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Paco March - 14/02/2017

Decir que Salvador Boix es un apoderado atípico se queda corto. Músico (toca la flauta, la mandolina y también- traducido del catalán- "aquello que no suena"); compositor de un pasodoble con aires de tarantela a Finito de Córdoba tras indultar Juan Serrano un toro en la Monumental; escritor ("Por los adentros", "Reflexiones sobre José Tomás", "Toros sí"); crítico taurino en diferentes medios, incluida Radio Euskadi a finales de los 90 ¡qué tiempos compartidos aquellos ¿eh Salvador?!...y apoderado ad hoc y en dos tiempos de José Tomás.

Un apoderado que, para hablar de contrataciones, cita a los empresarios en el Café Gijón.

Boix, además, es catalán, de Banyolas concretamente. Otra rareza. De Banyolas a Barcelona bajaba, en compañía de la familia (abuelo, padre, tíos, hermano…) el niño Salvador a ver los toros, cuando en Barcelona había toros, claro. Y, persona sensible como es, donde otros sólo ven sangre él (como tantos) vio arte; donde crueldad, desafío; donde muerte, vida. Y se hizo aficionado.

Eso, lo de ser aficionado a los toros, es una rareza que Salvador comparte con otros, muchos o pocos según quien los cuente. Una minoría cultural si se quiere, pero, como tal, con su derecho constitucional a ser protegida y no hostigada, insultada, perseguida y, finalmente, prohibida. Tal que ahora sucede, en Cataluña con especial saña.

Al Parlament fue Boix ( también, entre otros,  Joselito, Esplá, Serafín y hasta Balañá, aunque este sólo para hablar de lo suyo, la pela) cuando los previos a la prohibición , y les explicó a sus graciosas señorías que la catalanidad también se entiende desde la afición taurina. Y viceversa. Pero, ya saben, luego pasó lo que pasó.

Cinco años  a la espera de un fallo del Constitucional - ¡mañana sale, mañana sale! y nunca salía- hasta que, por fin, la buena nueva: las corridas de toros pueden volver a Cataluña.

Ante ello, dos reacciones: los optimistas (ilusos, se ha demostrado) que ya imaginaban carteles para la Monumental y los otros , llámenles pesimistas, cenizos o realistas que no sólo ponían en duda el alcance del fallo del TC sino que alertaban de las consecuencias de intentar llevarlo hasta el final y  dar toros.

Mientras (más de tres meses), la Casa Balañá guardaba silencio, nada extraño por otra parte, tal es su norma. Un silencio que se interpretaba (con Balañá siempre hay que interpretar) como prudencia y tacticismo. Algunos también querían ver miedo en ello, pero rápidamente desechaban la idea. Al fin y al cabo si habíamos llegado hasta aquí, con  la Monumental en pie, en perfecto estado de revista y sin rendirse a cantos de sirena para convertirla en mezquita o vaya usted a saber qué, ya no venía de un poco más.

Pero todo fue la nada, tanto pa naa, y Balañá dijo que "de momento" lo de dar toros en la Monumental no se contempla.

La afición taurina catalana, modélica en su resistencia, entusiasta en su constante actividad, respetuosa siempre, se sintió traicionada y lo expresó de distinta manera, hubo incluso quien tiró de spray y decoró los muros y puertas de la Monumental diciéndole a Balañá lo que muchos piensan.

 Boix, menudo es, le ha cantado las cuarenta a Pedrito por correo, poniéndole ante el espejo de su propia memoria familiar y restregándole el origen de su imperio. Boix aparca lo de apoderado (de José Tomás, ahí es nada) y, como catalán y aficionado, echa en cara  al tercer eslabón de la saga su traición taurina.

Boix ha cogido su fusil de palabras para disparar al corazón de la tiniebla.

 

Uina vergonya, Pedrito.

 De què tens por? Que t’han amenaçat, potser? Qui? On? Que t’han dit que si ho intentaves t’inspeccionarien els comptes corrents i les butaques dels cines i t’has espantat? Potser hauries d’explicar-ho si ha estat així. Però no ho faràs, i encara menys donaràs la cara, perquè tens por i et manca valor. Sempre t’has amagat en lloc de reaccionar com un valent, com un home amb memòria i dignitat. T’acolloneixes i et mires la cartera fins traïr la teva propia història i la de la gent que t’ha respectat i que t’ha fet ric.

Segur que ja fa temps que ho tenies tot ben lligat i pactat amb els poderosos com tu, amb molta moneda pel mig, ordint en secret l’últim saqueig a la tauromàquia de forma abjecta i covarda. La història ho desvetllarà i si hi sóc, t’ho recordaré.

Els pobres aficionats que havien confiat en la vostra dignitat i valentia per a liderar l’intent – al menys l’intent- de resurrecció, ara estan desolats i, sobretot, emprenyats. Ens heu enganyat; heu comès una estafa moral i històrica; heu traït la bona fe de molta gent que confiava que retornarieu al toreig una mica del que el toreig us ha donat al llarg de l’últim segle. Només havieu de posar fil a l’agulla de l’intent. Tant sols l’intent ja us hagués redimit, Pedrito. Però ni això heu volgut fer. La història escriurà que en Balañá va ser un pusil·ànime sense el coratge necessari per recuperar el toreig a Barcelona, ni amb les lleis al costat. No hauries de poder dormir tranquil, Pedrito. Jo no podria.

L’afició està molt decebuda i enfadada. Il·lusos, els aficionats confiaven que els farieu costat: el pobre Gibert que s’hi va deixar la salut; i en Josa; i tants altres que van lluitar per a restablir la nostra dignitat arrebassada el 2010 no es mereixen aquesta traició de part vostra.

Tu, el teu pare i el teu avi heu vist córrer la sang dels valents a l’arena de la Monumental al llarg de cent anys i a costa seva ara sou fastigosament rics.

Però no se os ha pegado nada. Quina mala sort!

Heu demostrat ser uns covards, indignes de la fortuna que heu guanyat esprement les femorals dels toreros i les il·lusions de la gent.

No hi ha dret, Pedrito. No hi ha dret.

Salvador.

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