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José Luis Rodríguez García - 20/12/2015

Escribo lejos de plazas de toros, dehesas y fuera de temporada; donde estoy no hay aficionados con los que poder recordar tardes de sol y lances.

A mí alrededor hay vida, gentes, comercio, intereses que se entrecruzan en el sempiterno afán de ganar más; presente duro y puro o como se suele apostillar: Es lo que hay.

Tal vez por esto me asalta la sensación de que una gran araña de patas largas me envuelve con finos hilos de diamante a mí trabajo. Kafka posiblemente participaría del mismo vislumbre. Mis cotizaciones de hoy garantizan la pensión del día de mañana. ¡Caramba, si tengo hasta el futuro precalculado!

Y echo en falta, en esta corta tarde de diciembre, en la que apunta el verde trigo en el secano, a alguien a quien contar lo ocurrido el 9/10/2011, en la Misericordia de Zaragoza, en la que salió de toriles Esparraguero, como una nube empujada por el huracán… de su bravura; jabonero, entipado, con más leche en su pinta que café, de la ganadería Nuñez del Cubillo.

Fue el burel que esperaba Talavante, de luces y con las de la inteligencia alumbrándole.  

Guardo en mi memoria aquella faena y no se me borra con el tiempo, ya más de 4 años.  

Talavante citaba al toro y éste se le arrancaba con pujanza, con ansia de ser toreado; los pitones perforando el aire y los belfos hacia la pañosa. Y el torero quieto, vertical (quien baila no torea), lo embarcaba idealmente ya en la distancia y lo llevaba hasta el remate con la cintura quebrada y el brazo suelto.

Fijeza de casta embragada a los oros del terno. Iba, venía y repetía la res por donde mandaba el espada, y éste, después de cada pase, más alegre y más creativo.

Aquello fue un torneado que desprendía virutas colores.

El público captó que Talavante se sentía torero. La emoción en aumento y a un tris de desbordar las telas. El animal pasaba ciñéndose a la taleguilla y la muleta lo burlaba con trazos goyescos, ya en la ceguera de su bravura.

Quedaron imágenes. Las he visto. Me consta que la crítica se hizo eco de la hondura, del ritmo, de la variedad. Pero en You Toube no aparece el sentimiento que es uno de los misterios del toreo.

Cuando quien lidia siente que es TORERO, no sólo crea bellas y  arriesgadas imágenes, transmite su sentimiento, el dominio con el que logra la ilusión de hacer sentirse toreros a los aficionados. ¿Cómo se filma lo inaprensible?

Caros lectores, les puedo asegurar que me olvidé de la araña y de sus hilos.

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