasado 18, y peor lo pasaría cuando tras vaciarse con su primer enemigo no pudo hacerlo con los otros dos ejemplares que estaban en chiqueros. Una oportunidad de torear en la plaza de Ciudad Real un mano a mano con su más directo rival en los ruedos, por ser paisanos. Pero ni Huertas ni Tendero pudieron lograr su objetivo, sí el de abrir la puerta grande, pero no el de la satisfacción de realizar su toreo.

A pesar de ello, sólo puede haber un triunfador en la Feria de la Virgen del Prado 2015, y ese no es otro que Emilio Huertas. Una joven promesa del toreo, que pasito a pasito se está abriendo hueco. Un hueco muy merecido, puesto que realiza un toreo muy puro, de gran verdad, enganchando a los toros desde adelante y llevándolos muy lejos. Alargando esa embestida, mandando en todo momento y pudiéndolos. Un toreo muy del gusto del aficionado. Sin desmerecer al resto de toreros actuantes, puesto que sin el enemigo adecuado no se puede conseguir el triunfo deseado.

Y si de los toreros pasamos a los subalternos de plata que decir de José Otero, que ha recibido la mención especial de la Feria por su buena actuación en la tarde del martes. Un detalle del jurado que sabe apreciar el trabajo bien hecho.

Buen juicio el que han tenido al dejar desierto el premio al toro más bravo, puesto que este año la bravura ha escaseado, se ha debido de quedar en las fincas o por el camino. Ni la ganadería de Torrealta, ni la de Torreherberos y Torrehandilla y menos aún la de Luis Albarrán han llevado un ejemplar completo, con esa bravura y casta que debe tener el toro.

Habrá que hacer un análisis de los puntos que han fallado este año para tratar de rectificarlos el próximo año, aunque hasta que el de negro no sale a la plaza no sé sabe lo que lleva dentro, puesto que en años anteriores si han respondido.

Debemos lanzar una lanza en favor de Maximino Pérez por organizar una feria como la que se ha celebrado, puesto que con tan poco tiempo consiga unos carteles como los que ha tenido Ciudad Real es digno de alabar su trabajo. Estaba claro que el cartel estrella era el del lunes con las figuras, puesto que Morante, Juli y Castella llenan, no se puede decir que hubo un lleno, pero una muy buena entrada sí que se pudo ver. No pasó lo mismo el segundo día, que fue el más flojo, tal vez por el hecho de televisarse y ser un mano a mano, que como suele decir el refrán, nadie es profeta en su tierra, y si son los toreros de nuestra tierra los que se deben abrir camino, ahí tenía que estar la afición para apoyarlos. Así está el toreo. La corrida de rejones volvió a la capital, con caballeros de nombre y allí estuvo su afición, puesto que cada uno tiene a sus seguidores.

Por lo tanto, el balance de la feria es positivo en cuanto a lo que se refiere a que todos los días se ha abierto la puerta grande. Eso no es reflejo de que el triunfo haya sido redondo. Quedarse con los matices que se guardan en la retina. Los lances de Morante y su pinturería toreando. El poderío del Juli en su primero. Aunque esa tarde la diferencia la marcara Sebastián Castella. Un toro puro, pisando unos terrenos muy comprometidos y arriesgando.

El segundo día falló el ingrediente principal, y como hemos dicho antes ni Fernando Tendero ni Emilio Huertas tuvieron enemigo, pero lograron arrancarle las orejas, muy merecidas ante lo que tenía delante.
El último día se vivió una tarde en el que la espectacularidad de Andy Cartagena llegó al tendido y el clasicismo en el toreo de Leonardo Hernández hicieron que salieran a hombros, por su parte Manzanares tan sólo pudo conseguir una oreja.

Antes de terminar no quiero olvidarme del gran capote que le echó la patrona de la ciudad, la Virgen del Prado, a Valentín Cuevas, que estuvo a punto de prenderlo tras salir de la cara del astado tras poner banderillas. Un quite que no olvidará.

Y para terminar quiero citar al poeta y dramaturgo alemán Johann W. Goethe que dijo: “Un gran sacrificio resulta fácil: los que resultan difíciles son los continuos pequeños sacrificios”.

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