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Paco March - 21/10/2016

¿Qué prohibimos cuando prohibimos los toros?. Esa pregunta, nada retórica, se hacía Víctor.J.Vázquez, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla, en una de las ponencias del Congreso que, bajo el título "Fundamentos y renovación de la Fiesta ", se celebró en la Real Maestranza de la capital andaluza en septiembre de 2010, apenas dos meses después de la prohibición taurina catalana. Y, entre otras muchas reflexiones de gran calado, sustentadas en conceptos éticos y jurídicos, decía: "Al margen del debate competencial sobre el que presumiblemente se juzgará la constitucionalidad de esta decisión legislativa, sinceramente, no creo que un  concepto como el de moralidad pública deba expandirse sobre aspectos fundamentales de la libertad de las personas". Concluía: "Creo que es importante recordar que, si bien debemos aceptar que en una democracia las mayorías parlamentarias puedan limitar ciertas facetas del comportamiento humano, esto no puede impedirnos ver y denunciar cuándo las mayorías parlamentarias se han manchado las manos con la libertad de los demás".

Pues bien, seis años después de que sus graciosas señorías se mancharan las manos apretando el botón rojo de la prohibición, ha llegado el día (vía Tribunal Constitucional) de la restitución de un derecho negado, de una libertad arrebatada.

Es momento de celebración (la libertad siempre debe ser celebrada) y mirar al futuro. Nadie nos puede devolver las tardes de toros que no han sido, pero sí queda luchar por las que puedan ser. Hemos batallado (algunos cayendo por el camino, gracias Gibert), venciendo reticencias y sumando apoyos, contra la manipulación, el silencio y la mentira y ahora el escenario es otro, tanto a nivel de Cataluña como del Estado español.

En Cataluña, la victoria moral no hay quien nos la quite y por eso, los otros,  ladran su ira. Pero no basta, no debería bastar. Nadie duda que el objetivo primero y final ha sido, es, reabrir la Monumental al toreo. Sus propietarios, la casa Balañá, siguiendo su habitual proceder, han guardado silencio en todo este largo proceso y en él siguen. Cierto es que quién más quién menos agradecería alguna señal de su parte, pero es entendible e incluso justificado, vista la virulencia de las reacciones político-mediáticas, primero ante el rumor y después con la confirmación del fallo. No se escapa, como pista positiva, el perfecto estado de revista (con obras de mantenimiento continuadas)  en el que, desde el primer día después de la última tarde, se encuentra el inmueble, con un piso de plaza (el ruedo, o sea) que para sí quisieran muchos cosos en activo. La impaciencia no suele concluir en éxito del envite y, por eso, tiempo habrá para que quien, atendiendo a sus derecho como propietario y al que la Ley le confiere, decida (o no) abrir la plaza al toreo.

Contra ese derecho, ya han alzado su voz quienes ostentan el poder político y mediático, que, desgraciadamente ( y en casos como éste se demuestra hasta la náusea)  van de la mano. Desobediencia es su lema y a partir de ahí construyen su discurso en el que democracia, derechos y superioridad moral es el argumento, eso sí, sostenido sobre un mantra repetitivo e inconsistente. Ello son los demócratas, ello quienes luchan por la libertad, ellos los capaces de sentir, ellos los catalanes de pro...Y el resto (los taurinos, así, por extensión) merecedores de expulsión de su país de bondades, que serán ya celestiales alcanzado el sueño (¡qué pesadilla!) de la independencia. Apropiándose (es lo suyo, lo de apropiación, digo) del pensamiento marxista sector Groucho: "Estos sin mis principios, si no les gustan tengo otros ", ya anuncian leyes alternativas a la ahora derogada y por eso , el día antes de que el TC hablara, se reunieron en sede parlamentaria el ínclito Anselmi y sus muchachos y muchachas (reforzados por parlamentarios europeos, sector anti) y representantes de grupos políticos, salvo PP y Ciudadanos. Ellos, los que tanto hablan del lobby taurino (si existe, por favor, manifiéstese) haciendo alarde de su poderoso influjo, su capacidad de persuasión, esa que se refleja en las fotografías de risas y compadreo (aunque algo nerviosillos se les nota, la verdad sea dicha).

Si en Cataluña (el lugar de autos, no se olvide) así están la cosas ( al menos, a juicio  de quien firma) , en España, en lo taurino, la buena noticia, la principal consecuencia, del fallo del Alto Tribunal es que, a partir de él, se ponen barreras a cualquier delirio prohibicionista, con Baleares en el pensamiento de todos. Otra cosa será que, como parece ocurrirá en Cataluña, diseñen nuevas estrategias y leyes a su medida.

Pero, volviendo al título. Se trataba, se trata, es, una cuestión, una batalla por la libertad. Y esa, se pongan como se pongan,  la hemos ganado.

 

 

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